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Resurrección Malak sostenía que nunca moría

El martes 31 diciembre, 2019 a las 10:15 am
Resurrección Malak sostenía que nunca moría
Imagen tomada de https://bit.ly/2u2MXXb
Resurrección Malak sostenía que nunca moría

Resurrección Malak sostenía que nunca moría

A menudo conversábamos con Resurrección sobre la muerte, tema que los humanos eludimos, a no ser que nos hayamos salvado en un accidente.

Ella, sostenía en las tertulias, con altísima dosis de seguridad y certeza, que nunca moriría. La conjetura adquirió socialmente credibilidad.

La certidumbre con que lo afirmaba producía asombro y hasta fascinación, dado que la desaparición de los mortales es un hecho ineludible.

Nunca se supo si su obsesión por la vida eterna se debía a que sus padres le habían colocado el nombre de Resurrección, como una alternativa para continuar disfrutando de su encantadora manera de ser o, si ella, hubiere hecho un pacto sobrenatural con los seres del inframundo, como todavía creen que puede contraerse algunos terrícolas.  

La verdad es que Resurrección era el centro de atracción entre el círculo de sus amistades. Era imprescindible invitarla a bailar, paseos y celebraciones decembrinas.

Obsesiones de esa naturaleza, al parecer, no se encuentran en la mitología griega ni en las pulsiones descubiertas por Freud, y, existían, solo en Resurrección, que aprovechaba la menor oportunidad, cuando se hablaba de Eros y Tánatos,- la Vida y la Muerte-, para afirmar sus eternas convicciones.

Nunca abandonaré la lucha por la vida y no tengo beneplácito por las tumbas”, habría dicho en alguna ocasión.

Como se recordará, Tánatos nos remite a la muerte suave, tranquila y sosegada, no como las que ocurren en Colombia, que se producen como si viviéramos en una guerra civil no declarada.

Sus padres y abuelos solían decirle que dejara de esas obsesiones y, que si nadie la contradecía, no significaba que sus posiciones fueran irrefutables.

Por eso, cuando Resurrección murió y las autoridades la declararon muerta, a finales de los años 2020, nadie en la ciudad podía creerlo, la noticia fue devastadora, hubo un desconcierto total, que osciló entre la incertidumbre y la perplejidad y, las gentes, crédulas, confiadas y cándidas, como era su habitual comportamiento, no sabían cómo portarse en casos de esta naturaleza y aún guardan la esperanza de que regresará alegre y sonriente el Año Nuevo.

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