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Lunes, 17 de junio de 2024. Última actualización: Hoy

SEÑALES DE HUMO

El domingo 9 junio, 2024 a las 6:59 pm
SEÑALES DE HUMO

Por Jaime Cárdenas / En realidad, la fiesta de toros es la vieja fiesta de la sangre que vuelve a conectarnos con el remoto pasado, con los orígenes en los que la sangre cegaba y daba gozo, muy cerca de la animalidad.

En nuestra historia hay una asociación directa entre quienes ebrios vitoreaban al torero en la Santamaría y la muerte en los campos de Colombia a machetazo limpio, por el partido conservador o por el partido liberal. En los palcos de honor de la plaza de toros de La Santamaría en Bogotá se sentaban Laureano Gómez y Alberto Lleras, y estando tan cerca del ruedo les llegaba el olor de la sangre caliente del toro. Eufóricos estos líderes de los partidos que se alternaron en el poder vivaban al torero cuando el toro con el corazón atravesado por la espada iba desmoronándose. Entretanto, en los campos y poblados sus seguidores exaltados veían la sangre brotar a borbotes de los cuellos de sus víctimas, aquellos humildes cristianos, encarnizados enemigos gracias a los partidos que los habían embrutecido.

En La Santamaría el pasodoble avivaba el espectáculo de sangre, la orquesta llevaba al paroxismo ese espectáculo de culto a la muerte, como cuando la orquesta sonaba a media noche en los fantasmagóricos y hechizantes vestíbulos del palacio en los que la muerte roja hizo presencia, según nos contara en uno de sus mejores relatos Edgar Allan Poe.

El fin del toreo es un triunfo de la vida, es una derrota para esta oligarquía que ha hecho de la sangre un emblema, que la ha exaltado como un símbolo y por todos los medios ha procurado que la ignorancia y la estulticia del colombiano la hagan el pan de cada día.

La prohibición del toreo es la consolidación de un esfuerzo de mucha gente, de los animalistas y tantas personas que han dado la pelea. Fueron ellos los que iniciaron su cruzada hace ya algunos años en un medio hostil en el que RCN trasmitía tres días seguidos las corridas de toros de Manizales, en el que César Rincón fue un héroe.

Los niños y las niñas de hoy y del mañana pueden aprender del pasado y acaso serán indulgentes con sus padres y abuelos que se emborracharon felices viendo al toro que, con la espada atravesándole el corazón, se rendía ante la cobardía e irracionalidad de una multitud enceguecida. Pero no podrán pasar por alto que los mismos que elevaron ese espectáculo a arte son los que han defendido la guerra.

Podrán ellos entender mejor las palabras de Estanislao Zuleta cuando decía que nos recusamos a aceptar que la guerra ha sido también la fiesta de la felicidad y que un pueblo escéptico para la guerra es un pueblo maduro para el conflicto.

Comprenderán que esa otra guerra, la que se libró en contra del toro y que dio felicidad a sus antepasados, estuvo relacionada con la que contra sus seres queridos se decretó desde el alto poder. Y que, al enterrarse la vergonzosa fiesta brava, se produjo una de las tantas conquistas que allanó el difícil camino de superar las mil guerras de Colombia.

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Imagen de referencia, tomada de: https://www.uniminutoradio.com.co/

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