Sábado, 19 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

Refundación de la patria

El viernes 9 agosto, 2019 a las 8:34 pm

Duque y el sueño uribista de
“Refundación de la patria”.

Refundación de la patria

Después del tropezón que con la ‘depatraseada’ de Santos sufrió el proyecto de “refundación de la patria’, combinando todas las formas de lucha, al estilo de la dictadura franquista en España, buscando “permanecer mínimo veinte o treinta años en el poder” -tal como lo confesó el ideólogo y senador José Obdulio Gaviria al periodista Darío Arizmendi-, con el gobierno de Duque el ala radical del Centro Democrático pretende rescatar los “tres huevitos” que tanto cacareó su jefe durante ocho años al frente de la Presidencia de la República y aprovechar los tres años restantes para amoldar los poderes legislativo y judicial del Estado a los intereses de la alianza entre narco-hacendados-agroindustriales- grandes empresas nacionales y extranjeras-banqueros y parapolíticos que patrocinaron el ascenso de Uribe a la presidencia en el 2002, y se identifican con los intereses de los neoliberales aupados por los actuales gobernantes de los Estados Unidos, Brasil y otros países alborotados por la resurrección del nacionalismo reviviendo fantasmas neonazis y rompiendo con tratados internacionales que regulan el comercio, el manejo sostenible de los recursos naturales y el desarme nuclear, entre otros puntos que tienen revolcada la geopolítica y economía mundial.

Sin duda que el avance militar logrado en las década de los 90 por las guerrillas en amplios territorios del país y el incremento de sus ataques a puestos y patrullas del Ejército y Policía, más el desmadre de la extorsión, secuestro, abigeato, etc., rebosaron la copa de finqueros, narco-hacendados- ganaderos-caballistas y empresarios afectados por su accionar violento, y quienes en los años 80, a partir de la creación del MAS y las autodefensas del Magdalena Medio entrenadas por el coronel israelí Yair Klein, ya habían conformado grupos paramilitares, como los “Macetos”.

La sed de venganza que movía a Álvaro Uribe después de que las FARC mataron a su padre e hirieron a su hermano Santiago en un intento de secuestro, permitieron que gracias a su temperamento y capacidad de liderazgo encabezara el proyecto político-militar de “Refundación de la patria”, iniciado desde que fue gobernador de Antioquia e impulsó a las Convivir como kínder de las bandas narco-paramilitares de las AUC, apoyadas por altos mandos de la Policía, Ejército, organismos de inteligencia (DAS, B-2, G2) y otras instituciones del Estado, con el decisivo respaldo de los parapolíticos que allanaron su camino a la presidencia de la República en 2002.

El propósito de continuar la guerra sin tregua contra las FARC, que alimentó Uribe durante sus dos gobiernos, fue cortado al negarle la Corte Suprema el tercer período y al ser condenado ‘Uribito’, por los irregulares subsidios a los terratenientes, incluido el “Ubérrimo”, irrigados gracias a Agro Ingreso Seguro.

Ante la caída del delfín Andrés Felipe Arias, Uribe debió respaldar a Santos, quien le fue obediente durante su primer mandato, pero en los cuatro años finales interrumpió el proceso de “Refundación de la patria”, al desobedecerlo, reconociendo que en Locombia sí existía conflicto armado, y a las FARC y al ELN deberían aceptárseles como “actores del conflicto” y no sólo como “narcoterroristas” y con estas premisas, durante su segundo mandato, emprendió en La Habana el proceso de paz con las FARC, que al ser aprobado ante testigos y la ONU, es de obligatorio cumplimiento durante el actual y próximo gobierno.

