ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Domingo, 16 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

Reflexiones post Semana Santa

El martes 13 abril, 2021 a las 10:04 am
Imagen cortesía de: https://cutt.ly/KvrGeyl

Reflexiones post Semana Santa

Donaldo Mendoza

Cada Semana Santa regresa con viejas y nuevas preguntas sobre lo que quiso decir Jesucristo en cada frase, sentencia, parábola, apólogo… Y no puede ser de otra manera, porque al hablar en metáforas Jesucristo no hizo historia sino literatura. Esa es una razón por la que los evangelistas no se preocuparan por su biografía sino por cómo sentía, pensaba, por su doctrina. Una biografía seguramente nos hablaría de la vida de un joven de Nazarteh que ayudaba a su padre en la carpintería, y que, en ratos libres, como buen judío, leía y comentaba en familia la Torá. El libro de la ley, costumbres, usos y tradiciones de la nación hebrea.

Luego, si la escritura evangélica no es historia sino literatura, su lectura y comprensión no debe ser literal sino metafórica, para que la palabra haga el tránsito del signo al símbolo. Lo mismo ocurre con hechos y situaciones en los que Jesucristo fue encriptando su sabiduría. La sabiduría no está en normas y preceptos que le señalan al rebaño la ruta de su comportamiento, a fin de que sea “útil a la sociedad” o de que sea “alguien en la vida”, como dicen en la escuela. La sabiduría no es para eso, sino para el discernimiento. Y quien sabe discernir se desempeña como un sujeto autónomo, capaz de tomar posición y decisiones en el juego de la vida. En el “contrato social” es agente, no paciente.

Pienso que ese era el juego en el que Jesucristo llamaba a participar. Ser “útil” y “alguien” no es entonces lo que un profe sugiere con esas muletillas que supuestamente despejan el futuro del educando. El discurso sabio de Jesucristo no es para que el lector o el creyente vea solo el portento de ser Dios en los eventos llamados “milagros”. La verdadera intención es confrontarnos con nosotros mismos y con nuestros semejantes (nuestros otros yoes). Quizá lo que menos le interesaba a Jesús era mostrarse Dios, porque entonces sus milagros se salían de nuestro alcance. El verdadero milagro está más cerca de lo imaginado.

Dos momentos de Jesucristo los he visto representados en el haz y el envés de sus significados opuestos: 1) la viuda pobre que deja en el templo sus pocas monedas como ofrenda, y 2) la multiplicación de los panes. En el caso de la viuda, hubiera sido un error de Jesucristo ponderar a la pobre mujer que hace la ofrenda; porque bien se sabe, que quienes administraban el templo era la aristocracia sacerdotal de herencia levítica, los saduceos, que cogobernaban con los paganos romanos, de espaldas al sentimiento de las mayorías. Luego el sentido de la ofrenda es otro: el gesto de la viuda es el de una persona que da de lo que no tiene. Esta imagen metafórica es análoga al milagro de la multiplicación de los panes. Un puñado de panes que Jesucristo convierte en miles de panes, para alimentar una multitud. Con el mismo significado de la ofrenda citada: es el saber dar, a pesar de lo poco.

Hace un año, en Cali, una migrante venezolana desde su cambuche vio a un niño caleño con la mirada perdida, con los ojos alucinados por las sustancias que consumía. Para abreviar el cuento, la pobre señora se compadeció del niño, lo acogió en su barraca y días después fue hasta la casa donde vivía la mamá del niño y le propuso que le diera el registro civil para legalizar la “adopción” del niño. La madre biológica no solo le dio el papel, sino que se desahogó en desprecio contra el hijo… Y ya fueron tres en el cuchitril: la migrante, su hija pequeña y el niño, que empezó a sentir a la señora venezolana como mamá y a la niña como hermana.

Esta historia de la migrante es el haz de la ofrenda y el milagro de los panes. En el envés, están aquellas personas que viviendo en estratos altos buscan mil maneras para pagar mal o no pagar a las humildes personas que les sirven: la empleada doméstica, a veces explotada, humillada y ofendida, o el vigilante de la unidad residencial que hace vigilia para que sus patrones duerman tranquilos. Estos del envés son los que pudiendo dar no dan, ni siquiera lo justo, o, en el peor de los casos, les quitan de la mano el mendrugo a los más humildes.

Si no se miran los milagros y las parábolas en esos contextos, la lectura de la Escritura resulta pobre y el Dios que la representa un ser distante, lejos de nuestro alcance. Un Dios que todo lo puede, y las pobres criaturas que nada pueden.

****************************************************************

Lee otros artículos del autor aquí:

Alfonso J Luna Geller
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?