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¿Santos y el laberinto de la paz?

El jueves 7 agosto, 2014 a las 10:12 am
Carlos E. Cañar Sarria

CARLOS E. CAÑAR SARRIA 

carloecanar@hotmail.com

            El presidente Santos parece encontrase en un laberinto si se tiene en cuenta que una de las razones que permitió su reelección para un segundo mandato fue el compromiso de culminar exitosamente el proceso de paz iniciado hace cuatro años. Ante la escalada terrorista de los grupos guerrilleros, Santos advirtió a las Farc y al Eln, que están jugando con candela y que los diálogos que sostienen con el Gobierno, pueden estar a punto de abortar.

             Los frecuentes ataques de la guerrilla en contra de la infraestructura nacional y la población civil; que no han tenido misericordia con víctimas inocentes como la niña indígena de Miranda y la pequeña hija de un patrullero de la Policía; la voladura de oleoductos, ataques contra la carretera Panamericana, etc. han originado voces de protesta por todo lado y generado dudas en la opinión pública nacional e internacional sobre la posibilidad de una culminación exitosa del proceso de paz, que tantas expectativas despertó en millones de colombianos, que cansados de tanta violencia respaldamos la reelección del primer mandatario.

            La paz fue el objetivo central de su reelección y ante la posibilidad de derrumbarse las negociaciones, restaría sentido su continuidad en el poder. Santos sabe sobremanera quiénes son los actores con que se ha sentado a negociar y sabe a ciencia cierta los límites y alcances de las negociaciones en lo que lleva el proceso. La guerrilla también debe saberlo, lo cual no justifica los argumentos de las Farc en el sentido de que el Gobierno quiere la paz a cambio de nada, tal como algunos miembros de este grupo insurgente expresaron recientemente a la revista Semana.

            El país por su parte, debe saber que procesos de este tipo no son nada fáciles, sobre todo cuando se negocia en medio de la guerra y sin cese de hostilidades. Desconcertó la enérgica posición presidencial por las implicaciones que puedan suscitar un rompimiento de las negociaciones a estas alturas del proceso.

           Ante la escalada terrorista, Santos en forma contundente ha reclamado a los alzados en armas la protección de la población civil, del medio ambiente y del patrimonio económico del país. Recordándoles que la guerra es entre combatientes y no en contra de la población civil. Pensamos que así sea entre combatientes, la guerra tiene límites. En otras palabras, es necesario recordar los postulados del Derecho Internacional Humanitario, que entre otras cosas, está destinado a humanizar el conflicto y a hacer clara la advertencia de que en la guerra no todo está permitido. Vale la pena enfatizar la sentencia de Montesquieu en “El espíritu de las leyes”, cuando se refiere al derecho de gentes como el derecho fundamentado “en el principio de que todas las naciones deben hacerse en la paz el mayor bien posible y en la guerra el menor mal posible…”. El envenenamiento de 7 soldados por parte del Eln en Arauca, de los cuales uno murió evidencia el irrespeto al derecho de gentes. De ahí que la sociedad civil aspira que los grupos guerrilleros den muestras de reconciliación, que cesen los ataques terroristas y dejen de perpetrar más atentados contra la población civil. Que continúen avanzando las negociaciones y que se allanen los caminos para una paz pronta y duradera. La comunidad internacional ha venido apoyando el proceso y aspira que los diálogos continúen.

            Altos jerarcas de la Iglesia Católica, recomendaron al Presidente, continuar con los diálogos a pesar de las tempestades. Monseñor Luis Augusto Castro afirmó: “Escaladas de violencia como la que estamos viviendo ha habido muchas, pero procesos de paz como este que estamos viviendo es único y singular”. En reciente encuentro entre Santos y Maduro, el presidente venezolano reiteró su respaldo al proceso.

           Desde el inicio de su mandato, Santos enfatizó que la paz no se haría a cualquier precio. Y ello está bien, pues no le impide en cualquier momento romper el proceso cuando se considere que se resquebrajen las reglas de juego establecidas entre los actores sociales en confrontación. El Gobierno ha sido generoso en términos de reconciliación y prácticamente se ha jugado y se sigue jugando su capital político. El problema es que a estas alturas del proceso, cuando en su campaña por la reelección fue enfático en que faltaba poco para un acuerdo definitivo, desconcierta y preocupa el futuro del Presidente y del país. Por lo tanto, el segundo periodo de gobierno estaría revestido de una alta dosis de ilegitimidad.

          En estas circunstancias adversas, la mesura es la mejor virtud. Las Farc y el Eln tienen la más clara oportunidad de reivindicarse con un país que está cansado de tanta violencia y que ansía y merece vivir en paz. Esta es la posibilidad  que tienen los rebeldes de salir de la barbarie a la civilización. Y para ello deben mostrar gestos de paz, manejar un discurso coherente y dejar la soberbia.

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