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Sábado, 28 de marzo de 2020. Última actualización: Hoy

Recordando a la vieja…

El jueves 20 febrero, 2020 a las 8:30 pm

A la vieja Popayán

Por: Reinel Gutiérrez

Muchas personas recuerdan todavía lo que era Popayán hace 20, 40, y más años, cuando se respiraba poesía, paisaje y sanas costumbres. Es decir, cuando encontraba la gente las verdaderas empanadas y los auténticos tamales de pipián, con aloja, champús, o gaseosa La Reina o Ducal.

Esas épocas en que para el aseo se utilizaba estropajo, jabón de la tierra, piedra pómez, agua florida y brillantina para el pelo.

La ropa se mandaba a arreglar a la Lavandería Prosperity. El almuerzo era en La Lonchería Belalcázar, La Viña, El Maizal, La Sirena, El Danubio o El Caracol.

Los tragos el baile y la diversión eran en La Carreta, La Araña, Los Hoyos, El Campín, Star Garden, Gualangas, Nueva 0la, La Escalinata, Play Boy, El Carretero, Gato Negro, gallera El Revuelo, La Costeñita, La Caucanita, Carrenales, Café Bolívar, El Bamby, El Tibiritabara, Bar La Ultima Lágrima, El Príncipe, Sol y Sombra, o donde la «Guesarria» «Diva» o la «Ñata».

Tiempos cuando la gente compraba en Almacenes Mil, Cicol, Ferretería Argentina, Reyco, Panadería Nueva York, El centavo menos, el Ina, el Idema, Calzado San Agustín, Facablot, Dicolombia, el granero de la gorda Esther, El 0sito, El Kumis, la Parisien, Panadería El Trigal, Restaurante La Gran Vía, Almacén Saavedra, Aaron Dayán, La Cigarra, Panadería Las Delicias, La Parrilla, Baudilia, Salón Catleya, Depósito Las Gatas, Industrias Metálicas del Cauca, Almacén Albert, Vitapán, Duque y Porras, Tejilana, Herval, Industrias Morsa, Librería Climent, y los que se escapan en el momento.

Para la salud estaba don Jorge Tobar con su droguería, Clínica Pubenza, Clínica Futuro, el doctor Gilberto Cruz y su consultorio, farmacias San Francisco, Humanidad y Santo Remedio.

La gente consumía gelatina de pata, cocadas, melcochas, Café Rico, Café Drako, y Payán.

Estaba la tienda de «Carisucio», y del vecino Manuel, la Cacharrería Ríos, depósito Las Gatas, Boyacá, Tomás Chávez, Chano Pulgarín y Camilo Varona.

La diversión en la calle era molestando a Guineo, a la Negra Chispas, Murillo, Chancaca, Barbera, Caquiona, Murillo, Barbera, Zócalo, y tantos personajes típicos que había.

Aquellos tiempos en los cuales para quedar bien en una fotografía había que ir a Foto Vargas, o Foto 0rtiz, porque foto agüita no tenía mucha garantía.

Recordar que al vicio se le hacía propaganda en la misma iglesia, pues la sede de la Compañía Colombiana de Tabaco quedaba en el Palacio Arzobispal.

Cosas que no volverán como las sagradas homilías del Padre Andrade.

Y esas otras como hacerse cortar el cabello donde «Avispa», «Sancocho», o en el salón de belleza Capricho, el primero de carácter unisex en Popayán.

Antes, esta ciudad tenía muchas ventajas, pues todo quedaba cerca: los templos para ir a misa, la galería para mercar y la zona de tolerancia.

Muchos acostumbraron ir a hacer tertulia al Jugo del Amor Prohibido, Café Alcázar, o Don Pancho.

Y las románticas noches de cine, con luz apagada y «traqueteo de papitas fritas», eran en los teatros Municipal, Bolívar, Palacé, Popayán y Anarkos.

Los payaneses escuchaban la Voz de Belalcázar, la Voz del Cauca, Radio Popayán, Ecos de Paletará, Ondas de Puracé, y leían El Liberal, y la Hojita Parroquial. Programas radiales como Nuestra discoteca a sus órdenes, Clarín del Cauca, Reportaje a la ciudad, De ronda por los barrios, Lunazos, y el Show del Diablo Cajiao.

Los asistentes a las procesiones solo comían «maní fresquito y tostadito» y guardaban silencio.

El juego de blancos y negros era con todo respeto, y los campeonatos de fútbol La Amistad y 0brero, eran un verdadero espectáculo. Otras formas de recreación eran ir de baño y paseo a Zaté, la Lajita, Rioblanco, los Dos Brazos, la Cueva del indio, Cuarto Hueco, o el lago del Club Campestre.

Es imposible descartar el sancocho de gallina y el guarapo de la Vereda de Torres y Puelenje.

No se podrá olvidar la Piscina Municipal, primer centro de recreación en esta ciudad.

Popayán hoy es distinta, posee arremetidas de modernidad y el ambiente, las costumbres y hábitos cambian permanentemente. Solo queda trabajar por la convivencia y la sana vida entre payaneses, paisas, nariñenses, caleños, bogotanos, chocoanos, cartageneros, y hasta extranjeros que decidieron quedarse en la agradable capital del Cauca, cuyo clima y paisaje, no solo son agradables, sino refrescantes, estabilizadores del ánimo y románticos.

A Popayán hay que quererla, vieja, joven, o moderna, y todo los que aquí viven deben sentirse dueños con deberes y derechos.

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