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Lunes, 13 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

Roscas

El martes 28 enero, 2020 a las 11:08 am
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               En el sistema y régimen político clientelista, el Estado ofrece los recursos que posibilitan la intermediación e intercambio de prebendas y favores por votos. Quienes acceden a los cargos o puestos en las diferentes ramas del poder, por lo general son personas que cuentan con el visto bueno, el respaldo y el beneplácito de los partidos y demás sectores políticos que avalan sus nombres para que en el desempeño de sus funciones los represente y pueda retroalimentarse una especie de comercio laboral que impide democratizar la sociedad, al tiempo que se afianza la inequidad y la injusticia con aquellas personas que no obstante estar dotadas de preparación académica, de una serie de valores socioculturales, de habilidades, destrezas pero que sin embargo, son injustamente subutilizadas o marginadas de la rama laboral.

               Personas cuyas hojas de vida con perfiles personales, académicos y profesionales nutridos evidentemente, que podrían contribuir de manera notable en la construcción de un país más desarrollado, más solidario, más incluyente y más pacífico. Pero no, en Colombia priman los oportunismos y las mezquindades.

               La cacareada meritocracia, las denominadas empresas cazatalentos, los concursos de “méritos” producen risa o ganas de llorar. Reiteramos en afirmar que un sistema y un régimen político que descuidan y menosprecian los criterios meritocráticos para acceder al empleo, se deslegitiman fácilmente.

               Más aún, cuando la meritocracia se convierte en promesa de campaña o simples intenciones de los gobiernos. El denominado “roscogramismo”, que no es otra cosa que politiquería, nepotismo, compadrazgo y clientelismo a la lata. Este último – vale la pena aclarar – no es necesariamente corrupción, pero decepciona notablemente a todos aquellos miles de colombianos que gracias al esfuerzo y al estudio han logrado convertirse en profesionales, con brillantes hojas de vida, excelente preparación académica, con valiosos conocimientos y sin embargo, se les coloca múltiples trabas a la hora de conseguir empleo digno y se les niega la oportunidad de realizarse plenamente.

           Resulta muy desconsolador observar personas preparadas y capaces, remplazadas por una partida de incompetentes. Marginamiento que invalida hablar de acertada administración pública, democratización social y legitimidad de las ramas del poder público.

           Reiteramos en la tesis del connotado columnista Daniel Samper  Pizano: “En Colombia no sólo están mal repartidas las riquezas sino las oportunidades. Unos nacen con el nombramiento en el pañal, y otros no consiguen empleo estable nunca. Entre los primeros figuran miembros de las familias tradicionales de Colombia y los parientes de los políticos momentáneamente útiles. Entre los segundos casi todos los colombianos… Algunos consiguen ascender venciendo enormes dificultades, sacrificándose para estudiar y, de vez en cuando, haciendo venias y tragando sapos. Otros, ni así”. Y agrega: “Una revisión de la nómina oficial muestra lo bueno que es pertenecer a un clan privilegiado. Abundan allí hijos, hermanos y parientes de los jefes políticos…” La lista de casos que sustenta Samper es larga, como grande es la espera de muchos colombianos en su lucha por el reconocimiento.

            El clientelismo y la politiquería son patologías que profundizan la inequidad. Las roscas abundan por todos lados. En la administración pública frecuentan las mismas caras y cuando no, aparecen unas nuevas de sus descendientes y familiares.

            Lejos estamos los colombianos del día en que se instituya o consolide una cultura meritocrática para acceder a los cargos. Que la politiquería y el clientelismo dejen de ser opciones de la figuración personal y social. Es común ver en las dependencias oficiales personajes que, con escasos méritos, transitan de un cargo a otro y nunca se quedan sin puesto.

             Coletilla: La reciente visita a Colombia del denominado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, ha desatado una serie de críticas. Sobre todo, ante sus expresiones en contra del senador Gustavo Petro, en el sentido que éste respalda a Maduro y de haber recibido financiamiento del cuestionado mandatario venezolano. La carencia de tino y de diplomacia de Guaidó, no da para más. Que un extranjero venga a difamar de la persona que hace oposición democrática en Colombia es un despropósito que no se puede seguir permitiendo, independientemente de que se esté o no de acuerdo con el dirigente político que de alguna o de múltiples maneras hace eco en el régimen político democrático en nuestro país, además de ser poseedor de una gran representatividad. El silencio del gobierno de Duque ante este hecho, ha sido también duramente cuestionado. Catalogado como cómplice de las ligerezas de Guaidó, a quien se le hizo recibimiento de estadista. Más papaya para memes, caricaturas y comentarios de prensa. Recomendamos leer la más reciente columna de Ramiro Bejarano, en El Espectador, titulada: “Huésped camorrista”.

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