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Rubiela Aroca Vargas

El lunes 16 enero, 2017 a las 9:42 am
Diogenes Diaz Carabalí

Por: Diógenes Díaz Carabalí.

Algunas personas pasan por el mundo marcando huella en aquellos que se acercan a ellas, permiten conservar una amistad perdurable y compartimos momentos inolvidables con quienes los reencuentros se hacen para reír de la vida, lo que da su presencia, esperanza de encontrar paz más allá de la muerte. Por fortuna esas personas son escasas de lo contrario nuestra vida sería un rosario irrompible de lágrimas, cuando sabemos que las ausencias dejan un vacío profundo como algo que nunca volvemos a recuperar.

Hago el anterior comentario al conocer del sensible fallecimiento de mi amiga Rubiela Aroca Vargas en Pitalito. Supe de su penosa enfermedad cuando la había vencido ya, y en un intento  por animarla, como sin duda lo hicieron muchos de sus allegados, apenas respondió con un tenue “Gracias” a una hora poco usual, la 1:30 de la mañana, a pocos días la enfermedad, o la voluntad de Dios, se la llevó para dejar un legado de tenacidad, de perseverancia, de tesonera capacidad para superar dificultades.

De humilde familia, con escasas posibilidades económicas y mucho esfuerzo, cursó sus estudios en la universidad Libre de Bogotá donde se tituló como abogada, actividad que desempeñó con éxito; posteriormente se especializó en Derecho Público en la universidad Javeriana. Había nacido en Pitalito en el año 1967, y vivió su infancia en la región caucana de Villalobos donde muy joven tuve la oportunidad de conocerla. Desde entonces nos unió una gran amistad que pudimos cultivar en encuentros para rememorar historias y ventilar problemáticas de aquella hermosa región de la que nunca fue ajena, herencia de su padre quien  quiso reivindicarla, muerto en circunstancias de esta guerra que muchos se niegan a reconocer pero que ha golpeado tan profundamente la historia nuestra y ha victimizado a tantos compatriotas.

Madre de dos hijos, Carlos Andrés y Lucas Manuel, su hermana Yubeli la describe como “una gran madre, hija, hermana. En su trabajo una excelente profesional, como madre exigente en la educación de sus hijos, le encantaba viajar y eso le llenaba su corazón de alegría. De carácter fuerte y corazón noble, perseverante en sus propósitos, de buen corazón y muy generosa”, deja en la memoria de quienes la conocimos el recuerdo de un rostro sonriente en medio de la dedicación a sus actividades, presta para el servicio, hecho que sin duda abre el interrogante de porqué la ausencia de los seres que fijan estación en nuestros sentimientos a tan temprana edad, algo inesperado, para conmocionar a lo seres más cercanos, a su familia, como inevitable signo del destino. Queda rendir homenaje a su memoria, recordar el bien que hizo, su desprendida forma de actuar, para decir que un día la muerte nos visita, y entonces es importante valorar el esfuerzo que hemos hecho por superar las dificultades y cómo hemos puesto nuestro dones al servicio de los otros, como único capital para enseñar en el recuerdo de quienes nos rodearon, lo que sin duda Rubiela Aroca Vargas tuvo presente durante su existencia. Paz en su tumba.

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