ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Lunes, 17 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

Reflexiones sobre el exilio

El sábado 19 julio, 2014 a las 1:48 pm
German Pabon

Por German Pabón Gómez 

El Portal de Shamballa 

Popayán, julio de 2014

El exilio político, voluntario o forzado, porque todo exilio es político y ruptura, toda vez que constituye estar fuera de la polis, de la comunidad a la que se pertenece; aquel que en el cantar de Juan Manuel Roca: “recorren parajes de trenes en cuyas blancas estaciones se viaja al olvido, pues se trata de hombres con el gesto de quién se sabe, limítrofe entre el aire y el presidio, en donde se habla de leguas extrañas, de una luz, de un nuevo viento; de aquel que viven los hombres cuyo país no es más que un trozo azul de lejanía”, siempre traduce “el ahora del destierro”, en donde el exiliado intenta ser ciudadano en cada paso que da como errante sin medida.

Cuando llega la idea del exilio, de manera súbita el candidato a exiliado se ve forzado a comprar un tiquete que nunca quiso comprar, a abordar un avión con rumbo desconocido, con itinerario hacia el escape, hacia el apego y desapego de la tierra que lo vio nacer, hacia el desarraigo, hacia la condición de extraño y extranjero, hacia un nuevo ahora en donde no existe “el yo” sino el “no-yo”: el “no-yo-expulsado”, el “no-yo-rechazado”, el “no-yo-señalado”, el “no-yo-condenado de manera justa o injusta”, el “no-yo-escapado, el “no-yo ensimismado”, el “no-yo silenciado”, y la memoria castigada.

En el exilio se difuminan las palabras, la lengua materna, tanto así que hasta los labios duelen para pronunciar alguna palabra en el idioma ajeno, y el «ahora del errante» se descubre encadenado a esos vacíos sin preguntas en los que sospechando la respuesta no encuentra respuesta para ninguna pregunta.

En el exilio todos los lugares, todos los parajes son ajenos, ni siquiera prestados, despojados en lo extraño, acompañados de manera permanente del silencio, en donde el exiliado se encierra de afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera hasta convertirse en inquilino y solo inquilino de su soledad sin medida, de su memoria derrotada en la que cohabitan pasado y presente.

En el exilio, el ahora traducido en el «no territorio, limítrofe con el desierto, constituye una cueva-espacio atiborrada de vacíos, de preguntas sin respuestas, en cuyos murallones tan sólo se avistan las miradas de quienes «allá a lo lejos se dejaron» y hacia donde ese «allá» siempre viajan a manera de retorno incesante, y cualquiera sea el nuevo «no-territorio» el exiliado lo amuebla con la añoranza de abrazos, con las miradas de los otros, y lo convierte en un cantar de lejanía, en un cráter eruptivo de esperas, de encuentros y desencuentros, en un fortín de memorias, extravíos y cercanías, las cuales en sus oleadas siempre emergen en la víspera de los desvelos, en la liviandad del insomnio suspenso.

El exiliado cuando arriba al nuevo «no territorio» intenta descubrirlo y acostumbra caminar cuatro, cinco, siete horas en des-tiempo, y hasta la madrugada entera, y camina sin tregua, quizás en persecución de nada por unas trochas demasiado dilatadas, iluminadas por la luna que se halle de turno, y camina por unos coladeros que no lo conducen a ninguna parte, a ninguna espera, quizás tan sólo hacia el retorno, hacia la lengua materna, hacia el interior y exterior de sí mismo, y el exiliado en el des-tiempo de su nostalgia aprende a morir y a resucitar acompañado de su soledad sin medida, a perder el rumbo entre las tinieblas y también a encontrarlo.

El exilio político, forzado o voluntario de la tierra, de sí mismo, de los otros, es una estancia, un poema inconcluso en donde en cada párrafo cohabita la vivencia del retorno…

Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?