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SANGUIJUELAS

El viernes 11 marzo, 2016 a las 9:38 am

Phanor TheranPhánor Terán, Tunía, marzo 11 de 2016.- Es singular la modernización del Estado colombiano, reviviendo las viejas formas del estado colonial, de la dominación española para la mejor administración de sus intereses y de sus conciudadanos los conquistadores.

Los famosos operadores.

En aquellas viejas épocas no se llamaban, obviamente, así. Eran los calpisques, capataces, caciques que para diferenciarlos de la población rasa, y darles rimbombancia, recibieron un título especial. Eran los DON. Título que, por supuesto, ahora no significa mayor cosa, salvo que en la usanza popular, endilgarle el Don a alguien representa, en términos cristianos, un signo de respeto sobre todo a las personas mayores. ¡Puaf! Muy eficaz. Puesto que no es lo mismo un Don, que un indio patirajado.

Eran estos intermediarios encargados de establecer lazos de comunicación en virtud de haber aprendido el español y haber aprendido a doblar la cerviz. Sistema, de dominación y exclusión, no desconocido en la historia universal: los campos de concentración nazi eran administrados no por los gendarmes de la SS ni por los ciudadanos blancos, puros y arios sino por judíos mismos. Regalados, les decimos. No hay cuña que apriete más que la del mismo palo.

Intermediarios eran, de las medidas españolas pensadas dizque para proteger a los indígenas: recolectar los impuestos, hacer cumplir designios. Estando el Rey, allende los mares, rápidamente se, y los, convirtieron en sacamicas de los ciudadanos españoles, aprendiendo, por aquello de la malicia indígena, a sacar provecho de su situación: utilizar el dinero para sus propios negocios, ostentación de poder y dominación. Ni tontos que fuéramos para olvidar las andanzas del precursor de la patria con los dineros públicos: Don Antonio Nariño.

Ahora, los “altos funcionarios” (El Estado), las juntas directivas de los grandes negocios, sustraídos en la competitividad, la modernidad, la eficiencia y sublimes fines, descubrieron que todo tiempo pasado fue mejor: dejar que la minucia de la vida cotidiana, la democracia, esté a cargo de operadores, DONES, calpixques, intermediarios, sanguijuelas devoradoras, capataces exprimidores.

Por la borda, profesiones por respetables que hayan sido, ciudadanos silvestres, madres comunitarias y su voluntariado, sindicatos, comunidades, atención y estima del ciudadano, miserables artistas y sus “salas concertadas”.

Todo parecido con la democracia es mera realidad.

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