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Si uno pudiera cambiar

El miércoles 24 julio, 2019 a las 9:59 am
Si uno pudiera cambiar
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2Z8IXz5
Si uno pudiera cambiar

Si uno pudiera cambiar

Por Leopoldo Quevedo y Monroy

El verbo principal y eje del título es pudiera, que es la forma condicional del verbo poder. El sujeto se está calibrando en lo que puede hacer su voluntad sometida al ejercicio de «cambiar». El ser humano está gobernado por la voluntad. Ella es su eje, sobre ella gira, se levanta y descansa.

Desde que nace el ser humano pone a prueba todos los días a su voluntad. Tanto que a veces parece que obrara sin quererlo hacer. Su voluntad se doblega ante él. Se amolda para lo que le pide y necesita.

Y es claro que sí puede cambiar la voluntad en todos los casos quien la porta… Todos los días el ser humano es distinto. Retratado minuto a minuto en un día el hombre frente al trabajo de su voluntad, no hay días, horas, minutos iguales. Lo que pasó ayer: sus motivaciones, pulsaciones del corazón y las venas del cerebro no están lo mismo que ayer ni antier ni hace poco.

No hay duda. Sí, uno cambia y debe cambiar. No es bueno que el hombre sea como un autómata con el mismo temple, los mismos gestos y la misma voluntad que tuvo el día de ayer o antier. Uno no es un robot que se viste, desayuna, almuerza y come siempre lo mismo y responde lo mismo a las mismas preguntas. Solo se encuentra ese tipo de humano en alguna película de Hitchcock, Kubrick, Coppola, Scorsese o Alan Parker.

El ser humano es impredecible. Responde, pregunta diferente que sus semejantes a las mismas preguntas. Afortunado el hombre que no es un robot, que tiene la cualidad de sorprender de modo distinto al otro cuando le enseñan e interpreta las cosas aprendidas en su propios gusto y versión. Sería un mundo predecible, adivinable, sin sorpresas: rutinario.

Sí. El ser humano, el individuo es cambiante, sorpresivo, infiel a su comportamiento vivido ayer. Respira igual, no ríe igual, razona distinto. Puede haber versiones y puntos de vista infinitos en tanto sean múltiples los individuos que sean oídos responder a las mismas preguntas. Alguien enfatizará en un aspecto, a otro le llamará la atención distinta faceta a la que vió su contrincante.

No. No hay lugar a la infinita quietud e imposibilidad frente al cambio. Todo lo humano es susceptible de tener una versión diferente a las de sus semejantes. Habrá similitudes pero no igualdades que sean confundibles aunque sea en mínima proporción o calidad. Lo dijo con gran frialdad Heráclito: “nadie toma la misma agua del mismo río”.

Claro que sí: hace falta el cambio. La vida personal es la piedra de toque para verificar que el cambio es lo que la hace vivible. Qué fuera la vida de una persona si todos los días fueran iguales desde que llega la aurora hasta que llega la media noche. Viviría aburrido de esperar a que todo ocurriera como ayer y antier… y, trasanteayer.

El atributo más admirable que posee el ser humano es poder cambiar. 

7:27 a.m – 23-07-19

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