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“Ser víctima del conflicto me motivó a trabajar para construir paz”

El miércoles 9 diciembre, 2020 a las 8:45 am
Paz
Imagen referencia: https://blog.oxfamintermon.org/

“Ser víctima del conflicto me motivó a trabajar para construir paz”, Alba Flórez*

Alba Flórez es una campesina de XX años, desplazada por la violencia y víctima del conflicto armado. Lejos de sembrar odio en su vida, estas situaciones la llevaron a buscar formas de erradicar las violencias contra las mujeres y aportar desde el diálogo a la resolución de conflictos, lo cual poco a poco ha podido cumplirlo gracias a la formación y nombramiento que tiene como conciliadora en equidad en el Cauca.

Octubre, 2020

Terminando los años 90 las poblaciones campesinas de Antioquia vivieron algunos de los más fuertes ataques generados por la presencia de grupos al margen de la ley en la zona; desplazamiento, enfrentamientos, reclutamiento forzado, y otros abusos mantenían bajo la sombra del terror a los habitantes de esta región del país. Anorí es un municipio ubicado en el Bajo Cauca antioqueño, territorio donde la violencia se ha ensañado contra su población, especialmente las mujeres; y aunque hubo muchos muertos también hubo personas resilientes que sobrevivieron, una de ellas es Alba.

Alba vivía con su familia en el campo, eran felices. Ella recuerda que había pasado poco desde su cumpleaños número 16, cuando una tarde mientras caminaba con sus primas por las calles de su pueblo, fueron sorprendidas por un grupo de hombres (ella hoy sabe que fueron paramilitares), quienes sin el menor reparo las intimidaron cogiéndolas a la fuerza, las amordazaron y abusaron sexualmente de ellas, para después terminar con ráfagas de tiros sin medir quién estaba alrededor.  

“Abusaron de nosotras por lo menos tres horas, y cuando empezaron a disparar yo lo único que hice fue tomar fuerzas y salir corriendo, sentía que las balas me rozaban la piel, pero afortunadamente logré escapar”, recuerda Alba, quien entre lágrimas recuerda cómo escabulléndose de la muerte vio cómo fueron asesinadas sus primas.

De esa noche de marzo de 1998 que partió en dos su vida, resultó su primer embarazo; a quien meses después llamaría: Johan. Pero cuando se aferraba a la ilusión de dar a luz, otra tragedia llegó a su vida, pues Alba fue reclutada y obligada a formar parte de las filas de la guerrilla de las Farc. En medio de la selva tuvo su primer hijo, pero eso no era excusa para que sus compañeros ejercieran cualquier tipo de abuso en su contra, hechos que dejaron en su vida a su segunda hija: Katherine.

Por sus hijos y por ella, el anhelo de salir del calvario en el que se convirtió su vida, fue el propósito de Alba; lo primero que logró fue que le entregaran su hijo a un familiar, y con Katherine en su vientre decidió crear una estrategia para conseguir su libertad.

“Eso fue a finales del 2000, me gané la confianza de ellos y les hice creer que yo quería estar allá, empecé a conocer las rutas y las guardias, tanto que ellos ya me dejaban prestar guardia, asistí a la escuela que ellos dan y me volví uno de ellos. Cuando ya tenía suficiente información decidí una noche de guardia huir”.

Corrió sin detenerse por lo menos dos días en la selva hasta encontrar un pueblo llamado Campamento, Antioquia. A partir de ahí Alba se vio obligada a mudarse de pueblo en pueblo para no ser encontrada, huía de las garras de la guerra a las que no deseaba volver nunca más, porque le quitaron su juventud, la maltrataron física y psicológicamente, y porque le quitaron lo más preciado: sus hijos. Alba no supo nunca más de Johan y Katherine.

“A los dos niños me los arrebató una institución para el cuidado de menores, recuerdo y extraño a mis hijos cada día de mi vida, no sé dónde están, no sé si me recuerdan, ojalá leyeran esto y sepan que su mamá los ama y los necesito a mi lado”, expresa Alba con nostalgia.

