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SAN ARMANDO

El martes 28 mayo, 2024 a las 1:22 pm
San Armando

SAN ARMANDO

Por Jaime Cárdenas / Cuando el poeta uruguayo Mario Benedetti se va al exilio en 1974, el Papa Francisco era arzobispo de Buenos Aíres. En ese año lo leyó por primera vez y quedó conectado con sus poemas en los que la hermandad, la solidaridad y el amor tenían nuevas formas de expresarse.

Eduardo Galeano y Mario Benedetti
Eduardo Galeano y Mario Benedetti / Imagen: https://portalvallenato.net/

Al viajar a Roma, ya de Papa, llevó en su modesta maleta el viejo ejemplar de los poemas del uruguayo y otro de Eduardo Galeano. De manera que al oír por voz de su reciente secretario, el sacerdote argentino Daniel Pellizon, que entre los que asistirían a sus bendiciones el 23 de mayo pasado se encontraba Benedetti, se entusiasmó por ese pequeño milagro de encontrarlo personalmente.

El paso del tiempo es implacable. Al dar las bendiciones papales en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco se encontró con Benedetti, sólo que este hombre de patillas y ojos de chigüiro no tenía el acento sureño de los de montevideanos, para el Papa inconfundible, sino que hablaba rápido como los caribeños. En todo caso lo bendijo. Le preguntó por sus poemas y Benedetti le respondió que tenía un libro en preparación dedicado a María Magdalena. En ese momento el Papa soltó la carcajada, así se lo ve en la foto, sonriendo, mientras sostiene la mano de Benedetti que ha entornado sus parpados al enviado de Dios en la tierra, en un gesto que deben envidiar los santos más curtidos del cielo. Optó el Papa por reír, debió decirse: che Bergoglio, qué boludo sos, no recuerdas que Benedetti, el poeta, se murió hace rato, este es el colombiano, aquel del poema a la igualmente brillante Laura Sarabia:

“Tú eres la pendeja
Del conjunto residencial
Ese cagado donde vivías”

En efecto, se trataba el embajador eterno de Petro, ahora en Roma representando al país ante la FAO y llama la atención que el Papa, experto en distinguir entre el bien y el mal no le viera la ostentosa cola, ni el trinche, que no percibiera el olor a azufre que enrarecía el aire de esa cálida mañana.

En Armando Benedetti y en la peregrina tutela que sobre él se ejerce, como si se tratara de un gran luchador por las causas nobles de la patria, como si fuera un talento excepcional insustituible, se concentran y concretan las contradicciones irresolubles de un proyecto colectivo frente al cual, quienes lo apuntalan, ignoran en las decisiones y en la dirección a quienes se convocó con el propósito de entender y transformar este mundo tan complicado, y dolorido, cerca de la esquizofrenia que se llama Colombia.

Todos esos jóvenes que en el gobierno de Duque desafiaron su violencia fascista hasta el momento no son protagonistas de nada y en ellos, por obvias razones debe concentrarse todo. Pero, ellos no se han quedado esperando y como la Penélope de la canción de Serrat, se han levantado de otra manera, y hoy el fantasma de la Constituyente Universitaria es un viento fresco que recorre las universidades. No sabemos aún a dónde se llegue, podría ser que en paralelas cercanas se avance con la idea de la Asamblea Nacional Constituyente única solución a la crisis del país.

Vale de paso escuchar a Marta Harnecker:

“¿Movilizan a los trabajadores y pueblo en general para llevar adelante determinadas medidas e incrementan sus capacidades y poder? ¿Entienden que necesitan un pueblo organizado, politizado, capaz de presionar para debilitar el aparato estatal heredado y poder así avanzar en el proceso de transformaciones propuesto? ¿Entienden que nuestros pueblos tienen que ser actores de primera línea y no sólo de segunda? ¿Oyen y otorgan la palabra a sus pueblos? ¿Entienden que pueden apoyarse en ellos para combatir los errores y desviaciones que vayan surgiendo en el camino? ¿Les entregan recursos y los llaman a ejercer la contraloría social del proceso? En síntesis, ¿contribuyen a crear un sujeto popular cada vez más protagónico que vaya asumiendo responsabilidades de gobierno?”

Volvamos a Armando Benedetti y sus méritos. Con esa foto con el Papa tiene licencia para matar.

Se cuenta de un abogado al que se le asignó la fila de los que iban para el infierno, pero que burló la vigilancia y pudo pasar a la fila de los que iban al cielo. Al llegarle el turno San Pedro examinó su hoja de vida y le dijo que le correspondía la vida eterna en las llamas. El abogado le pidió identificarse a San Pedro quien en el momento no tenía la documentación que lo acreditara como secretario del cielo, por ello, para evitarse líos judiciales el santo le abrió la puerta del cielo al abogado.

Podemos imaginar a San Pedro:

-Oiga usted corroncho, se pasó a la fila equivocada. A usted le corresponde el pabellón Caribe I, con Diomedes, La Gata, Gerlein y los Vives.

SAN ARMANDO

Y a Armando Benedetti, discutiendo con San Pedro quien no le entiende nada, podemos vislumbrar que Benedetti le envía el WathsApp con la foto en la que aparece con su santidad y podemos prever que San Pedro resignado le abre las puertas del paraíso.

Seguramente no faltará otro Papa quien lo canonice: San Armando Benedetti, patrono de los embajadores progresistas.

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