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Salvajina siempre un fantasma para pensar

El lunes 24 agosto, 2020 a las 11:04 am
Nelson Eduardo Paz Anaya

Salvajina siempre un fantasma para pensar

Un cuento ecológico comunitario de fantasías y realidades.

La oralidad regional, conserva la leyenda conforme a la cual, desde remotas épocas, cuando se encontraron en la desembocadura del rio Inguitó, en Mindala por los lados de las lomas de Damián, los indios, los afros y los campesinos de la zona, enlazaron sus sueños atávicos y sus arrestos mitológicos con sus tierras, dando nacimiento a Salvajina, el espíritu ecológico que nacía de la naturaleza.

La naturaleza juntó allí a tres actores de un modelo que funcionaba para la buena vida: la Tonga, forma de distribución equilibrada de beneficios a partir de la capacidad física individual para trabajar; la Minga, juntarse para hacer algo para todos, y la Mano Prestada, yo te doy mi trabajo, tú me das el tuyo; en un espacio en donde todo era de todos.

Según la narración, cuando los jesuitas llegaron a tratar de dominar estas tierras, en los años de 1600, se vieron asombrados por la leyenda de la niña reluciente que parecía flotar entre las ramas de los árboles; con su cabellera larga y abundante, de crespos grises que cubría su refulgente cuerpo, dejando lucir sus pulseras y diademas de amarillo brillante.

Cuando aparecía, entre el relámpago y el trueno, la acompañaba el sonar de los animales salvajes que al tiempo soltaban sus monotonías reiteradas, que aturdían los oídos y confundían la mente y la razón de quienes escuchaban sus ecos.

En el imaginario se formaba un bucle ecológico, se cruzaban la zoología, la botánica, la minería, la naturaleza actuando en defensa del hombre y del planeta, era la tierra de la diversidad étnica, del sentir de los animales y del subir de las plantas, creando sus propios mensajes de equilibrio y protección.

Era Tillandsia Usneoides, el musgo crespo y gris que se mecía en las ramas de los arboles gigantes de toda la cuenca del Rio Cauca, de la familia de las bromeliáceas, guardianas de los suelos húmedos y tibios, parasitas y acompañantes de los crecimientos regulados del bosque.

Cuando la familia Concha de Popayán, más de un siglo después, supuestamente compró esas tierras y envió sus capataces, a estos de igual manera Tillandsia, para entonces ya conocida como Salvajina en el mundo lugareño, volvió a dar un paseo, se vieron sus apariciones y se renovó el sonido de los animales, con la coincidencia de las tempestades terroríficas de la zona, expulsando a los intrusos.

Al terminar la esclavitud en Colombia, organizarse los resguardos indígenas y asentarse comunidades campesinas y afros en estas cuencas, se concertó la vida entre los hombres, se conservó un trato sagrado con la naturaleza y la fantasía de la salvajina disfruto de su ambiente intacto meciéndose con el viento.

En la tierra de la Salvajina, el enlace de la diversidad étnica; de todos los climas, de las aguas, de los suelos, de alturas y valles, biodiversa, de todos los colores, con sinfonía de sonidos, con el infinito de olores, la inmensidad de sabores, todo dispuesto para ser llevado a la mente por el tacto, en una realidad mágica que atrae y en donde parece la mujer con su sentido lo dispone todo.

La fauna, la flora, los minerales, en la relación sutil con el trabajo de sus hombres, en la integración de sus habilidades con el conocimiento, en el proceso de los múltiples esfuerzos dan forma al pensamiento, creando la cultura para sostener la vida.

Salvajina siempre un fantasma para pensar

Con el tiempo, se dijo la “Salvajina sería el parto de una quimera”. Llegaron hombres extraños que cortaron los árboles, levantaron un muro, inundaron la cuenca. Tillandsia imaginada, – Salvajina, entendió que su presencia no era suficiente asustando en las ramas de los árboles, entonces resolvió meterse en el cerebro, la mente y el pensamiento de todas las generaciones para protestar contra quienes extraen, sin concertar, sus recursos naturales.

Tillandsia, Salvajina, alegría para unos, protesta y dolor para otros, es y será siempre un fantasma, motivo de meditación y de toma de conciencia para el Cauca.

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