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Domingo, 8 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

Se la tiraron

El miércoles 15 mayo, 2019 a las 4:37 pm
Se la tiraron
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Se la tiraron

Fue un sueño. El aire volátil de lo que pudo ser una Colombia en paz. Duró lo que dura un suspiro, o como decía mi abuelo: lo que dura un pedo en una jigra rala. Fue una fiesta que duró desde la firma del acuerdo, hasta el fin del gobierno Santos con todos los desaciertos, donde se involucró la comunidad internacional, el papa, las organizaciones que propenden por la paz y la convivencia mundial.

Se tiraron la paz quienes carecen de cerebro. Los que respiran odio en cada expresión. Y los que tienen sumo interés en que el conflicto continúe porque de la guerra obtienen réditos, llámese políticos, económicos, o de statu quo. Fueron quienes desde un comienzo se opusieron, mintieron en su refrendación, utilizaron argumentos manidos y finalmente convencieron a una estrecha mayoría de que la firma de la paz era una concesión con impunidad, cuando no existía otra posibilidad de acabar con un conflicto de más de sesenta años, en donde se habían ensayado todas las estrategias militares, todos los argumentos de guerra, toda la represión con que podía contar un Estado.

La guerra, nuestra guerra, caracterizada por la crueldad ha sido una guerra irregular llena de salvajismo, deja la considerable suma de más 260.000 muertos, 7.7 millones de desplazados, una cifra que supera la población de Costa Rica, más de 82.000 desaparecidos. Pero esas cifras no parecen decirle nada a quienes promueven la confrontación, y desde la posición del actual gobierno se ha retornado a la crueldad de la guerra, con el asesinato de exguerrilleros, líderes sociales, defensores de derechos humanos. Una política sistemática que surge tan pronto se posiciona el presidente Iván Duque.

Ya llevamos 205 líderes sociales asesinados. En los últimos tres meses el número de líderes sociales asesinados bordea los 105. Y el exterminio, como sucedió con la Unión Patriótica hace algunos años, es de personas que mueren por desempeñarse tan solo como presidentes de una Junta Comunal. De tal magnitud es el problema. Y la respuesta del Estado se va en justificaciones como “lío de faldas”, “problemas personales”. Y de excombatientes asesinados, según el partido FARC, 104, desde que va corrido el acuerdo de paz. Mientras tanto, sin ninguna responsabilidad, dirigentes políticos continúan dando declaraciones irresponsables desde el congreso, desde las altas esferas del gobierno, desde los medios de comunicación, incendiando, haciendo imposible que se pueda consolidar un proceso de reconciliación entre todos los colombianos.

Es como si descansaran sobre un colchón ensangrentado para asegurar que la paz no conviene al país, que la guerra es la única manera de vivir, o que tienen que exterminar a todo aquel que esté en contra de sus actuaciones, que controvierta sus posiciones, que tengan otra visión de la vida. Pero no es solo eso: piensan que tienen que acabar con todo aquel que propenda por organizar a la población de su entorno, de su barrio, de su vereda. Muchos aplauden los crímenes de una acción para la que sobra cualquier calificativo.

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