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Jueves, 5 de agosto de 2021. Última actualización: Hoy

REVELADOR

El lunes 17 septiembre, 2018 a las 12:38 pm

REVELADOR

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Las actitudes públicas, mucho más que las privadas, son las que ayudan a los ciudadanos a conformar una idea de sus gobernantes. Es lo que sucedió la semana anterior cuando el señor presidente Duque convocó a la Casa de Huéspedes de Cartagena a los tres candidatos presentados por el partido conservador, para que de entre ellos, nombre el enésimo alcalde de Cartagena y trate de terminar el tantas veces interrumpido período de los burgomaestres de esa ciudad, querida por todos los colombianos.

En una sala donde el presidente estaba sentado en poltrona, acomodaban igualmente en otra al candidato que respondería 20 preguntas hechas de antemano e idénticas para cada uno de ellos. A la derecha del presidente Duque estaba sentado el par de delegados de las dos veedurías aceptadas en Cartagena y al otro lado el presidente del partido conservador, el exsenador Hernán Andrade. Todos como testigos áticos, aunque los de las veedurías expidieron comunicado público con posterioridad. En frente los fotógrafos y camarógrafos. Todas las preguntas y todas las respuestas fueron hechas ante el auditorio en pleno mientras el presidente tomaba apuntes en una libretica.

Para muchos se trató de un espectáculo de la trasparencia que el nuevo gobierno quiere imponerle a sus actos. Para otros de la representación engañabobos de un gobernante que a falta de criterios se escuda en la meritocracia. Para quienes somos mal pensados, de una lavada de manos al estilo Pilatos para quitarse toda responsabilidad en la escogencia de quien gobierne a una ciudad en donde presidente, políticos y ciudadanos se han equivocado garrafalmente hasta dejarla en la triste situación de hoy día y funcionando por inercia.

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