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Lunes, 21 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

Reflexiones para el cambio

El lunes 2 septiembre, 2019 a las 3:21 pm
Reflexiones para el cambio
Reflexiones para el cambio
Imagen de: http://bit.ly/2AGCEdH

Pensar en una política local soportada en los nobles ideales de la decencia y el respeto, es necesario en una sociedad donde la institucionalidad atraviesa por su peor crisis. Una colectividad polarizada, saturada de corrupción, sin liderazgos, atosigada de rivalidades étnicas y luchas territoriales, narcotráfico, minería ilegal con posturas irreconciliables que rayan con el fanatismo, donde afloran odios y marginalidades con incapacidad absoluta para liberarnos del yugo de seudolideres de papel, a los que elegimos y reelegimos, a sabiendas que siempre serán inferiores a las promesas y compromisos asumidos con la sociedad y donde callar tanta ignominia nos hace cómplices de nuestra propia desgracia. 

Popayán y el Cauca están gobernados por élites, que con sus maquiavélicas fuerzas, imponen sucesores, sobornan dirigentes inescrupulosos que favorecen con cargos de poder a familiares y deudos, pues ya no postulan a colaboradores según sus merecimientos, sino conforme a manipulaciones e imposiciones, legitimadas por politiqueros impúdicos y abyectos, capaces de las mayores felonías, que movidos por intereses  oscuros, usan trapisondas y hasta fraude electoral para favorecer candidatos que satisfagan sus intereses personales. Gamonales de rancio abolengo, que con sus artimañas logran alienar conciencias al traficar con los intereses del pueblo, usando como mampara a escuderos de bajo perfil que asumen la vocería popular y negocian con la miseria de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Carece de lógica que un alcalde que en todo el periodo de gobierno, no ganaría 600 millones de pesos por concepto de sueldos y prestaciones sociales, invierta más de tres mil millones de pesos. La única explicación es que llega a robar para recuperar la inversión personal y la de sus secuaces. Esto hace que personas transparentes, con principios éticos, morales y proyectos políticos serios, desaparezcan del escenario político, quedando como  única opción, los carteles de la politiquería, que tiene el camino expedito para seguir en el poder, utilizando sin ningún asomo de vergüenza todo tipo de artimañas para adueñarse del erario, la contratación estatal, los cargos de vigilancia y control y la burocracia de la administración central y de los institutos descentralizados. 

No es gratuito que Popayán y el Cauca ocupen los últimos lugares del país en indicadores de gestión, empleo, necesidades básicas insatisfechas, seguridad, infraestructura, servicios públicos, pobreza, competitividad; siendo claro que el único y deleznable origen es el fatídico proceder de una dirigencia corrupta hasta los tuétanos, que ha expoliado sin conmiseración los recursos públicos, y que se ha convertido en una clase  multimillonaria a expensas de la miseria, el abandono y el olvido, donde impera la humillación, el chantaje y el despilfarro ejercido sobre quienes son víctimas de las más aberrantes manipulaciones.

Duele que los ‘hijos del pueblo’ al asumir el poder ungidos por sociedades sedientas de cambio y esperanza, terminen convertidos en un clan de usurpadores, lobos disfrazados de ovejas que se ufanan en los entretelones de la infamia, humillando y defraudando a sus clientelas a quienes doblegan hasta hacerles perder la dignidad y cual limosneros,  recoger como sabuesos hambrientos las migajas que desde los manteles del oprobio les tiran sus fatídicos tiranos. 

Ojalá el pueblo, reinvente nuevos estereotipos, para  despojarse del vendaje aciago que enceguece sus ojos, su mente y su conciencia, para comprender que la lucha hay que librarla contra las mafias del saqueo y del despojo, enfrentada  con una comunidad anhelante de enmiendas que solucionen sus múltiples necesidades, materializando un porvenir de inclusión y progreso para todos sin excepción alguna. “Cada pueblo tiene los gobernantes que merece y no es que los nuestros sean de gran estatura, es que nos acostumbramos a mirarlos de rodillas”.

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