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Martes, 7 de abril de 2020. Última actualización: Hoy

Señor alcalde, ¿y la movilidad?

El domingo 12 marzo, 2017 a las 9:49 pm

Vistazos

No sé si el señor alcalde de Santander de Quilichao, Álvaro Mendoza, no recorre su pueblo, o utiliza medios de transporte, o vías, que no le permiten darse cuenta de la enojosa e incómoda calamidad que en cuanto a movilidad sufre la ciudad.

¿O será que quiere hacerse el de la vista gorda?

Digo lo anterior porque la verdad es que por lo que vivimos diariamente en la pujante Ciudad de los Samanes, todo parece indicar que la primera autoridad y de paso quienes tienen que ver con el tema, como que no salen a la calle o, cuanto menos, les interesa muy poco, por no decir nada, lo que está pasando y lo que puede venir en un futuro cercano.

Santander de Quilichao ha tenido en los últimos tiempos un desarrollo vertiginoso, hasta exagerado y sorpresivo incluso hasta para las propias autoridades que nunca tomaron medidas preventivas, como debió hacerse con solo mirar las perspectivas por su ubicación y por ser la segunda ciudad más importante del departamento, por decir lo menos.

COMPLETO CAOS

El parque automotor y el comercio, sin ningún miramiento a futuro, ha traído para la población y obviamente para sus habitantes, un caos que parece salirse de todo control, máxime si no hay quién dicte disposiciones favorables al bien común y mucho menos quién haga cumplir las pocas que se generan.

Ese caos, en donde no se respeta nada ni a nadie, se hace más protuberante con la tolerada, por no decir alcahueteada, invasión del espacio público.

En Santander de Quilichao ni peatones ni vehículos, de toda clase, tienen la mínima comodidad para hacer uso de sus derechos a la libre movilidad.

En Quilichao, hay que decirlo porque las autoridades no lo ven, todo el mundo hace lo que le viene en gana, sabiendo que no hay quién diga nada, ni quién haga cumplir normas elementales, disposiciones de tránsito, o simplemente respeto al ciudadano de bien.

MOTOS Y MAS MOTOS

Las calles, en muy mal estado entre otras cosas, todas permanecen atiborradas de vehículos de toda clase, especialmente por motos –que dicen hay casi cincuenta mil matriculadas, más las que llegan de otras partes sin control— motivando el peor aspecto de una población en desarrollo y generando toda clase de inconformidades, que desafortunadamente nunca tienen eco porque las autoridades son sordas y porque nacen apenas del ciudadano común y corriente.

Ese mismo ciudadano al que solo le prestan un poco de atención a la hora de necesitarse su voto para que apoye la maldita corrupción de los políticos.

Entonces, mirando todo lo anterior, es fácil concluir en que en Santander de Quilichao no hay una política clara sobre el especio público y menos para prohibir toda clase de ventas hasta en el centro de la ciudad, como lo estamos viendo con asombro.

Por otra parte, ¿cómo es que con el desarrollo de la ciudad no hay una zona de cargue y descargue, con sus adecuados horarios, para no entorpecer la maltrecha movilidad y los derechos del peatón?

El centro de la ciudad no debería ser utilizado por toda clase de vehículos. Tiene que haber cierta restricción, sin temor a quienes se consideran dueños de la población.

El pico y placa, señor alcalde, para carros y motos, lo reclama la asfixiante situación que vivimos todos por la contaminación y porque hay demasiados vehículos y muy pocas calles, además invadidas.

Señor alcalde, haga que se cumplan las normas elementales del tránsito: casco para quienes utilizan moto, luces, respeto a las señales y a los semáforos, zonas de parqueo, etc., etc.

Sabe una cosa, por último: peatonalizar parte del parque no es mala idea.

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