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Remedando a Brecht

El sábado 14 diciembre, 2019 a las 1:39 pm

Remedando a Brecht

Remedando a Brecht
Edison Ospina

La agresión contra los estudiantes, que con los demás inconformes –líderes sociales, indígenas, centrales obreras, campesinos- fue muy desmedida; policías y ESMAD se ensañaron contra los educandos llegando hasta el asesinato del bachiller Dilan Cruz.

No valieron las razones que desde los medios informativos, periodistas alienados o atemorizados que junto a políticos corruptos, trataban en vano de justificar el vil acto.

Los estudiantes provocados por el falso positivo del casi adolecente Dilan, siguen en las protestas, los áulicos del gobierno calumnian a la muchachada inter genérica. Ellas nos hacen recordar a Manuela Beltrán, Antonia Santos, Policarpa Salavarrieta o María Cano, el caso es que logran el cariño y el reconocimiento de los demás comuneros y la sociedad en general.

Los indicadores macroeconómicos aumentan, pero la desigualdad también. La participación del presupuesto en educación, seguridad social y empleos es exigua. Ellas y ellos luego de análisis, deciden protestar.

Desesperados informadores con formación deficiente o justificación de genocidios como el bombardeo hacia civiles -guardadas proporciones, Guernica es buen ejemplo- no hallan cómo desacreditar a los estudiantes. Llega el resultado de la prueba PISA. En ciencias, matemáticas, de 2015 a 2018 se continuó muy mal con tendencia estable, pero en comprensión de lectura empeoramos respecto a 2015.

La intransigencia embiste: –Los estudiantes protestan porque no tienen ni idea de lo que hacen. No estudian, son vagos. Son proclives a ser vándalos. Son animales, brutos.

Y siguen eclécticos, pero no saben cómo censurar las protestas, las marchas, los cacerolazos. Insisten en que son brutos,  –prueba de ello las prueba PISA- arguyen.

Los estudiantes generalmente no leen, no se informan en libros; pero sí son y mucho, superlativamente inteligentes; tanto que entendieron fácilmente cómo el establecimiento no disminuye la desigualdad, por el contrario, abre cada vez más la brecha.

Las universidades públicas han tenido paradigmas académicos. Las privadas también. Desde Núñez, Lleras Restrepo, Manuel E. Patarroyo, hasta el padre Javier Giraldo o Álvaro Gómez, por citar solo unos pocos, han sido emulados por sus antiguos, presentes y futuros alumnos.

Ejemplarmente a javerianos, a andinos, a sergistas, a los de la distrital, a pedagógicos, a los de la nacional, a los de la UIS, a los de la del NORTE, a los de la de Antioquia, …, los unió substituir el mal gobierno solapado en la cultura colombiana con la impronta de la corrupción; por el adecuado presupuesto que debe tener la investigación para lograr emprendimientos que generen empleo y sustituyan importaciones, además de promover exportaciones. Los estudiantes no son los culpables de la baja calidad promovida por el Estado desde hace 50 años; son las víctimas.

Bertolt Brecht planteó algo que no es siquiera un grotesco plagio que hago, o sombra del poema “AHORA VIENEN POR MI, PERO ES DEMASIADO TARDE”, cito: — Primero atacaron a los estudiantes de las universidades públicas/ Pero como yo no estudiaba en ese tipo de instituciones/ no me importó. / Después a los estudiantes del SENA/ pero como no me capacitaba allí tampoco me importó/ Luego atacaron a los estudiantes de centros tecnológicos. / Yo era de universidad privada/ el 21 de noviembre me atacan. / Lograron que también me importara.

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