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Jueves, 13 de agosto de 2020. Última actualización: Hoy

Sostenibilidad y Competitividad

El martes 25 marzo, 2008 a las 7:26 am

Los empresarios de la Ley Páez que ahora se acogerán a las exenciones tributarias del régimen de Zonas Francas, siguen quejándose de la falta de competitividad de algunos servicios e infraestructura de las poblaciones nortecaucanas. Y es precisamente en este aspecto neurálgico en que las autoridades deben apuntar como retos gubernamentales que permitan a las ciudades su futura sostenibilidad y su competitividad.

La actividad de las poblaciones nortecaucanas es el resultado de complejas relaciones que la hacen viable, más o menos exitosa y productiva, y cualquier decisión municipal puede alterar las condiciones del entorno económico para potenciarlo o para restringirlo.

Las políticas públicas locales contribuyen sin lugar a dudas a definir la base económica de las ciudades porque esta depende en buen grado de las condiciones de productividad que operan en ellas. Así, los actuales mandatarios tienen en sus manos la responsabilidad de definir en los planes de desarrollo de manera inequívoca el perfil y la dinámica productiva de sus municipios con mayor agresividad con lo que permitirán un mejor posicionamiento de ofertas a nivel regional, nacional e internacional.

En esta venta de sus potencialidades los municipios como Puerto Tejada, Caloto, Guachené, Villarrica, Miranda y Santander de Quilichao, deben además de ofrecer los servicios industriales, comerciales y tradicionales, una infraestructura tecnológica apropiada y actualizada, un óptimo sistema de comunicaciones, recursos humanos más calificados y capacitados, en cuyos aspectos siguen habiendo ciertas deficiencias.

Por ejemplo, no se puede esperar un rápido crecimiento e instalación de nuevas inversiones con serias deficiencias en el sistema eléctrico con altos costos operativos, un suministro de agua no potable y deficiente, un caos en el servicio telefónico y sin la definición de un depósito final de residuos sólidos, sin lo cual entre otras notables falencias, se podría ofrecer un nivel de calidad de vida satisfactorio que atraiga al inversionista y mejore el bienestar de los pobladores.

La sostenibilidad de la economía local y regional y su competitividad también depende mucho de la superación de la vieja tara que considera pecaminosa y sospechosa la alianza entre lo público y lo privado, lo gubernamental y lo civil. Una buena y sana articulación entre estos sectores es lo que a la postre beneficia a las comunidades. Difícilmente nos podríamos imaginar unas poblaciones nortecaucanas, cuyas economías fueron modificadas por el fenómenos del monocultivo de la caña de azúcar y su industrialización, sin la subsistencia de las empresas que actualmente están produciendo y generando oportunidades de empleo y trabajo.

Cuando un municipio es pequeño, con dificultades financieras y fiscales como la mayoría de los nortecaucanos, lo mejor y quizá lo que más le conviene es meterse en el cuento de una mancomunidad o un consorcio que a manera de alianza estratégica le permita ganar capacidad institucional, acceso a la tecnología, a su crecimiento urbano y productivo, pues de lo contrario pasarán otros cincuenta años y no podrán adaptare a la globalización y el desarrollo de un mundo moderno. Las poblaciones seguirán con su aspecto tercermundista, con problemas absurdos e irónicos en los servicios básicos y una incompetitividad para afrontar recesiones económicas y fenómenos como un TLC.

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