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Jueves, 13 de junio de 2024. Última actualización: Hoy

Ser negro: esclavitud, violencia y exclusión social.

El lunes 20 mayo, 2024 a las 6:39 pm
Ser negro: esclavitud, violencia y exclusión social.

Guido Germán Hurtado Vera

El siguiente texto contiene las ideas centrales de una conferencia que escribí para la I. E. Ana Josefa Morales Duque de Santander De Quilichao, en conmemoración del Día de la Afrocolombianidad, un homenaje a la población afro, raizal y palenquera.

Durante 5 siglos, aproximadamente 15 millones de hombres, mujeres y niños fueron víctimas del execrable comercio de esclavos, uno de los capítulos más nefastos de la historia de la humanidad.

La compraventa de esclavos fue una práctica que nace en el siglo VII en África subsahariana. Tres grupos son los actores de esta infausta historia. Los pueblos Ashanti (Ghana) y los Yoruba (Nigeria) que, en su mayoría, fueron esclavizados. Los grupos Imbangala (Angola) y los Nyamwezi (Tanzania) que fungieron como vendedores, organizaban guerras contra los pueblos cercanos para capturar personas y venderlas como esclavos. Y los exportadores de esclavos, agentes comerciales de Europa y Arabia.

La esclavitud en África, a diferencia de la practicada en América, tenía que ver más con una “sumisión convenida”. Los esclavos no eran en sí propiedad de otros hombres, ni podían ser subyugados de por vida, recibían pagas y tenían tierras. Podían comprar su libertad y ascender socialmente, como los hombres libres de la Antigua Roma. Algunos alcanzaron el estatus de reyes: Sonni Aru Beeru, que lideró la expansión del imperio Songhai.

El primer comercio de esclavos hacia afuera de África fue el transahariano. Si bien había existido ya por el río Nilo, el transporte masivo de esclavos no se hizo posible hasta que los camellos fueron introducidos desde Arabia en el siglo X.

El comercio de esclavos a través del océano Índico también tiene una historia, comienza en el siglo IX con el control por parte de los comerciantes afro-árabes de las rutas marítimas.

Los españoles fueron los primeros europeos en traer esclavos africanos a las Antillas (Cuba, Puerto Rico y La Española), donde la alta tasa de mortalidad de los indígenas produjo las primeras leyes reales para proteger a la población local (Leyes de Burgos-1512). Los primeros esclavos africanos llegaron a La Española, tiempo después que el Papa Alejandro VI publicara, en 1493, La Bula menor Inter caetera y donará a los Reyes Católicos las tierras del nuevo mundo.

En Colombia la esclavitud fue practicada mucho antes de la colonización española entre los pueblos indígenas chibchas, muzos, panches, caribes. Después, vinieron los comerciantes europeos, especialmente portugueses. Y finalmente, por las élites comerciales locales.

En el caribe colombiano, Cartagena fue el principal puerto de entrada de esclavos durante la colonia y resultó ser el negocio más productivo de la Provincia. En 1620, contaba con 6 mil habitantes, de los cuales 1.400 eran esclavos. A fínales del siglo XVII en la costa pacífica nace la primera fase de explotación minera usando esclavos africanos. Un alto porcentaje de éstos entraron por Cartagena y eran de origen kwa, especialmente de los subgrupos akan y ewe, también hubo minorías importantes de mande, gur y kru. El pacífico colonial se convirtió en la zona con mayor porcentaje de población esclava.

El uso de mano de obra esclava resultó ser indispensable para la economía de la Nueva Granada, pero absolutamente deshumanizante y mortal para la población negra que la padeció.

Los primeros en oponerse a la esclavitud fueron los indígenas. Durante el siglo XVI se dieron rebeliones de los paeces, muzos, y yariguíes. Un siglo después, los esclavos negros comenzaron a sublevarse a través del cimarronaje, huida o por medio de la rebelión armada. La rebelión esclava más célebre fue San Basilio de Palenque, liderada por Benkos Biohó, una rebelión exitosa, tanto que el rey de España se vio obligado a expedir una cédula ordenando la libertad de los palenques y el derecho a la tierra.

