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Para remover las tripas (4)

El miércoles 23 marzo, 2016 a las 4:36 pm

Diógenes Díaz Carabalí

Diógenes Díaz Carabalí.

En 1972, poco antes de la primera crisis del petróleo, el Club de Roma encargó a varios consultores encabezados por Donella Meadows, biofísica y científica ambiental, especializada en dinámica de sistemas, un estudio sobre los peligros del desarrollo mundial denominado “Los límites del crecimiento” (en inglés The Limits to Growth). Dicho informe fue actualizado en 1992, traducido y publicado en los diversos idiomas de los países socios de las Naciones Unidas.

Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años. Desde el punto de vista del diagnóstico, presenta el riesgo del planeta, por la expansión poblacional, el abuso por la explotación de los recursos naturales, el peligro del crecimiento económico para satisfacer necesidades y suntuosidades, la degradación del ambiente, el agotamiento del agua y del aire. Aconsejan medidas urgentes para estabilizar su habitabilidad. Llevar al planeta, para evitar el “Colapso”, a un brusco decrecimiento poblacional y a un crecimiento cero de la economía, a un estacionamiento del desarrollo, lo que sin duda perjudica básicamente a los países pobres.

En resumidas cuentas, el The Limits to Growth, toma como base de estudio los informes Kissinger y Rockefeller. Las medidas restrictivas que aconseja son dirigidas a las poblaciones más desfavorecidas, por eso justifica los apoyos alimentarios incorporando materias esterilizantes en los preservantes, que a la vez son cancerígenos y degradadores de la longevidad. Un sinnúmero de virus han puesto a circular, patentados por la fundación Rockefeller desde la década de los años cincuenta, y de los que hoy la humanidad se lamenta. Hay versiones muy serias que moscos portadores del chikunguña, por ejemplo, fue patentado por esta organización en el año 1958. Lo extraño es que el virus no tiene cura, y el único consejo para la población es evitar el embarazo y practicar aborto a madres contagiadas.

Aun si el diagnóstico es verdadero, resulta en una propuesta falsa para concluir que el peligro descansa en las naciones de bajo desarrollo, su interés es proteger a su favor los recursos y las materias primas, sostener el crecimiento de su capital. De allí viene el interés en la ecología enfatizado en los países de menos desarrollo, con planes escaneados a escala para conseguir sus recursos primarios con gradualidad, considerando el problema como de seguridad nacional.

La oposición a lo planteado en los informes mencionados en estos artículos (el presente y los tres anteriores) no es precisamente de resentidos seudo-izquierdistas, sino de entidades consideradas con absoluta seriedad y un punto de encuentro entre las organizaciones ateas y la fe. La iglesia católica ha planteado el riesgo de esta nueva moral, y el Papa en su encíclica «Laudato si” plantea el riesgo del planeta, pero también la forma discriminatoria como se trata el problema.

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