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Sin tapujos, Andrés Palacio, ex viceministro laboral

El martes 13 enero, 2009 a las 8:10 pm
Por Daniel Mera

Desde Suecia, donde adelanta un doctorado en economía y demografía, en compañía de su esposa e hija, Andrés F. Palacio Chaverra, Viceministro de Relaciones Laborales entre junio de 2007 y octubre de 2008, respondió sin evasivas sobre el conflicto de los corteros de caña, la influencia del congresista afroamericano Gregory Meeks en su nombramiento, el peso del color en el mercado laboral, su futuro y sobre la reelección de Uribe, entre otros temas.

Hijo de Nohemí Chaverra, reputada como la primera mujer profesional (negra) que tuvo el Chocó, y de Francisco Palacios, ambos ingenieros químicos, Andrés estudió finanzas y relaciones internacionales en el Externado, en Bogotá, e hizo una maestría en desarrollo económico local en London School of Economics, en Londres. A su apellido le falta la s porque se la comieron en el registro civil.

Este hombre representa el comienzo del regreso de los chocoanos a los buenos tiempos de Adán Arriaga, Manuel Mosquera y Diego Luis Córdoba (años 40s a 60s), cuando tenían asiento en la dirigencia nacional, respetados y queridos. Como ellos, tiene «cultura dirigente». Y, gracias a la época que nos correspondió, es un negro privilegiado con un claro compromiso con la mayoría desfavorecida de nuestra población.

Daniel Mera: ¿Qué tal la combinación de sus nuevos roles de papá, esposo y estudiante?
Andrés Palacio:
Es la combinación ideal después de una larga soltería porque se tiene tiempo y espacio para generar bases sólidas de honestidad, tranquilidad y cariño de pareja y en familia. Sofía, mi hija, y Heidi Ledezma, mi señora, me han hecho mejor persona, y estoy y estaré agradecido con ellas por permitirme ser su guardián.

M: ¿Por qué Suecia?
AP: Suecia obtuvo hace dos años el reconocimiento como un país de mejor calidad de vida en el mundo, con respeto supremo por la niñez y la mujer, y ofrece un modelo social y educativo que me interesaba conocer de cerca, en especial en este cuarto de hora que dicen tiene problemas para responder a la globalización, a la actualización tecnológica por cambio climático y la entrada de inmigrantes no calificados al país.

DM: Su mayor logro en el paso por el Viceministerio de Relaciones Laborales …
AP:
Son dos: uno, la comisión presidencial para el tema afro que tuvo ya su segunda sesión en Bogotá con Gregory Meeks. Dos, la ley para devolver a la justicia la declaratoria de ilegalidad de la huelga como era antes de la muerte de Gaitán y antes que se instaurará el estado de sitio en todo el país. Para mí es devolver una libertad a los colombianos en medio de los avances de seguridad.

DM: Su mayor aprendizaje …
AP:
Lo primero, la ética aplicada es el bien de mayor valor en la vida pública y el único que importa. El conocimiento de lo técnico lo proveen tus asesores y directores. Lo segundo, muchas cosas del mundo político que debía entender para ver si Chocó puede tener un futuro digno, y la verdad es que hay que regresar a Colombia.

DM: Algo que no salió bien …
AP:
Muchas cosas, entre ellas, a pesar de su aprobación presupuestal, queda inconclusa aún la modernización informática de la inspección laboral del país, y el número y calidad de los inspectores.

DM: ¿Los demócratas gringos podrán decir en el 2009 que faltan reformas laborales?
AP:
Si, podrán y lo tienen que decir si queremos que nuestra agenda laboral sea prioridad y se mueva. Hay mucho de dónde cortar. La pobreza masiva en Colombia responde a un mercado laboral premoderno.

DM: ¿Alcanzó a conocer las causas del conflicto de los corteros con los ingenios?
AP:
Sí, las conocí con antelación. Estuve en los ingenios, hablé con algunos representantes de corteros, con uno que otro senador de Valle del Cauca, miré de cerca el trabajo de Asocaña y el rol de las cooperativas de trabajo asociado, pero no había una cabeza con ideas claras que gerenciara sus reivindicaciones económicas. Noté un desconocimiento profundo de las relaciones de negocios en las que están involucrados la mayoría de los corteros; como siempre uno o dos titiriteros con agenda política propia, pero no la de la gente.

DM: ¿Qué tipo de titiriteros?
AP:
Aquellos capitanes de la política local que dicen que el ingenio se enriquece a costa suya y de sus padres y abuelos que pasaron por ahí. Hay que mirar con cuidado: más del 80% ganan arriba de 1.5 salarios mínimos, de acuerdo con el tiempo laborado y aparecen registrados en la planilla única. El problema aquí es la forma de relación laboral, que vía cooperativas desdibuja el ideal que promete una relación laboral conforme al código y los cambios de productividad de las personas en medio de la tecnificación.

