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Domingo, 9 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

Regresa el miedo

El viernes 22 mayo, 2015 a las 4:25 pm
Alfonso J. Luna Geller

Por Alfonso J. Luna Geller

Varios años duró el bloqueo de la vía panamericana en el trayecto Santander de Quilichao-Popayán como consecuencia de la destrucción de los puentes sobre los ríos Mandivá, Ovejas y Piendamó por la endemoniada agresión de las FARC contra todos los caucanos, la inacción de quienes tenían que reconstruirlos y el descuido o confianza de las tropas, que a veces parecen desdeñar a un enemigo agazapado en las sombras, que casi siempre las sorprende con siniestra ferocidad.

Nadie ha olvidado las aterradoras masacres, a los secuestrados (de los que nadie volvió a hablar), extorsiones y homicidios perpetrados contra uniformados legales y civiles inermes, generalmente líderes comunitarios, que van dejando regadas víctimas sobrevivientes a lo largo y ancho de nuestro suelo, resultado de una empresa criminal que al fin decidió dialogar, pero en una eterna negociación, que ojalá le ponga fin a este sanguinario conflicto.

No hemos borrado de la memoria el arrasamiento de nuestros pueblos, ni la incineración de vehículos, la destrucción de redes eléctricas o de infraestructura productiva, ni la catástrofe ambiental por cuenta de la minería criminal, ni el narcotráfico, tampoco a tantos niños e inocentes muertos o mutilados en una maldita guerra que nadie acepta, fuera de los delincuentes armados.

No se ha dejado de rememorar que igual al terrorismo e intimidaciones de guerrilleros ensañados con nuestros pueblos, también se han consumado otras del mismo calibre por quienes se invistieron de una autoridad y armamento idénticos en lo criminales que pretenden suplantar a la fuerza pública constitucional.

Es tanto el dolor acumulado en las comunidades caucanas que el solo anuncio hecho hoy sobre rompimiento de la tregua unilateral de las FARC tras el bombardeo que dejó 26 guerrilleros muertos en zona rural de Guapi, que volvió el miedo, por eso, las autoridades civiles expresaron que hay incertidumbre en la región por las posibles acciones armadas que puedan ocurrir en las próximas horas en el departamento.

Volvió la desconfianza que amedrenta, por lo cual es necesario un acuerdo urgente entre el Gobierno y las Farc para acabar del todo con esta locura que no conduce sino a la muerte y la destrucción. Este conflicto perdió hace muchos años sus soportes ideológicos, igual que sus motivaciones para alcanzar el poder político por su incapacidad real de lograrlo; por su total falta de apoyo popular perdió su horizonte, y eso lo saben los de La Habana. Es que está aún caliente la sangre de la niña de 7 años que pisó una de las minas antipersonales sembradas cerca a las residencias y escuelas de la vereda Aguaclara, municipio de Buenos Aires, inclusive, la de un labriego perdió la vida al pisar una mina, en el corregimiento El Porvenir, el año pasado, y la de otro menor de 10 años, que el 12 de mayo último salió en compañía de unos primos para recoger frutas en una finca cercana a su casa, y cuando estaba sentado al lado de un árbol con su mano izquierda se apoyó sobre un tubo que resultó ser una mina antipersonal que explotó y le voló el brazo, hecho ocurrido en la vereda Jagual, de Corinto, y la de los soldados que fueron masacrados en la vereda La Esperanza, también de Buenos Aires.

Ante la conmoción provocada por el anuncio de las FARC, la gente solo espera que sea reabierto el debate sobre la necesidad de empezar pronto el desminado humanitario planteado por el Gobierno y las Farc en La Habana, Cuba, y rogar para que no regresen las tomas y hostigamientos a los pueblos, las bombas a la Panamericana, la siembra de más minas y desde luego, no más muertes violentas.

En los escritorios de Bogotá o La Habana no saben lo que padece bajo su piel nuestra gente común y corriente en éste departamento por la cruel guerra que nunca ha sido de los caucanos y que por eso claman que se aceleren los acuerdos, allá, en los escritorios de La Habana y que se decida, mientras las negociaciones, mitigar el impacto de la confrontación, de tal manera que se garantice la protección de los ciudadanos y se respeten las normas del Derecho Internacional Humanitario. Ojalá Dios nos oiga y los ilumine.

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