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Santos, El Restaurador

El domingo 27 junio, 2010 a las 11:33 am
Jose Lopez Hurtado*
Nuevos y saludables aires se respiran después de la intervención del Presidente electo de Colombia Juan Manuel Santos, cuando reclamaba su triunfo apabullante en las elecciones el domingo anterior.
Prácticamente no hubo tema alguno del que no se ocupara en su discurso significativamente incluyente, sobrio y esperanzador, pero sobre todo, cargado de una alta dosis de conciliación, cuando ya los colombianos no soportaban más el clima enardecido de la creciente polarización, ambientado desde la propia sede presidencial de la Casa de Nariño.
Los hechos producidos por el nuevo mandatario en las últimas horas, así lo confirman. Colombia es un Estado de Derecho, con una estructura piramidal de poderes fundamentada-como en todos los países democráticos de América Latina y el mundo-, en la clásica división de Montesquieu , en la que se privilegia el respeto por la autonomía de sus decisiones judiciales, sin indebidas presiones. Ese esquema, había sido hecho trizas por los recurrentes insultos y agravios del Presidente Uribe a los magistrados de las Altas Cortes, cuando le desagradaban sus fallos. Afortunadamente, Santos, acaba de tender puentes de reconciliación con esa importante rama del Poder Público.
Otro de los frentes de avanzada del nuevo gobierno será el económico y el fiscal, según se desprende de sus primeros anuncios. No puede seguirse presentando el divorcio entre el auge en los estándares macroeconómicos y la creciente pauperización de sectores cada vez más numerosos de la población colombiana, que se debaten entre el desempleo e indignas condiciones de vida.
Pero sin duda, en nuestro criterio, será en el ámbito externo, en el que el gobierno de la “Unidad Nacional”, deberá afrontar uno de sus mayores desafíos, el de recomponer el marco de las relaciones con sus vecinos más próximos, deteriorado por la inexistencia de una verdadera política internacional durante los últimos ocho años, como lo hemos criticado sin descanso. Ecuador y Venezuela, han sido nuestros socios naturales y deben seguir siéndolo, como Chile, Perú o Argentina. Espera al nuevo gobierno una esforzada agenda al interior de UNASUR que le permita copar los espacios de decisión protagónica que le corresponden y de los que ha sido desalojado, más por imperdonables impericias e imprevisión, que por presiones ajenas de otros países de la región. Y en ese marco instrumental, buscar el esclarecimiento de algunas posturas dudosas de países como Brasil, que han afectado gravemente los intereses de la integración en la región, particularmente los nuestros.
Ni qué decir de la nueva agenda de nuestra diplomacia en Europa, que deberá desmontar el libreto paralelo que funciona con éxito hace varios años, montado por parte de los grupos subversivos en las principales capitales del Viejo Mundo. Y del fortalecimiento de nuestras relaciones con la Casa Blanca, que deberían apuntar inicialmente al escrutinio público del TLC y de la instalación de las bases militares. María Ángela Holguín, la nueva Canciller, es prenda de garantía, por su experiencia y seriedad, para obtener el éxito en esos propósitos.
Espera pues a Santos una gran tarea restauradora del Estado colombiano, en muchos escenarios devastados por su antecesor, y para eso cuenta con el gran capital de los partidos, especialmente del Cambio Radical -dotado de un atractivo potencial de innovación ideológica-, y el Liberal, que le han ofrecido su respaldo, más allá de consideraciones burocráticas y de clientelismo político, con su feria de corrupción y mezquindades. Colombia acaba de dejar atrás la interminable noche del poncho y del carriel y de los gritos de mayoral, y se apresta a construir con Santos, un auspicioso amanecer.
*Analista Internacional, colombiano.
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