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Redobles al atardecer

El sábado 25 septiembre, 2021 a las 8:35 am
Imagen cortesía de: www.celag.org

Redobles al atardecer

Elkin Quintero

Si la democracia es el gobierno de las mayorías, ¿Cómo es posible que las mayorías estén desprotegidas y se encuentren en la pobreza o en la miseria? Carlos Gaviria Díaz.

Inician las campañas electorales y todo sigue igual. De nada sirvió el testimonio de la pasión, muerte y resurrección de los actos de corrupción, porque de nuevo el pueblo se siente traicionado y afloran las acciones deshonestas en nuestros círculos sociales. La politiquería se le olvido que estamos en pandemia. En ese orden de ideas, con los días aumenta nuestra perplejidad, vuelven los aterradores secretos políticos, las intrigas nacidas de los egos, los distanciamientos por los fueros, se detienen los odios de antaño para repartir la patria. Parece absurdo, pero, en lugar de descorrer el velo del perdón y la reconciliación se vuelve a sentir en nuestras ciudades y campos el peso de la violencia y la plaza pública se plaga de gritos.

Sabemos que, a pesar de la reflexión que debe realizar la casta política, muchos siguen de relajo, vacaciones, juerga, o bacanal. Para algunos de ellos, la temporada de la pandemia no fue suficiente para urdir triquiñuelas y salirse con las suyas y ahora cuando el virus mengua, pretenden alivianar el peso de nuestras culpas, deseos o vicios y por eso añoran otro período. ¡En nosotros está la solución!

Otra situación caótica para nosotros y una excusa para ellos nació del estallido social. Conociendo nuestros miedos, aprovecharon sus falsos liderazgos para hacernos creer que en nuestro interior seguimos siendo perversos. El fuego de la revolución siempre ha sido un elemento destacado para construir el cambio. A lo lejos se puede sentir una fuerza transformadora y devastadora.

Hoy, el panorama parece desalentador y más cuando ciertos colectivos siguen traicionando, engañando, mintiendo, y algún sector que se cree elegido por el dios mismo, ávido de poder pretende hacernos partícipe de sus consignas, ideas y proclamas. Pronto veremos en las urnas a los mismos que nos han traicionado guiando lo sueños y anhelos de la generación de acero. Ojalá, el efecto de alguna arenga nos haga recordar que nos engañaron y traicionaron, y así evitemos elevarlos a puestos de privilegio en el santo nombre de la amistad.

Vuelvo a la historia del pueblo. En estos doscientos años siempre hemos sido objeto de cambio, mercadería pagada y consignada al mejor o peor mercader. Sin embargo, cambiar este paradigma parece tarea difícil porque seguimos condicionados por caudillos que solo buscan su redención o venganza. Es la hora precisa para recordar que, en esta pandemia fuimos vendidos como esclavos, tratados igual que parias; en redes sociales muchos de nuestros líderes expresaron que somos una propiedad fácil de adquirir, un capital humano en las votaciones y un viviente instrumento de control político.

Nuestro dolor aumenta al sentirnos cobijados por un cielo limpio, nuestras penas crecen ante la mirada de miles de obras inconclusas; mientras los falsos líderes y cristotraficantes alistan sus valijas, demagogia e hipocresía para retornar al ruedo electoral. Algunos, aún insisten en denunciar que monstruos necios y obstinados llegaran para encaminarnos al abismo del odio y muy pronto pronunciaran discursos fuertes y altaneros. Sin embargo, lejos de su ejército de fanáticos renuncian a obrar correctamente y con ligero paso se dedican a organizar sus pliegos, planes de gobierno, alianzas estrategias, acuerdos interinstitucionales y asi cercenar nuestra agonizante economía. Parece un acto carnavalesco, pero es la verdad.

Desde siempre se ha pretendido advertir sobre nuestras libertades amenazadas, y hoy, las señales claras del retroceso nos dejan observar un camino plagado de cruces, señalamientos y maledicencias. Ojalá, los grandes estudiosos de nuestras democracias algún día escriban que somos la mejor de las tragedias latinoamericanas del siglo XXI.

Con estos y muchos más argumentos, fácilmente comprobables, los invito a no seguir siendo conducidos por la pantomima de los falsos liderazgos.

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