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EL SILENCIO ES UN CORO DE RUISEÑORES

El miércoles 4 enero, 2017 a las 9:38 am
Bulevar

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

silencio

https://barcelonayogaconference.org/2012/09/21/vida-en-el-ashram-el-silencio/

Hasta el silencio se balancea sobre unas cuerdas esta tarde quieta con sol y viento suave. Se mueven los árboles como sin querer. Se dejan arrullar como un niño en la calesa. Las nubes, allá, arriba, los miran suspirar de gozo columpiados sin vergüenza. Qué placidez. Hasta los niños corren por la calle sin afán detrás de una ilusión que a nadie le han contado.

Suena un balanceo no sé dónde. Sale del vientre de una sala familiar. Hay una voz femenina que canta en tono menor. Sí, es… es el silencio que deja entrar a su recinto un visitante inocuo. No le importa al silencio que sobre su césped se reclinen un pequeño gnomo que no hace daño ni interrumpe su seno interior y sonoro.

¿Qué tiene el silencio que solo lo buscan los santos, los ermitaños y los lectores? El silencio le musita a sus oídos secretos que solo ellos oyen. Las ondas rebotan en las cosas y endulzan el ambiente con su rodar redondo. Pasa una sombra brillante que solo la ven pasar como un fantasma quienes están sumergidos en la contemplación de ese ser invisible que vaga por los intersticios del ruido y entra a visitarlos.

¿Qué dice el silencio a las criaturas que lo entienden, como el músico ingresa al mundo del pentagrama y va sintiendo que la melodía vuela por su cuerpo? ¿Qué pretende el silencio con su mutismo reiterado e inofensivo? Porque el silencio no es un ser ocioso ni un personaje ingrato que intenta asustar o incomodar.

El silencio es un ser multidimensional que habita al tiempo aquí y allá, en el interior de un santuario o en la mitad del desierto, en la pagoda más lejana, o aún entre el ruido de la gran ciudad. Su cuerpo se divide para recrear a sus amigos que lo buscan y lo llaman sin campanas ni wasaps.

El silencio no hace ruido, ni grita, no ahoga con su presencia. Es un ser pacífico. Va siempre de puntillas y no asusta a quien se lo encuentra acurrucado en un rincón de su casa o el interior de su torre.

Entra sin pedir permiso porque su ser gaseoso lo permite. Sin embargo, no es invasivo. Entra porque adivina quién lo necesita. Lo invita a ser su amigo y ser su compañero de camino.

Es cuidadoso en el trato. Permanece allí donde es bienvenido. Comprende que el silencio es un privilegio que solo gusta a los sabios, a los que sufren o a los poetas o creadores. Nada es mejor para pensar, profundizar, hallar el centro y joya de la invención. Sus amigos saben que el sonido del silencio no entra simplemente por la cavidad de la oreja. El silencio llena los poros, la piel, impregna los sentidos y toca lo más recóndito del ser. Cuando alguien lo escucha no hay espacio para la distracción o el relajamiento.

El silencio, entonces, cumple su oficio. Eleva, concentra, permea todos los sentidos, distiende los músculos y pone a las neuronas tensas como un arco con saetas. El asceta o sujeto compañero del silencio, está absorto y listo para componer su máxima sinfonía.

03-01-17                                          5:16 p.m.

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