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Martes, 24 de mayo de 2022. Última actualización: Hoy

Santander de Quilichao, hogar de los “Chamos”

El sábado 11 mayo, 2019 a las 9:23 am

Por Sophia Hernández

El éxodo de venezolanos se ha convertido en un reto para la economía de Colombia, ya que la mayoría ha optado por desplazarse a las grandes ciudades como; Bogotá, Medellín, Cartagena y Cúcuta, siendo esto un arma de doble filo. Al emigrar a sectores tan poblados, la competencia laboral es aún mayor, sin embargo, esto no ha sido impedimento para estos extranjeros, pues la necesidad de querer una mejor calidad de vida los ha obligado a tener que rebuscarse, el título universitario lo guardan en la maleta y salen a la calle a conseguir oportunidades de empleo, lo único que los venezolanos tienen en la mente es poder conseguir un trabajo digno para ayudar a sus familias que siguen en Venezuela.

A raíz de esto, las principales ciudades de Colombia han dejado de ser el punto de llegada de los venezolanos. Otros migrantes han tomado la decisión de caminar desde Cúcuta hasta el Departamento del Cauca, Mi esposo llegó a Bogotá, pero era muy duro conseguir un empleo, por eso el tomo la decisión de irse a Santander de Quilichao y luego vine yo, sentimos que este podía ser nuestro hogar” expresó Ana Virginia Aponte Marvaéz de 48 años de edad.

Santander de Quilichao, ha sembrado en los venezolanos esperanza, esta tierra de emprendimiento ha permitido que los “Chamos” (como cariñosamente les dicen) encuentren un lugar al que llaman hogar, por eso el equipo de Proclama del Cauca entrevistó a varios emigrantes que residen en el municipio, ¡y éstas, son sus historias!

9 de cada 10 venezolanos que abandonan su país son jóvenes, en edades comprendidas entre 15 a 23 años, ellos cuentan con algo a su favor y es la motivación de querer entrar al mercado laboral, y así fue el caso de Luis José Ojeda Sánchez, quien dejó su patria a los 16 años de edad, “No pude terminar los estudios, vivir en Venezuela era imposible, así que tome la decisión de irme” indicó Luis, reparando que al día siguiente de haber llegado al municipio de Santander de Quilichao empezó a trabajar en una barbería ubicada en la calle 6, “No quería desperdiciar ni un segundo, así que solté mi equipaje y salí a la calle a probar suerte”.

La historia se repite unas calles más arriba, José Miguel Rodríguez Acosta, un muchacho de 23 años graduado en Ciencias Audiovisuales Mención Fotografía llegó al Cauca con un bolso en el que apenas tenía 4 camisas y un par de zapatos. José Miguel inició trabajando en un autolavadoy el dinero que ganaba se lo enviaba sus padres “Al principio fue duro, yo quería ejercer mi profesión, pero no estaba en condiciones de ser exigente “, durante la entrevista nos aludió que con el tiempo logró conseguir un trabajo en una agencia gráfica ubicada en la carrera 10 No sabía nada sobre diseño gráfico, sin embargo el señor que ahora es mi jefe me enseñó todo lo que sé y así fui aprendiendo” dijo José mientras sonreía, aunque la sonrisa duro unos segundos, de repente su rostro se tornó serio y comentó: “Me da pena tener que decir que hay venezolanos que salen del país hacer fechorías, no todos son así, por lo menos en mi caso, yo salí a trabajar, quiero aportar en el desarrollo de Santander, y agradezco a todos los quilichagueños por permitirme estar entre en sus bellas calles”.

Estos jóvenes pudieron ser lo que querían en su país, pero aquí están, a 2.242 kilómteros de distancia de sus hogares, trabajando para crecer como profesionales en el Cauca.

Otro escenario es el de Ana Virginia Aponte Marvaéz quien trabajó en una agencia de modelaje rodeada de moda, farándula y fotografía, pero nuevamente la situación que ha afectado miles de hogares venezolanos fue lo que la condujo a cruzar la frontera. Ana se dedica a elaborar postres y ofrecerlos en los locales del municipio, “El venezolano siempre ha sido guerrero y echao pa´ lante, así que no puedo quedarme atrás” reveló.

Este grupo de venezolanos tienen algo en común, sus buenas intenciones, sus ganas de aportarle a los lugares donde residen, Quilichao en su segunda casa, cada uno libra su propia batalla y aunque no es fácil iniciar, ellos agradecen las oportunidades que han tenido en la región, solo queda decir: ¡Gracias Santander!

Por Sophia Hernández

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