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SOMOS TESTIGOS DE CRISTO

El sábado 13 octubre, 2012 a las 8:31 pm
Octubre, mes de las misiones
Por Pbro. Edwar Andrade R.
Párroco Iglesia La Trinidad – Santander de Quilichao
“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1, 18).
 
A veces pensamos que los que deciden acercarse a Dios o a la Iglesia son personas que no tienen que hacer:
–  Cuando Dios llamó a Moisés, estaba ocupado con sus ovejas en el monte de Horeb.
–  Cuando llamó a Gedeón, estaba sacudiendo el trigo en una era.
–  Cuando llamó a Saúl, estaba buscando las asnas de su padre.
–  Cuando llamó a Elíseo, estaba arando con doce yuntas de bueyes.
–  Cuando llamó a David, estaba apacentando las ovejas de su padre.
–  Cuando llamó a Nehemías, estaba sirviendo al rey.
–  Cuando llamó a Amós, estaba pastoreando sus ovejas.
–  Cuando llamó a Pedro y a Andrés, estaban echando la red al mar.
–  Cuando llamó a Juan y a Santiago, estaban aderezando sus redes.
–  Cuando llamó a Mateo, estaba cobrando impuestos.
Ninguno, pues, estaba con los brazos desocupados.
¿A qué crees que se deba que Dios haya llamado a gente ocupada? ¿Tú te consideras una persona muy ocupada o no? Todos nos ocupamos de los miembros de nuestra familia. Si Dios forma parte de tu familia, ¿crees que deberías ocuparte también de Él?
 
Cuanto más apasionado está por Jesucristo un corazón humano, tanto más abierto está para los demás, es decir, para hacer que otros lo amen. A cada uno se nos invita a escribir un quinto evangelio de nuestra propia vida, narrando la obra de Jesús en nosotros. Recordemos que Jesús, antes de partir, dio instrucciones a sus discípulos y dejó una gran misión: “Y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” Mc 16,15. Muchos delegamos esta misión a la Iglesia, a los sacerdotes, misioneros, etc. Pero esta tarea no es para unos solamente, sino para todos los que le conocen y creen en Él. Los Apóstoles fueron dando testimonio de Jesús entre sí (Andrés le habló a Pedro, su hermano; Felipe a Natanael, la samaritana, que no era discípula, también fue instrumento para que muchos conocieran a Jesús). Se simplificaría la misión si ganamos para Cristo a la persona más cercana y ésta a su vez gana a otra y así continuamos la tarea, como eslabones formando una cadena.
 
El testimonio no es tanto de palabra sino de obra, ya que la transformación que Jesús hace de nosotros, será para los que nos conocen, la mejor prueba del poder de un Dios vivo “Tened en medio de los gentiles una conducta ejemplar, a fin de que en lo mismo que os calumnian como malhechores, a la vista de vuestras buenas obras den gloria a Dios en el día de la Visita” (1 Pedro 2, 12). Pedro en su primera carta indica la forma en que las personas deben dar testimonio, llegando incluso a ganar para Dios a los esposos que se resisten a la fe “Igualmente, vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos que no creen en la Palabra, sean ganados no solo por las palabras sino por la conducta de sus mujeres, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa. Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios” (1 Pe 3, 1- 4). Así, pues, a pesar de ser incapaces e imperfectos, si vivimos como Jesús nos indica y nos vamos transformando a la imagen de nuestro Creador, testificaremos de Jesús con nuestro comportamiento, siendo como el buen olor de Cristo “Gracias sean dadas a Dios que nos lleva siempre en su triunfo, en Cristo y por nuestro medio difunde en todas partes el olor de su conocimiento. Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden” (2 Corintios 2, 14-17).
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