Jueves, 29 de septiembre de 2022. Última actualización: Hoy

Sobre “la mata que mata”

El miércoles 21 septiembre, 2022 a las 2:25 pm
Sobre “la mata que mata”

Sobre “la mata que mata”.

Por: Felipe Solarte Nates.

Después que en 1961, la ONU prohibió varias sustancias, sobre la declaratoria de la guerra a las drogas en el gobierno de Nixon, en 1971, hubo un trasfondo político.

Según estudiosos del tema, fue utilizada como excusa para criminalizar a quienes se oponían a la guerra del Vietnam, entre los que estaban: los hippies, viviendo en comunas bajo el lema “amor y paz” y rechazaban el servicio militar obligatorio, -tal como lo hizo el campeón mundial de pesos pesados, Mohamed Alí, quien prefirió pagar cárcel que ir a pelear a la jungla asiática-; junto a jóvenes universitarios apoyando también a comunidades negras en su lucha contra la segregación racial y por los derechos civiles, en momentos en que entre la juventud norteamericana tenía auge el uso recreativo de la marihuana y el LSD.

Desde entonces, las cárceles se llenaron de líderes rebeldes, jóvenes negros y “mulas” latinoamericanas, apresadas la mayoría con pequeñas dosis; mientras, tal como sucedió con la prohibición del alcohol en los tiempos de Al Capone, los grandes capos, además de armar sus bandas, en medio de lujos y fiestas, se dedicaron a comprar a jefes de policía, jueces, senadores, gobernadores y alcaldes, y a lavar sus dineros en empresas y bancos legales, tal como lo apreciamos en las tres películas de El Padrino; y como en Colombia, lo vivimos durante el auge del contrabando de cigarrillos y licores en los años 50 y 60, el cultivo de marihuana durante la llamada “bonanza marimbera”, en los años 70 y el surgimiento de los grandes carteles productores y exportadores de cocaína, a partir de los 80.

Cuando crecieron los cultivos de marihuana, la gigante Monsanto, vendió a los gobiernos mexicano y colombiano miles de toneladas de Paraquat, para fumigar los cultivos. Décadas después, en Colombia hicieron lo mismo con el Glifosato, obligándonos a comprarlo y pagarles la fumigación a los contratistas gringos, con millones de dólares que le habían prestado al gobierno.

“Eso fue como perfumar un bollo”, recordando la frase de un diputado antioqueño, y esa platica se perdió. Los daños ambientales quedaron hechos, pues mientras fumigaban en un sitio, los cultivos florecían en otras selvas lejanas o cercanas y hasta en las goteras de las ciudades, como sucede ahora, pues mientras la hoja de coca y su uso no sea regulado, así como hicieron con la marihuana, el que siga prohibida y tenga gran demanda nacional e internacional, las grandes ganancias seguirán atrayendo a miles de personas vinculadas a las distintas etapas del negocio ilegal y a toda la cadena de funcionarios públicos, integrantes de las Fuerzas Armadas y Policía, agro-empresarios, ganaderos, comerciantes, industriales, constructores y banqueros que reciben su tajada de la circulación de dineros provenientes del narcotráfico, la minería ilegal, extorsión y demás delitos que acaparan los diversos grupos armados (de izquierda, derecha y bandas criminales nacionales y extranjeras), que se han consolidado alrededor de la prohibición y economía subterránea.

Hizo bien el presidente Petro en cantarles la tabla en la ONU, para no seguir como borregos cumpliendo órdenes y aplicando políticas, que en vez de solucionar el problema lo agravan, y nos mantienen como el burro amarrado dándole vueltas al trapiche, mientras les compramos más armas y químicos a los gringos, dizque para erradicar “la mata que mata”, sagrada para los pueblos indígenas y alimento espiritual y físico, pues la coca tiene más calcio que la leche, sus hojas además de servir para preparar té y otras bebidas, sirve para producir harina con amplio uso alimenticio, sin olvidar su uso farmacológico y recreativo regulado para quien quiera comprarla.

Apunta bien este gobierno, buscando la desmovilización de todos los grupos armados ligados al narcotráfico y delitos varios, y en el exterior, buscando que los demás países, regulen el uso de sustancias sicotrópicas, que al prohibirlas se convierten en minas de oro para las mafias de todas las pelambres.

Lo que hicieron con la marihuana otros países y los gringos son el mejor ejemplo: mientras se nos adelantaron en el multimillonario negocio del cultivo y procesamiento de la marihuana para usos textil, medicinal y hasta alimenticio, en el país tardamos en regularla y seguimos persiguiéndola, al igual que la coca, que si se pudieran cultivarla en sus países hace rato la habían regulado.

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