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Jueves, 30 de junio de 2022. Última actualización: Hoy

SEAMOS TESTIGOS DE CRISTO

El miércoles 24 octubre, 2012 a las 1:41 pm
Pbro. Edwar Andrade – Párrogo Iglesia de La Trinidad
Santander de Quilichao
“Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros…”
(2 Corintios 5, 20).
 
Sin una profunda experiencia de Dios, nuestro testimonio del Evangelio resultará vacío de todo criterio válido y acabaremos por hablar solamente de nosotros. Anunciamos, testificamos lo que previamente el Espíritu del Padre y del Hijo, desde la Iglesia Católica, ha fecundado en nosotros individual y colectivamente. Las personas que nos conocen notarán el cambio en nosotros y ésta es la mayor predicación. Hay personas con las cuales tenemos una relación de momento y no notarán el cambio, como el celador donde vivimos, personas que van al grupo cada ocho días, vecinos… Eso sí, debemos tener en cuenta algunas situaciones que nos impiden ser mensajeros del Señor:
Creer que no somos dignos: Decimos esto por falsa humildad o porque en el fondo tenemos pereza de hacerlo.
Decir que no estamos preparados: Recordemos que entre los apóstoles no existía preparación escolar, muchas veces no entendían los mensajes del Señor pero recibieron el Espíritu Santo y se cumplió la promesa de Jesús “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1,8) y este es el Bautismo en el Espíritu Santo.
Sentir temor: Al estar conscientes que el Espíritu Santo es quien nos ayuda y nos da las herramientas necesarias para el trabajo que por Él realizamos, debemos llenarnos de valor para proclamarlo. En el temor muchas veces está es respeto humano. Sabemos que el poder viene de Dios a través de nosotros cuando estamos dispuestos. Basta con decir como Isaías 6,8: “Aquí estoy yo, envíame”. Y luego escuchar la voz del Señor “Síganme y yo los haré pescadores de hombres” (Mt 4,19). Así que debemos estar dispuestos a ser mensajeros de Cristo “Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros…” (2 Corintios 5, 20). Debemos notar que Jesús solamente pidió a los Apóstoles que lo siguieran sin importar su capacitación, pues la responsabilidad de hacerlos pescadores de hombres corresponde al Señor.
¿QUÉ DEBEMOS HACER?
 
Cuidar nuestra vida de oración ya que es a través de ella que recibimos las instrucciones del Señor y su guía. Él la da a quienes ha llamado.
Confiar en Dios aunque no tengamos facilidad para expresarnos. Recordemos cómo Moisés le habla al Señor “Dijo Moisés a Yahveh: por favor, Señor. Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil, ni aun después de haber hablado tú con tu siervo, sino que soy torpe de boca y de lengua… así pues, vete que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir” (Éxodo 4, 10-12). Él nos utiliza como somos. En Jeremías encontramos: “Yo dije: ¡Ah, Señor Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho. Y me dijo Yahveh: No digas soy un muchacho, pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que yo contigo estoy para salvarte – oráculo de Yahveh. Entones alargó Yahveh su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh: mira que he puesto mis palabras en tu boca.” Jeremías 1, 6-9.
Hablar a Jesús del hermano, antes de hablarle al hermano acerca de Jesús: Así el Señor tocará su corazón y lo abrirá a su amor. Proponernos cada día hablarle de Jesús a alguien oportunamente, sin fanatismo, ni cantaletas. Somos testigos de Jesús porque lo recibimos en nuestro corazón, fuimos bautizados en su Santo Espíritu; no sabemos mucho pero sí lo suficiente, para que otro llegue hasta donde nosotros hemos llegado. El centro del testimonio es Cristo “No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús” (2 Corintios 4,5). El requisito para ser testigo, es tenerlo a Él en nosotros “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Juan 5, 11-12). El propósito del testimonio es conducir a los incrédulos a un encuentro personal con Cristo “Y vosotros, montes de Israel, vais a echar vuestras ramas y a producir vuestros frutos para mi pueblo Israel, porque está a punto de volver. Sí, heme aquí por vosotros, a vosotros me vuelvo, vais a ser cultivados y sembrados”  (Ezequiel 36, 8-9). 
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