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Se pone de moda otra manera de discriminación en las aulas universitarias

El miércoles 18 septiembre, 2013 a las 10:33 pm

Diego Luis Carabali1Autor: Diego Luis Carabalí Carabalí

En el mundo se alude de manera persistente al término “DISCRIMINACION”. Hay quienes lo interpretamos de una forma, otros diferente.

Los distintos significados que han sido plasmados en diccionarios o en traducciones diversas, permiten entender o confundir su verdadera acepción. Claro que no hay lugar a dudas en definiciones literales como estas: “Discriminación es el acto de separar o formar grupos de personas a partir de un criterio o criterios determinados. En su sentido más amplio, la discriminación es una manera de ordenar y clasificar. Puede referirse a cualquier ámbito, y puede utilizar cualquier criterio”. “Situación en la que una persona o grupo es tratada de forma desfavorable a causa de prejuicios. Dificultad o imposibilidad en el ejercicio pleno de los derechos y libertades básicas en un plano de igualdad respecto de cualquier ciudadano”.

La discriminación es un acto de separación de una persona o un grupo de personas a partir de criterios determinados. Creerse superior a otra persona y así, maltratarla física o mentalmente causando efectos negativos en la otra persona. En su sentido más amplio, la discriminación es una manera de ordenar y clasificar otras entidades. Puede referirse a cualquier ámbito, y puede utilizar cualquier criterio. Si hablamos de seres humanos, por ejemplo, podemos discriminarlos entre otros criterios, por edad, color de piel, nivel de estudios, nivel social, conocimientos, riqueza, color de ojos, orientación sexual, etc.

Se considera discriminación a «toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, talla, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas».

Con estas precisiones, me permito expresar mi pensamiento respecto al tema y orientarlo a la razón de mi titular “Otra manera de discriminación en las aulas universitarias”, pues sigue haciendo carrera el modelo y mecanismo nefasto, incómodo, denigrante y humillante que se utiliza para exigir, reclamar, presionar, persuadir y por qué no, cobrar y recaudar dineros por costos educativos incluidos en los distintos montos en que se tasa cada una de las carreras profesionales, ya sea en la modalidad semestral o anual. Lo que quiero manifestar es que distintas universidades del país, entre ellas la mía, Fundación Universitaria de Popayán (FUP), para exigir los pagos a estudiantes por derechos de matrículas financieras y demás emolumentos, con el fin de activar la matrícula académica en el sistema, para que el estudiante goce de plenos derechos, incurren en ‘apartheid’, separación, o mejor, discriminación.

Ocurre que en los respectivos grupos de estudiantes, colocan sus nombres en listas que son publicadas a través de correos electrónicos de directivos, administrativos y docentes, y en de listas impresas que son anunciadas en pasillos y demás espacios de la sede universitaria, sin claridad, precisión y aún más, sin tener en cuenta los distintos actos administrativos establecidos, aprobados y firmados entre las partes como sistema de pagos, financiación y demás contemplados para estos menesteres, tales como: créditos ICETEX (fondos ordinarios, comunidades negras e indígenas), los cuales son establecidos y reglamentados por Ley en Colombia y que determinan unos esquemas y calendarios de los cuales tiene pleno conocimiento la Universidad, ya que un alto porcentaje de costos educativos son financiados por el ICETEX. Considero que la universidad debe respetar esos plazos y calendarios pre-establecidos, así sean de manera temporal, que conceden derechos a los estudiantes tales como tener ingreso a la sede universitaria, recibir sus clases y cátedras en igualdad de condiciones, presentar sus evaluaciones, conocer el resultado de sus notas, y no ser molestado, perturbado y mucho menos ser sometido a escarnio público de manera permanente haciendo requerimientos a través de medios inadecuados que insinúan otra manera de discriminación en las aulas universitarias.

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