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Séneca y el abrazo de Nerón

El lunes 4 diciembre, 2023 a las 9:23 am
Séneca y el abrazo de Nerón
Séneca y el abrazo de Nerón
Foto: Que leer

Séneca y el abrazo de Nerón

Donaldo Mendoza

   La lectura de «Nerón», biografía elaborada por el escritor, historiador y poeta francés Latour Saint-Ibars (1808 -1881), de Editora Cinco 1985, fue el tema de una reciente conversación con el artista y escritor Rodrigo Valencia Quijano. La obra, de 250 páginas, es una reconstrucción de la figura del emperador Nerón a partir de tres fuentes históricas: Suetonio (Los doce césares), Tácito (Anales) y Dión (Historia romana). El libro se lee como una novela, dividido en ocho capítulos. Entretenido de principio a fin, en virtud de su prosa ágil y estilo sencillo.

    Para la reseña se insinúan tres temas: la figura de Nerón, las costumbres de Roma, y Séneca. Dos aspectos son relevantes en su composición: la caracterización de los personajes y la penetración psicológica de los mismos. Virtudes que nos acercan a esos personajes en su original naturaleza, lo mismo que a los lugares con su imperial arquitectura.

    Las costumbres romanas tienen como telón de fondo una religión que se difumina en una miríada de dioses y diosas sin arraigo espiritual en los creyentes, porque no alcanza a ser ni siquiera un pentálogo ético. Cual decálogo bíblico, que por milenios funge de código religioso y moral, y brújula de conducta más allá de la nación judía. Como no existe ese conjunto de reglas y preceptos que guían el comportamiento ciudadano, las costumbres se relajan, y ocurre lo que se vivía en Roma, transcribo: infames costumbres, depravación de sus costumbres, corrompidas costumbres, flagrante perversidad, apetitos desenfrenados y decadencia en el momento de mayor corrupción. Y viene la consecuente pregunta: ¿qué doctrina o qué moral podían imponerse en la mente de Nerón?

    Y a falta de una religión capaz de morigerar las costumbres, el vacío se llena con supersticiones como el horóscopo, la adivinación, la magia… Que con frecuencia pronostican eventos desdichados; por ejemplo, a Agripina, la madre de Nerón, se le vaticina el destino de Edipo; y ella en su ambición responde: «Que me mate. Con tal de que llegue a imperar». Y no menos infame es la respuesta de Domicio, padre, cuando alguien le felicita: «De Agripina y de mí, no puede nacer más que un monstruo».

    Domicio desaparece de la escena, y entra Séneca, el padre simbólico, a quien Nerón le impondrá el suicidio, acusado de conspiración. Séneca llegó a ser el segundo en el trono; fue preceptor y consejero de Nerón, pretor y cónsul. Utilizó sus privilegios de cortesano para difundir su propia obra; y abrazado a Nerón le acolitó sus excesos. He aquí un retrato que muestra a Séneca ‘demasiado humano’, y genera algún desencanto en el concepto que Rodrigo tenía del ‘estoico filósofo’: «Envidioso, ávido de riquezas, intemperante en sus deseos, acumulaba el dinero recurriendo a los medios más criminales, exprimiendo las provincias con insaciable usura y despojando a los inocentes». Esto hace exclamar a Rodrigo: “¡Ah, bárbaro! Yo lo imaginaba un hombre íntegro, como Sócrates”.     La fuerza de corrupción del poder, Rodrigo, llega a ser absoluta. Sócrates –como Jesucristo– se mantuvo lejos del poder; era su antípoda. A ellos se aplica la conocida frase que define a Gandhi: «Dice lo que piensa y vive como dice». De Séneca nos quedó “un estoicismo, en armonía con la Naturaleza”.

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