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«SOMBRAS, NADA MÁS»

El domingo 19 noviembre, 2017 a las 4:19 pm

«… la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lánguida
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban».

Frag. Nocturno III

Sombras se me vienen a la cabeza: las de Silva en su famoso Nocturno III, las de Javier Solís y la de hoy en Proclama del colega escritor Rodrigo Valencia Quijano. Y las de siempre, las que caen encima en los ratos de amargura y se acurrucan en el rincón del alma. No hay día sin noche ni cara sin perfil ni bulto sin sombra. Eso es. La sombra es como si le cayera a uno un fardo con oscuro y sin hondo.

Qué lirismo el del bardo del Huila. Cómo dibuja esa contraluz de la blancura y de la silueta fina y lánguida de Ella y la de la propia calcada en la arena juntas sobre la misma senda. Qué contraste el que canta Solís* entre un amor y un desamar.»Y, sin embargo, tus ojos azules/azul que tienen el cielo y el mar/viven cerrados para mí/ sin ver que estoy aquí/perdido en mi soledad./Sombras nada más/ acariciando mis manos/sombras, nada más, en el temblor de mi voz/pude ser feliz y estoy en vida muriendo/y entre lágrimas viviendo/el pasaje más horrendo de este drama sin final/sombras nada más entre tu vida y mi vida/sombras nada más entre tu amor y mi amor./»

Qué trío de sombras completa el pintor poeta del Sur: «Eres tú, sombra, la que apareces con astros oscuros. No sé quién eres, el sabor del cielo no lo dice; no lo cuenta tampoco el frío del desierto, convocas una nube donde antes era el lugar del Paraíso».

Sí, las sombras son amigas de la luz, de las formas y de las alturas y abismos, de las caras y las nucas. Son el derecho, revés o contraluz de una misma moneda. Pareciera que la bola persiguiera o le huyera a su sombra: que buscara su descanso al pie de la estatua que brilla sobre el pedestal.

No hay nada más deseable en la mitad del día o en medio de un piquete al escampado: ir a refugiarse bajo un árbol frondoso con su sombra que cobija. Y la sombra es al medio día. No en una noche de brujas cuando celebran su aquelarre. En efecto, es una paradoja que la sombra ocurra cuando el sol está en su plena mitad.

Oh, la sombra oscura, oh, las sombras blancas, rosadas y azules de las esperanzas, las tristezas, la inquietud y el remanso. ¡Oh, la piel de cobre que nos cubre sobre la otra piel que descansa y sufre, que da calor y apacienta la fiebre! Cómo añoro la sombra que se fue y no vuelve, que vuela y sueña en la fantasía y abraza corazón y entraña. Es sombra, ¡nada más!

18-11-17                                            10:45 a.m.

*Javier Solís: https://www.letras.com/javier-solis/943882/

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