Al huir de la violencia, para Alba no fue suficiente con mudarse de municipio, en ese camino que inició a recorrer llegó al Cauca, aquí conoció al hombre del que se enamoró y con el cuál conformó una bonita familia. Aunque no fue fácil dejar atrás su pasado, con amor propio, el liderazgo que siempre la caracterizó, y con su corazón lleno de esperanza, lejos del resentimiento empezó a fomentar iniciativas a favor de la comunidad, especialmente de las mujeres -que como ella- son víctimas del conflicto.

En el 2015, Alba se capacitó como conciliadora en equidad del municipio en el que reside, desde ahí durante los últimos cinco años facilita a la comunidad un método alternativo para resolver sus conflictos, basado en el diálogo entre las partes, los acuerdos y el respeto,  una herramienta que ha permitido resolver dificultades entre los pobladores de este municipio, agilizando trámites, sin que las personas tengan que llegar a un juicio o a una demanda que puede tardar mucho la solución del conflicto.

“Decidí ser conciliadora porque considero que es una forma de construir paz, yo ya sé lo que es la guerra, el conflicto y el caos, ahora quiero aportar a mi país para que podamos convivir sanamente pese a nuestras diferencias, creo que, si todos nos preocupamos por vivir en comunidad, podemos evitar o resolver fácilmente nuestros inconvenientes, y la conciliación es una gran ayuda para ello”, afirma Alba.

Las situaciones difíciles que ha vivido esta mujer son hoy el combustible que la mueve para llevar un mensaje de paz a los territorios, pues está convencida de que Colombia necesita el compromiso de todos para construir una paz estable y duradera, dejando atrás los odios e intereses concentrados para evitar que situaciones como la que ella vivió se repitan.

“La llegada del Programa de Justicia para una Paz Sostenible de USAID para apoyar el fortalecimiento de la conciliación en equidad en el norte del Cauca ha sido importante, hoy esta figura es nuevamente reconocida, ahora somos más conciliadores fortalecidos y capacitados, con herramientas para implementar en la comunidad este mecanismo en temas de familia, vecinos, tierras… Los temas que más me llaman la atención son los de violencias contra las mujeres, por eso no importa la hora y lo hago de manera voluntaria todos los días, pues tras lo que viví, no tolero que ninguna mujer sea vulnerada”, manifiesta Alba.

La conciliación en equidad, representa para las comunidades nortecaucanas una contribución fundamental a la hora de facilitar el acceso a la justicia, hombres y mujeres de estos territorios, como Alba, se han convertido a través de este mecanismo en constructores de paz y región, llevan siempre un mensaje de sana convivencia ciudadana y replican en su entorno la importancia y facilidad de la resolución pacífica de conflictos, posibilitando que los ciudadanos de zonas urbanas y rurales resuelvan sus problemáticas de manera rápida, eficiente y gratuita.

Hoy Alba vive tranquila junto a su familia, tuvo tres hijos más con su esposo; además de dedicarse a la conciliación Alba trabaja la soldadura, construye puertas y ventanas. En sus palabras solo hay mensajes de perdón, paz y reconciliación.

DATO DESTACADO:

El Programa de Justicia para una Paz Sostenible de USAID, desarrolla en algunos territorios colombianos golpeados por el conflicto armado diversas iniciativas con el fin de acercar la justicia a la población de estos territorios, generar confianza entre el Estado y la comunidad, y con ello promover la paz. Una de sus iniciativas ha sido la capacitación de líderes comunitarios en conciliación en equidad, figura a través de la cual los conciliadores y conciliadoras median situaciones conflictivas presentadas en la comunidad, ayudando a que resuelvan sus problemáticas de manera pacífica, fácil, práctica y gratuita.

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

Redactado por Fundación Tengo Ganas.

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