Domingo, 5 de diciembre de 2021. Última actualización: Hoy

Retrasar el colapso

El miércoles 17 noviembre, 2021 a las 11:52 am
Imagen cortesía de: www.lapatilla.com

Retrasar el colapso

Por: David Alejandro Moreno Trujillo.

Como forma de prevención ante el atentando directo al buen orden y la tranquilidad de la comunidad, se categoriza en la cultura Wayúu a toda aquel que no haga parte de su tradición con el nombre de alijuna. Alijuna es entonces, aquel que sobrepone la satisfacción inmediata sobre el sentir esencial, el blanco o el negro que llega, que genera dudas y perturbación entre los habitantes, que con persuasiones y amenazas busca extraer lo que se tiene, que traza líneas contrarias a lo establecido, que irrespeta y viola la cosmovisión y la forma de ver, entender y actuar sobre el mundo. En Alijuna se convierte también aquel que reproduce esas lógicas, que aun siendo parte de, actúa en contraposición a lo que es su misma gente, aprehendiendo los actos más bajos, replicándolos sin estupor, naturalizándolos sin vacilaciones, que acepta y es cómplice de los engaños del extraño, que su deseo último es estar en el nivel alto de satisfacción de los ojos ajenos.

Es imposible que no me llegue a la mente esa palabra, esa forma de denominar a quien prioriza sus deseos, que miente sin vergüenza y que se contradice a cada paso, cuando se escucha el discurso del presidente Iván Duque, un alijuna presidencial, en la Plenaria de la COP26 en Glasgow, Escocia. Un discurso lejano, trémulo y lleno de contradicciones. Un discurso que comenzó con un acto de defensa sobre el hecho de que Colombia es uno de los países con mayor riesgo por efectos del cambio climático, pero que se caracteriza por ser un productor minúsculo de gases de efecto invernadero. ¿Salda con eso su irresponsable actuar al interior del país? Un país que en sus profundidades sigue siendo explotado sin siquiera ser mínimamente recompensado, un país que se degrada por múltiples amenazas de quienes extraen sin parar, en el que se intimida y se atenta, se coarta y se limita la capacidad de actuar de quienes defienden los derechos de sus comunidades allá en la Colombia olvidada (o recordada cuando conviene).

Si su intención era levantar una voz de alarma, por qué no mencionó en su discurso que Colombia es el país más peligroso del mundo para defender el medio ambiente, que según un informe de la organización Global Witness, 65 de los 227 líderes ambientales asesinados en el año 2020 eran colombianos; es que la vida de quien lleva adelante la defensa del medio ambiente en Colombia es la aceptación de una vida transcurrida al interior de una tormenta perfecta: fuerte dependencia a la economía extractiva, avance acelerado de deforestación, vulnerabilidad latente, inoperancia, falta de coordinación y esfuerzos dispersos para la generación de garantías por parte de la institucionalidad, normatividad lejana de implementar, limitantes nacientes para la participación, displicencia de la ciudadanía en relación a temas tan sensibles como el que se presenta aquí.

Se reitera entonces la necesidad de insistir en relación a las responsabilidades compartidas. Evidentemente el nivel de compromiso debe ser mayor por parte de algunos actores más que otros, en eso acierta el presidente, pero es necesario dar la discusión sobre la manera de cómo podemos, desde nuestra posición de ciudadanos, contribuir a la prolongación de la existencia del planeta, postergando la llegada al irreversible colapso. Como ciudadanos podemos comenzar haciendo una revisión de las agendas, de los ejes programáticos de quienes pretenden liderar espacios de poder, conociendo sus intenciones, sus experiencias y sus intereses.

Es por eso que se hace preciso que las luces se proyecten hacia las voces que desde mucho tiempo atrás han abanderado la defensa del medio ambiente. Su fuerza ha sido y seguirá siendo determinante para el sostenimiento del lugar que habitamos.

Por último, lo que se quiere aquí, es hacer un llamado a la necesidad de un compromiso desde diversos niveles de gobierno, que no se concentre en Ministerios o en las Corporaciones Autónomas Regionales, las cuales muchas veces no se sabe a lo que se dedican, y se convierten en lugares en el que se anidan intereses clientelares y de inacción total.

Es también una manifestación a la necesaria aparición de los sectores religiosos y académicos, los cuales deben reconocer la voz determinante e influyente que tienen sobre la sociedad, a la insistencia de un sector privado más responsable, que se sacuda de lógicas acumulativas a como dé lugar, a la construcción de una ciudadanía que actúe de forma consecuente con lo que se quiere y se pretende dejar a las pocas generaciones que están por llegar, a materializar su poder de decisión para frenar la llegada de alijunas tomadores de decisiones que se dedican a acelerar la llegada del colapso.

****************************************************

Lee otros artículos del autor aquí:

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?