El proceso de libertad de la esclavitud se dio en todo el periodo colonial, pero no comenzó a tomar notabilidad sino hasta la invasión napoleónica de España. En 1821, Bolívar decretó la libertad de partos, pero esta ley se la pasaron por la faja los señores de la tierra. Finalmente, el Congreso de la Nueva Granada dictó la ley de abolición el 21 de mayo de 1851. Los esclavos quedarían libres a partir del 1 de enero de 1852 y los amos serían indemnizados con bonos.

El contexto anterior sirve para mostrar sucintamente como las comunidades negras han sido objeto de esclavitud, violencia y exclusión social. Las cifras son estremecedoras. Una historia manchada de sangre. Ahora bien, los tiempos contemporáneos tampoco se escapan de esta barbarie.

La crudeza de las violencias contra el pueblo negro se explica, principalmente, por el racismo estructural cimentado desde la colonia y prolongado, hasta hoy, en la construcción del Estado nación. El daño moral a estas comunidades y a sus territorios son un asunto histórico.

Un asunto a tener en cuenta es la variación estadística que de acuerdo con los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda DANE-2018, la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera censada disminuyó de 4.311.757 a 2.982.224 en comparación con el Censo de 2005. Con el fin dar respuesta a las situaciones demostradas, la Corte Constitucional dispuso un conjunto de medidas para lograr el reconocimiento efectivo de la diversidad, contribuir a la reparación de los ciudadanos y pueblos sub enumerados por el Censo 2018, analizando las causas internas y externas de esta disminución de población y avanzar en la preparación adecuada para el próximo ejercicio censal (Sentencia T-276 de 2022).

Según cifras del DANE-2018, el 97% de los municipios colombianos tiene población negra, afrocolombiana, palenquera y raizal. Aproximadamente en 70 municipios, la población afrodescendiente es mayor al 52%.

Una evidencia sólida es que en esos municipios prevalecen altos niveles de pobreza extrema y precariedad en infraestructura y servicios. El 38% de la población palenquera y 40% de la población negra manifestó tener carencias en la prestación de los servicios públicos, no tienen acceso a energía, agua potable y alcantarillado. En educación, el 33% presenta niveles de analfabetismo. En sus territorios niños y niñas no van al a la escuela porque queda a 3 horas de camino en lancha o caballo o porque la escuela no existe porque los grupos armado controlan el territorio y ella es su trinchera. Dos componentes para que la violencia se recrudezca en sus comunidades.

El Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, registró que más de 4 millones de afrocolombianos han sido víctimas en el marco del conflicto armado, según denuncias de las organizaciones de víctimas; entre ellos, más de 2 millones que han sufrido desplazamiento forzado.

Según el Registro Nacional de Víctimas al 2022, al menos 1,3 millones de personas afrocolombianas, palenqueras y raizales aparecen registradas como víctimas, un 40% del total nacional. Al mismo tiempo, el desplazamiento forzado afectó poderosamente a estas comunidades, el 39% de los negros/afrocolombianos han sido despojados de sus tierras por la violencia.

En los últimos ocho años, entre el 2016 y el 2023, la Defensoría del Pueblo tiene conocimiento de 1.294 líderes asesinados. En lo que va de 2024, la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos señaló que recibió 43 alegaciones de asesinatos de defensores de derechos humanos. De lo anterior la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) reportó que un 34% eran afrodescendientes.

El CNMH reveló que la mayoría de los homicidios de líderes sociales pertenecientes a pueblos negros ocurrió en Cauca y Nariño. Entre 2001 y 2016, se generaron 4.208 alertas tempranas por parte de comunidades negras y afrocolombianas. Las principales razones fueron: desplazamiento forzado, homicidios selectivos, amenazas, masacres y reclutamiento forzado. Los dos departamentos más afectados fueron Chocó y Nariño.

El 21 de mayo se conmemora el Día de la Afrocolombianidad. Un día para reflexionar sobre esta nefasta experiencia. Un día para redimir la dignidad de las víctimas pertenecientes a los pueblos negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros. La comprensión y el rechazo por parte de la sociedad colombiana de las violaciones cometidas en su contra es muy importante para dimensionar sus procesos de resistencia y los aportes a la construcción una sociedad más democrática, justa y en paz.

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