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Seguridad, prioridad para los pueblos del Cauca

El martes 30 abril, 2013 a las 2:39 pm
Luis Barrera

Luis A. Barrera M. – Editor

El contundente golpe dado a la insurgencia por la Policía Nacional en Puerto Tejada al lograr la captura de 17 presuntos guerrilleros que pretendían asaltar un helicóptero con valores y efectuar actos criminales contra la institución y la comunidad, es una muestra fehaciente del nivel de profesionalismo y trabajo de nuestras Fuerzas Armadas para garantizar la tranquilidad y paz entre los caucanos y el cumplimiento de su misión.

Nos unimos a las voces de felicitación al comando de la entidad policiva en el departamento expresadas por el propio presidente de la República, los gremios de la región y la ciudadanía que vemos cómo a través de este tipo de acciones se traza una efectiva hoja de ruta, con el fin de garantizar que el abordaje de las problemáticas de violencia y delincuencia se produzca de manera integral y exitosa.

Acciones efectivas como las de Puerto Tejada, nos llevan a confirmar el alto grado de profesionalismo y compromiso de nuestras Fuerzas Armadas en el cumplimiento de sus funciones y misiones ante una comunidad y los pueblos caucanos que exigen y claman la seguridad como una prioridad para la búsqueda de la paz, la tranquilidad, la convivencia, el desarrollo y progreso de sus habitantes y regiones.

En Popayán, Santander de Quilichao, Puerto Tejada y otras poblaciones caucanas, el clamor de los gremios, las autoridades y organizaciones comunitarias y sociales, casi al unísono, es la puesta en marcha de estrategias que enfrenten con mayor efectividad el accionar de las bandas criminales y la delincuencia en todas sus modalidades.

La inseguridad ciudadana en el Cauca sigue siendo muy compleja por el operar de la guerrilla, los paramilitares, las bandas al servicio del narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, las pandillas juveniles y hasta la intolerancia entre comunidades de campesinos e indígenas.

Este sueño de paz, convivencia y seguridad ciudadana, debería ser una situación social en la cual predomine la sensación de confianza, entendiéndosela como ausencia de riesgos y daños a la integridad física y psicológica, donde el Estado debe garantizar la vida, la libertad y el patrimonio ciudadano, pero vivimos en el Cauca y en Colombia, donde la realidad supera lo ideal.

Hoy en día es una de las principales características de todas las sociedades modernas, y es que vivimos en un mundo en el que la extensión de la violencia se ha desbordado en un clima generalizado de criminalidad.

Entre las causas de inseguridad que se detectan en algunas poblaciones caucanas una verdad inocultable y que es el desempleo que vive una gran cantidad de gentes; las personas que atentan contra los bienes y la integridad física de los ciudadanos lo hacen, frecuentemente, por no tener un empleo estable que les garantice ingresos suficientes para mantener a su familia, aunque no debe servir de excusa porque también delinquen los que tienen empleo.

También podríamos identificar a la pobreza como otra causa que puede generar agresividad y que causa, además, altos índices de delincuencia que, generalmente, se ubican en las zonas marginales de los pueblos caucanos.

La falta de educación es otra causa. La escasa (y, muchas veces, inexistente) educación de los ciudadanos genera delincuencia, agresividad y, por supuesto, inseguridad en aquellas personas que se mantienen al margen, pero que son los que sufren las consecuencias de esta situación.

Asimismo, la cultura tan pobre de nuestra población genera altos índices delictivos y de agresividad contra las personas. Puede afirmarse que cuanta menos educación y cultura tengan las personas, más propensas a la delincuencia y al crimen serán.

En conclusión, la inseguridad ciudadana puede ser superada si el Estado crea un sistema educativo que disminuya las cifras de deserción escolar que inciden en la criminalidad, y que, además, ofrezca oportunidades laborales a todos los sectores de la sociedad.

Por ahora confiemos y apoyemos nuestras autoridades y Fuerzas Armadas, en su gran batalla institucional y patriótica por la seguridad, y sólo les pedimos desde trincheras de opinión como PROCLAMA que no vayan a desfallecer ni a bajar la guardia un solo milímetro en su lucha contra los violentos.

No podemos negar que los problemas de seguridad que hoy sufre Colombia son el fruto de muy complejos procesos, y es un error tratar de comprenderlos usando moldes predeterminados y simplistas, los cuales usualmente provienen de otras experiencias de conflicto interno en países en desarrollo.

El conflicto armado colombiano tiene un muy alto costo para nuestra sociedad, sin mencionar el penoso costo humano que nos impone. En primer lugar, la situación de inseguridad que vivimos desincentiva la inversión y la actividad económica. En segundo lugar, la presión sobre las finanzas públicas nacionales es apreciable y creciente.

Los caucanos y colombianos queremos en su inmensa mayoría la paz; es un derecho y un deber buscarla para el bienestar de nuestras próximas generaciones. Las personas sensatas estiman que con la paz el país alcanzaría grandes niveles de desarrollo, pudiendo destinar el dinero a más escuelas, carreteras, viviendas y hospitales.

Pero antes, instituciones como la Policía, con integrantes provenientes de hogares humildes y también de colombianos pobres, oficiales valientes y decididos, debe seguir combatiendo efectivamente al crimen organizado, y el Estado en su conjunto, rescatar y reinsertar a las víctimas y avanzar hacia un país libre de mafias, esclavitud y exclusión.

lualbamo@hotmail.com

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