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SE NOS MUEREN LOS GORRIONES SIN ATAÚDES

El lunes 10 abril, 2017 a las 6:33 pm

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

http://elpais.com/elpais/2016/03/18/ciencia/1458315456_011286.html

Sí, la pareja que existe y se ha reproducido por milenios sigue dando qué hablar en este siglo de guerras, conquistas espaciales y de efecto invernadero. Se ha crecido la oferta de viajes y todo el mundo conoce ya la tierra entera. Las comunicaciones, el internet, la TV y el dinero pueden hacer pasar siglos en un quinquenio.

Pero hay cosas, flores y vuelos que se nos están ocultando en el recodo y en el misterio. La Naturaleza cobra su existencia. Hemos obrado con inclemencia y hemos dejado acabar la vida de seres con alas inocentes que han sumergido sus vidas tan cerca de nuestra mano pero sin darnos cuenta.

Otra vez El País de España nos hace parar el corazón por la sorpresa. Los vimos desde niños y los sentíamos parte del paisaje, a nuestro alcance. Volaban de rama en rama ante nuestros ojos, se balanceaban y se lanzaban raudos en el pastizal a picotear las semillas y las briznas de hojitas verdes en las vegas de las quebradas. Por las mañanas alegraban el paseo por la carretera vacía y sin peligro, aún no pavimentada.

No tenían un canto fluido ni largo. No. Eran píos repetidos o su piar era breve. Su canto era tan sencillo como el del niño que aún no poseía completo su vocabulario y hablaba a media lengua. A las 6:00 a.m. ya estaban buscando su sustento casi siempre en parejitas.

Los distinguíamos por sus alas saraviadas, con unas pintas entre grises y amarillentas y moteadas. No eran aves elegantes ni caminaban como las mirlas que parecen señoritas muy pinchadas para posarse en el suelo y con pasos a saltitos, de coquetería. No. los gorriones eran sujetitos corrientes, sin vanidad ni engreimiento. Eran unos pajaritos a todas luces sencillos y a diferencia de Ernesto, sin importancia por no llamarse sino gorriones. Pero alcanzaba su gracia para acompañarnos en las caminatas.

Los he visto en Europa y EE. UU. Tan de buenas ellos, los niños y los gorriones de allá. Tal vez la polución, los bosques son mejor apreciados y el gobiernos y las entidades ecológicas los protegen. Algunos países los han declarado aves de la región y nacionales. Y los tienen en museos con membretes o inscripciones que hablan de su hábitat, su comida, sus características y sus fotografías a color. Yo los tengo en mi fantasía, muy vivos y guardados con algo de saudade.

Hoy, – que los veo reseñados y mojando prensa o imagen virtual en el periódico más cultural que reconozco, me he llenado de alegría por volverlo a ver, aunque sea nombrado y en foto. Lo registro en mis recuerdos de infancia y escribo a su memoria. Vuelvo mis ojos, como lo hace la inmensa poeta Marga López de La Ceja, y me digo que fui un afortunado porque lo podía saludar todos los días y lo contaba como de mi familia. Hoy estoy solo, como él sin su pajarita y sin su rama o su campiña.

10-04-17                                             12:03 p.m.

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