El apretado triunfo del NO en el plebiscito les dio alientos para luchar contra lo pactado en los acuerdos de paz, y aunque Santos accedió a modificarlos, los ‘ultras’ del Centro Democrático quedaron inconformes y en el primer año de Duque boicotearon su aplicación, sobre todo en lo relacionado con la puesta en marcha de la Reforma Agraria Integral y la Restitución de tierras y además cerraron la puerta a la continuación de las negociaciones para desmovilizar al ELN y le impusieron una cúpula militar guerrerista, que ya venía siendo investigada por los ‘falsos positivos’, y la cual se debilitó al caer tres de sus generales por corrupción, contribuyendo estos factores al desgaste de la imagen y poder de negociación, empeorando el panorama al insistir en las objeciones a la JEP que finalmente fueron derrotadas y le costaron pobres resultados en su primer año de aprendizaje en la Presidencia, empañado además por la epidemia del imparable asesinato de ‘líderes sociales’ que no sólo son asesinados por las disidencias de las Farc, los Pelusos, los del Clan del Golfo, el ELN y otros grupos armados que se disputan el control de territorios y la minería ilegal, el narcotráfico, la extorsión ,etc.

Ya Uribe no arrasa en las encuestas como en los años de su apogeo y a pesar de los esfuerzos para sacar testigos como sea, la Corte avanza en la investigación en su contra y la Fiscalía continúa en las que adelantan contra su hermano Santiago por su decisiva participación en la fundación y operación de los paramilitares más conocidos como Los Doce Apóstoles.

Pero con su nutrido ejército de abogados y sabuesos de variado origen y métodos, trata de torpedear los procesos, mientras en el terreno político implementa jugadas de curtido zorro clientelista, para las elecciones de octubre apoyando en varias regiones del país coaliciones impensables con el fin de mantener vivo su movimiento, sostenido por los fanáticos que lo veneran y secundan sus iniciativas desde el Congreso, donde en el primer año de Duque no consolidaron las mayorías para aprobar las leyes y reformas que promovieron.

Fracasados los intentos de convocar la Asamblea Nacional Constituyente para desmontar las leyes que los incomodan aprobadas gracias a la Constitución del 91, la presión que ejercerán los radicales del Centro Democrático contra el presidente Duque será mayor.

Le corresponderá marchar obediente y pasar como uno de los peores presidentes en la historia de Colombia, o atreverse a quebrar los tres huevitos de Uribe, intentando sazonar sus propia tortilla, para cocinarla con la asesoría de otras fuerzas políticas que inicialmente lo apoyaron, pero le quitaron su respaldo al no darles cuotas de poder en su gabinete y al insistir en el desmonte del proceso de paz atizado por los halcones de su partido y empecinado en defender a ultranza los intereses desbordados de los narco-hacendados y ganaderos taladores de selvas y del gran capital industrial y financiero que lo patrocinaron, como lo evidenció con la rebaja en los impuestos a las grandes empresas -dizque para fomentar la creación de empleos- y en los intentos de la ministra de transporte y anterior ejecutiva al servicio del grupo Sarmiento Angulo por premiar, dos semanas antes de que se pronunciara el tribunal de arbitramento, con 1.2 billones de pesos a los bancos del grupo Aval, cómplices de los sobornos pagados por Odebrecht para ganarse la licitación de la Ruta del Sol 2.

Al final, el Tribunal de Arbitramento de la Cámara de Comercio de Bogotá sólo aceptó pagarles $211.000 millones, cuando con recibos y documentos falsos el grupo Corficolombiana (de Sarmiento Ángulo), Odebrecht y los socios minoritarios Consol, (de los hermanos Solarte) pretendían que el Estado les pagara 6 billones de pesos.

Con un tercio de la bancada en el Congreso y con las fuerzas opositoras en ascenso, el sueño uribista de la “Refundación de la patria” al estilo de las dictaduras de Franco y Pinochet, tendrá que atemperarse al juego democrático, pues una dictadura militar como la que soñarían Fernando Londoño Hoyos y otros nostálgicos fascistas, es inviable a pesar de que sus afines Trump y Bolsonaro estén en la presidencia de poderosos países.

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