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SOMOS EL RESULTADO DE NUESTRA MENTE…

El miércoles 22 agosto, 2018 a las 6:42 am

SOMOS EL RESULTADO DE NUESTRA MENTE…

SOMOS EL RESULTADO DE NUESTRA MENTE…

No de nuestros años.

«Deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá»: Harold McMillan

SOMOS EL RESULTADO DE NUESTRA MENTE…

Un día como hoy, el 22 de agosto de 1967, ¡preciso! cuando yo estaba cumpliendo mis primeros 15 años, el presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo, y su ministro de Obras Públicas, Bernardo Garcés Córdoba, autorizaban el abandono del ramal férreo de 22 kilómetros de longitud entre Timba y Santander de Quilichao porque, según lo consideraba el decreto 1555 de aquel día y año, su operación no tenía justificación económica.

Mejor dicho, hoy hace ya 51 años desapareció de Santander de Quilichao el ferrocarril que había servido por casi 40 años, pues había sido inaugurado a principios de 1927. Fue un romántico medio de transporte que recorría campos y veredas hasta llegar a las pintorescas estaciones para bajar y subir pasajeros, y para aprovisionarse de agua.

El ramal de Santander de Quilichao a Timba, que perteneció al Departamento del Cauca, era el camino más rápido, corto y barato para comunicarse con Cali y Buenaventura. Fue construido aprovechando el subsidio de $115.520 pesos-oro que le apropió en 1923 la ley que repartió la indemnización norteamericana por el daño de Panamá en el año de 1903.

SOMOS EL RESULTADO DE NUESTRA MENTE…

Ese 22 de agosto les autorizaron a los vecinos de Santander y de las regiones aledañas que la línea férrea fuera remplazada por un carreteable construido en la zona respectiva. Igualmente, el citado decreto facultó a los Ferrocarriles Nacionales de Colombia para que, cumplido el retiro de los rieles, entregara al Municipio el edificio o estación con sus respectivos terrenos, los cuales sólo podrían ser utilizados para locales de escuela o para oficinas públicas.

Claro que Quilichao también contaba en esas calendas con el puerto fluvial San Julián, sobre el río Cauca, que era navegable a vapor hasta Puerto Mallarino y Puerto Isaacs y de allí hasta La Virginia.

Otros hechos que ocurrieron un 22 de agosto, fecha de mi nacimiento, fueron, por ejemplo, la primera visita de un papa a Latinoamérica: en 1968 el papa Pablo VI llegó a Bogotá. El mismo día pero del año 2010, en Atacama, Chile, tras 17 días de búsqueda fueron encontrados con vida los 33 mineros atrapados en el yacimiento de San José. Alegría mundial.

Estos recuerdos son apenas una disculpa para decirles a mis amigos que debo ‘celebrar’ un año más de experiencias y vivencias acumuladas. Un día como hoy nací, vi el mundo y me quedé.

Es una buena excusa para reflexionar porque, como todo el mundo, he tenido momentos sublimes y tiempos de crisis. Pero en definitiva, para decirles, especialmente a mi familia, que por cada uno de los 2.081 millones de segundos que ya forman parte de mi pasado, estoy muy agradecido con cada uno. Mi palabra favorita hoy es: Gracias. ¿Qué mejor regalo que la vida misma disfrutándolos a ustedes?

Aunque he pasado por momentos difíciles, como dije, y no siempre la vida se ha desarrollado como a mí me hubiese gustado, resulta que la mente no envejece, el aprendizaje no pasa de moda, siempre es actual, es necesario y es sanador. Por eso, cada día es un proceso de creatividad que me permite vivir sin pensar en los años que me quedan para hacer las cosas. No miro el reloj.

Eso es para mí el cumpleaños, siempre festejado de la misma manera, sin protocolo, una celebración simple, casera y acompañada casi siempre de un pastel, o un dulce.

Me regocijo en mis cumpleaños de forma tranquila, sentado frente a mi procesador de texto, para seguir haciendo lo único que se hacer en esta vida, escribir, bueno, también sé hacer otras cositas, tengo más talentos, obvio.

Como pudieron deducir al comienzo de esta nota, entre las múltiples experiencias que me ha permitido el mundo emocional se encuentra el sentimiento de nostalgia. Un viaje imposible, pero añorado hacia nuestro pasado. El ferrocarril, las casas viejas, nuestros amigos veteranos y las calles empedradas, el teatro Paz, el Café Gloria, El Grillo, los solares quilichagueños y hasta las pilatunas que en gallada hacíamos a las salidas del colegio.

Cada vez que cumplo años me siento invadido por imágenes, resonancias, palabras y sensaciones del ayer. Y me doy cuenta de que no es un mero ejercicio de la memoria, ya que, acompañando esos trazos de vida vivida, aparecen vagas emociones que parecen instalarse definitivamente en nuestro interior. Pero no es un regreso sufriente, es vivaz, esperanzado.

Hoy disfruto del 66, pero no sé, me sigue llamando poderosamente la atención el 69. Chao… Y gracias a todos… ¡Y a todas!, como se dice ahora.

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Otros editoriales de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/editorial-alfonso-j-luna-geller/

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