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SER PÁJARO

El viernes 23 diciembre, 2016 a las 2:26 pm

 

Bulevar

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

pajaro

http://www.azulbird.com/2015/08/pajaro-azul.html

Soy un pájaro de color azul. Parezco azulejo y muchas veces me confunden con él. Tengo unas rayitas blancas sobre mi cabeza y luzco un ramillete de antenas en mi copete. Soy pequeño y me gusta volar. Lo aprendí de mis padres, dos pájaros que ya no están. Soy un ave solitaria en medio de este mar.

Ser pájaro es para mí una faceta fácil. Tener alas como los ángeles lo hace uno grácil. Desde pequeño aprendí este arte que es volar. Es mi modo natural de ser. Tener alas me hace afortunado. Ser leve, habitar junto al cielo, vagar guiado por mis instintos por todo el redondel donde me tocó vivir. Puedo aspirar aire puro, miro con ojos pequeños hasta el confín sin necesidad de lente alguno. Y canto.

Mi casa es un árbol frondoso, de verde siempre y con flores en la temporada. No hay cocina ni recepción, ni televisión. Solo un nido para dos, mi pajarita y yo. Hay una alcoba de puertas abiertas. Nadie nos vigila ni hay que pagar por un celador. El cielo nos cubre, el aire nos acompaña y en frente está la inmensidad para vivir, pasear, buscar comida, volar y volar a donde nos lleven las líneas del horizonte. Todo es ambiente de libertad. No importa el frío o el calor, la lluvia o el ardiente sol. Solo hay que temer al halcón con su pico córvido y sus garras. Su canto, como el pitido de un camión se oye desde lejos y hay que estar protegido en lo más oculto del nido.

Volar y cantar. Cantar es como escribir para el cronista o el poeta. Canto al despertar en mi nido. Lo canto a mi pajarita junto al oído. Canto antes de salir, cuando encuentro a compañeros durante el viaje y cuando llego al destino que a diario planeo. Le canto al árbol donde me asiento, al agua que bebo, al viento que me lleva, al sol que me calienta, a la nube que da su rocío. Y canto largo cuando me deslizo en los torbellinos del aire.

Me gusta cantar. Nadie me lo enseñó y en mi mundo no hay academia de canto. No podía haberla. Veo a mis semejantes, paseo junto a ellos y me doy cuenta de la inmensa variedad de voces y de sonidos que ellos tienen. Hay unos sonoros, otros guturales, otros agudos y delicados y suaves. El mío es sencillo, parecido al de mis padres. Lo he ido puliendo y acomodando al oído de mis vecinos y compañeros de colonia.

Y volar es mi pasión. Es lo más propio de mi ser íntimo. Desde arriba miro a los humanos y me parecen que envidian por poder volar. Volar es perderme en el infinito, es sentir que el aire entre por debajo de las alas, por mi pico, por mi nariz. Como que me desvanezco en la caída y se me eleva la autoestima cuando subo. Me mezo en el columpio invisible que provoco y planeo como el avión. Conozco la altura, diviso el mar, siento la fuerza del ciclón y no me amilano, subo al céfiro y aterrizo en los lugares que la delicadeza de mi reino me depara. No hay torres de control pero sé que hay solo unos lugares donde puedo asentar mis paticas y buscar el alimento junto a mi pajarita.

Me gusta esta condición de ser pájaro. Amo las alas, al aire, la levedad, la caída y la elevación. Y amo el canto, el gorjeo, la pequeña melodía de mi garganta. Soy pájaro azul.

                  23-12-16                                 9:27

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