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Simplemente seres humanos

El martes 29 marzo, 2016 a las 9:30 am

Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas.

El aplazamiento de la firma del documento que supuestamente enterrará la guerra en Colombia, da origen a toda clase de suspicacias y cotilleos.

Como sucede a la mayoría de los colombianos, desconozco los intríngulis de los diálogos que se llevan a cabo en La Habana. Eso lo resuelve o lo enreda nuestra plutocracia, o sea quienes manejan el rebenque. No obstante, es elemental entender que un intento de acercamiento entre las dos alas del monstruo, es imprescindible. Y generalizó porque no se trata en este caso únicamente de la guerrilla -con todo lo que entraña de criminal y destructivo- sino de los portadores del “sombrero encintado” y la “chupa de boda”, agazapados en costumbres que nadie cuestiona y leyes que nadie cumple.

Juan Manuel Santos no tiene de tal sino el apellido. Permeado y barnizado hasta las banderas por fundamentalismos heredados, concibió –a su manera- la salida dialogada y armó –a su medida- las fases del proceso. ¿Qué es un traidor, un oportunista, un trepador, un ambicioso? Señores, ése es el molde. ¿Que Timochenko y compañía socavarán las bases de nuestra democracia? No se puede destruir lo que nunca ha existido. Y en cuanto a terminar bailando con los selváticos, lo veo incompatible con nuestra sinergia mental.

Estamos abocados a un cambio visceral en esta historia de dolor nunca escuchado. Los diálogos de La Habana son un campo minado debido a las marrullas de los contertulios. Las hordas de las FARC vienen de los socavones más siniestros y en lo concerniente a la   contraparte, todos conocemos sus componendas. ¿Será fácil que dos líneas paralelas lleguen a tocarse? ¿Y si sucede, acaecerá en una fecha prevista como si se tratara de una fiesta de cumpleaños?

A quienes intentan desconocer los esfuerzos gubernamentales en esta empresa, los tiran de la nariz sus intereses personales. No son los habitantes del primer piso quienes sufren las consecuencias de la inundación. Son los arrinconados en el sótano. Debemos esperar a que este ovillo se desenrede hasta donde lo permiten siglos de inequidad tolerada. Ésa será la manera de lavarnos la conciencia y honrar el gentilicio.

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