DM: Su opinión ahora como ciudadano particular es …
AP:
Que el conflicto se veía venir, y con razón. Ahora bien, las relaciones laborales en el mundo han tendido a flexibilizarse más y más, y en el caso de los corteros ellos siempre han estado en el margen de la subsistencia. El esquema cooperativo terminó por quitarles a los ingenios el rollo jurídico de tenerlos como empleados.

DM: Algunos dicen que su cargo no le sirvió a la población afro. ¿Responde?
AP:
Sí, claro, contesto. No sirvió si lo que esperaban era que llegara con carreteras y plata de proyectos al Chocó, Cauca y demás. Para mí lo importante es, era y será la participación afro con soltura y conocimiento en el gobierno más centrado y efectivo de Colombia de las últimas décadas, y así desdibujar algunos de los prejuicios hacia los afros sin dejar de ser afro. Uno no puede nombrar ministros o viceministros para que hablen por sólo un grupo, sino para todos los colombianos en problemas, y de esos hay con todos los colores del arco iris.

DM: ¿Cuál es el peso de la raza en el mercado laboral colombiano?
AP:
Inmenso en el sector privado, así la educación que uno reciba sea en el exterior. No me topé con ningún empleado de mediano nivel, al menos, en las tantas empresas que visité, ni siquiera en las regiones afro. En el sector público, mucha gente de todas las edades, con las cuales traté como director y viceministro, inicialmente siempre se extrañaban de que una persona afro tuviera la formación y el temple para ciertas posiciones. Hay mucho que hacer para lograr mayor representación afro en el Ejecutivo y en la carrera de empleo público vía Función Pública en todo el país, y para que la sociedad colombiana se quite prejuicios del siglo 17 en el siglo 21.

DM. Sorprendente que en el entorno de la Fundación Color haya más ejecutivos negros que los que usted conoció. ¿Tuvo datos sobre el acceso a la seguridad social en las regiones de alta población afro?
AP:
Desde cuando era director, fue parte de mi tarea promover y obtener un acuerdo del consejo nacional de seguridad social en salud para fortalecer el acceso en términos de financiamiento y oferta. Lo primero se logró con un acuerdo que reducía en 20% la contraparte de financiación de los alcaldes de municipios afros interesados en ampliar su régimen subsidiado. Lo segundo quedó en veremos porque la gente afro puede tener el carnet de afiliación (la cobertura supera el 85%) en la mano, pero la mala administración territorial de la salud. Además, el intento de aplicar un esquema urbano de salud a departamentos con población afro rural y dispersa está mal orientado.

DM: ¿Qué le dijo el Presidente Uribe cuando se despidió?
AP:
El presidente Uribe preguntó que si era cierto el rumor que me quería ir, y después de contarle las razones de mi decisión, me dijo que tenía hacia mí todo su agradecimiento. Me hizo llegar luego una carta muy amable que guardo. Aprendí mucho de él y del entorno y de las oportunidades que él y la señora Lina siempre me abrieron.

DM: ¿El Presidente ha debido mantener en un afro el Viceministerio que usted ocupó?
AP:
Esa fue la reacción inicial del Presidente Uribe cuando le conté que me iba. Sin embargo, sé que hubo propuestas de candidatos que no calaron por x o y razones, más que todo por la presentación de hojas de vida indebidamente politizadas por algunos paisanos en política. A la fecha, está encargada una ex asesora mía, pero sería deseable un o una afro en el cargo para que los poderes se vayan acostumbrando a la presencia afro en el Ejecutivo, y para tener una interlocución con los congresistas gringos que quieran volver a mirar el tema laboral del TLC en este 2009.

DM: La influencia de Gregory Meeks en su nombramiento fue: a) alta, b) mediana, c) baja.
AP:
Me contaron que cuando el Presidente Uribe y el congresista Meeks pensaron en nombres para entrar al gabinete, el mío fue el nombre en mente de ambos. Yo venía trabajando ya como director de Promoción Social por dos años, y el Ministro Diego Palacio me había ofrecido ser el Director Nacional del Invima en abril del 2007. Al congresista Meeks lo había conocido de antes en Washington, y me había encomendado algunas tareas. En suma, mitad y mitad, o mediana.

DM: ¿Apoya la reelección del Presidente?
AP:
No. La figura presidencial no es una persona, y luego de cierto tiempo en el poder, las roscas alrededor del poder presidencial sacan lo peor de sí en aras de mantener el statu quo. Hay necesidad de renovar y de abrir oportunidades para más de un líder. Necesitamos muchos líderes con apoyo de bases en Colombia y de ética aplicada.

DM: Después de Suecia, ¿servicio público o academia?
AP:
Ambos. Una alcaldía o la gobernación serían el siguiente paso, y en los interregnos, la academia para digerir lo aprendido y pensar. Un maestro querido me decía que lo que se tiene claro no se piensa, se ejecuta, y en esas estoy: pensando.

DM: ¿Cómo llegar a la gobernación del Chocó libre del actual sistema?
AP:
Se puede llegar a la gobernación del Chocó con un mensaje a lo Obama: Yes, We Can.
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