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Reivindicación de una gran mujer Liberal:

El jueves 5 febrero, 2009 a las 8:18 am

Honor y gloria para Inés Aminta Consuegra

Por Rodrigo Llano Isaza.

Para pocos colombianos el nombre de INÉS AMINTA CONSUEGRA dice algo, su memoria se perdió en el tiempo, sus paisanos del Atlántico y, concretamente, de Barranquilla, la desconocen por completo. Ya es hora de devolverle a Inés Aminta el justo sitio que le corresponde en la galería de grandes de Colombia y del Partido Liberal.

Su padre, Pedro Mártir Consuegra, estuvo hecho de Liberalismo, él fue de los primeros combatientes por la causa Liberal. Sus más próximos antecesores llegaron de Campo de la Cruz a Sabanalarga, donde nació y se educó. Fue Secretario (de los Ministros de entonces) del Interior y de Culto de la Administración popular y revolucionaria del General Draconiano José María Melo Ortiz; Auditor de Guerra en la división de operaciones militares; Gobernador de Sabanilla; defensor del General Obando, por cuya causa sufrió todo tipo de persecuciones y vejámenes; Diplomático, viajó por Europa y fue de los primeros colombianos que viajaron a conocer Palestina. Su hija Inés Aminta, nació en Barranquilla y allí participó en las acciones de la guerra de 1885.

El extrañamiento, como herramienta de sanción política fue aplicado a las mujeres sólo en muy escasos momentos de nuestra historia. La famosa Javiera Londoño de Castañeda (origen de la leyenda de la “familia Castañeda” que se recrea en muchas de nuestras fiestas locales), el 15 de septiembre de 1757, por el “delito” de dar la libertad a 125 esclavos suyos en la población de El Retiro-Antioquia, en un gesto que la historia del mundo no le ha reconocido suficientemente, pero que fue castigado por la corona española con la expulsión de sus tierras para doña Javiera. Volvió a utilizarse el extrañamiento, pero siempre en el interior del país, cuando a la llegada del mal llamado “pacificador” Pablo Morillo y Morillo, muchas de nuestras heroínas de la independencia fueron sacadas de la Capital y llevadas a poblaciones relativamente lejanas para castigarlas por su actividad en pro de la liberación de Colombia.

Pero fue a Inés Aminta Consuegra la primera mujer de nuestra historia a quien se le aplicó la expulsión del país. Su amor por el Liberalismo, su dedicación a las letras, su pasión por la libertad de expresión, su lucha por la libertad de imprenta y sobre todo el haber escrito “Meditaciones del General Ricardo Gaitán Obeso en su prisión de Cartagena y Panamá”, fue lo que llevó a un Gobernador de Bolívar, lacayo del presidente Rafael Núñez, a expulsarla del país para ir a morir a tierras extranjeras, en el exilio, concretamente en Nueva York, como murieron el Presidente Santiago Pérez en París, o César Conto en Guatemala, o “El Indio” Juan de Dios Uribe en el Ecuador o el gran panfletario José María Vargas Vila en Barcelona, todos perseguidos y expulsados del país por la regeneración nuñista que se aterraba y convulsionaba ante el gran espejo de la libertad.

Inés Aminta fue educada por su padre en el amor a las letras, escribió, además, dos dramas: “Fabricar sobre arena” e “Inmoralidad legal” y dos novelas: “Lucía de Guzmán”, basada en los episodios de la guerra de los Supremos de 1840 y “Miserias de un corazón” que salió en letras de molde en la ciudad de Panamá el 28 de agosto de 1880 y también salió, en dos entregas, en la revista “Mujer” que dirigía doña Soledad Acosta de Samper; y una oda al “Salto del Tequendama” que apareció en la revista “La Camelia” en 1893.

Pero Núñez y sus esbirros, que odiaban a Gaitán Obeso, a quien no pudiendo aplicarle la pena de fusilamiento, llevaron a las bóvedas de Cartagena y de ahí lo sacaron para Panamá, donde Santodomingo Vila lo envenenó, no podían permitir que alguien lo ensalzara y ese “pecado” lo cometió Inés Aminta. Ella había conocido al General Ricardo Gaitán cuando este arrojado bogotano se apoderó de las embarcaciones que había en el río Magdalena y se tomó a Barranquilla, luchó al lado suyo en tareas propias de su sexo, para el tiempo de la guerra de 1885, en que el radicalismo Liberal se batía contra la dictadura de independientes y conservadores que ya comenzaba a vislumbrarse y que terminó en la muerte de la constitución de 1863, la imposición de la constitución de 1886, la hegemonía política del conservatismo durante 45 años y el restablecimiento de un régimen conventual y monástico que se imponía en el vida colombiana de la mano de la iglesia católica.

En su monólogo, Inés Aminta reflexiona sobre las causas de la guerra y sus consecuencias para el país y para el General Gaitán Obeso, lo que dejó en su verdadero tamaño al Presidente Núñez y por ello se vio expulsada de su lar nativo.

Como dijera Barba Jacob: “tal vez bajo otra tierra la gloria nos sonría”, pero los pasos de Inés Aminta se nos perdieron en Nueva York, en la llamada “Gran Manzana”, en fecha aún no precisada.

Bogotá D.C., enero 29 de 2009.

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