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Re-afirmar la paz

El sábado 14 julio, 2018 a las 9:28 am

Re-afirmar la paz

Guido Germán Hurtado Vera

La función principal del Estado es asegurar la convivencia pacífica. La cruenta historia de Colombia muestra que esta misión no se ha cumplido. La convivencia pacífica se construye sobre dos columnas: un estado de derecho y una soberanía popular.

Un estado de derecho, es la organización que permite a todos sus miembros ejercer el poder moral sobre sus cosas. La soberanía popular, es el derecho de todo el pueblo de dirigir la colectividad hacia la construcción de una sociedad democrática, justa y en paz.

Lo que ha pasado en Colombia es que estos dos medios para lograr una convivencia pacífica, el estado de derecho y la soberanía popular, han sido anulados por la intolerancia, que no es otra cosa que la negación de la sociedad plural que somos.

Una condición de la intolerancia es la exclusión social. En Colombia se ha excluido, entre otros, a indígenas, negros, mestizos, campesinos, obreros y a la comunidad LGBTI. A indígenas, negros, mestizos y campesinos se les ha negado la posesión de la tierra. A los obreros se les ha negado sus derechos políticos, sociales y económicos. A la comunidad LGTBI se le ha negado sus derechos civiles, políticos y culturales. Lo anterior sintetiza dos causas estructurales del conflicto armado: el problema agrario y las limitaciones y posibilidades de la participación política.

Los métodos utilizados para excluir han sido la utilización del terror y la violencia por todos los actores armados y en contra de una gran mayoría de ciudadanos. Terror y violencia destruyen de un solo tajo tanto la soberanía popular como el estado de derecho.

Ahora bien, dado que la violencia no se puede eliminar porque es inconsciente, hay que tratar de controlarla por medio del ejercicio de la razón. Y no se ha descubierto otra forma de hacerlo que respetando a todos los seres humanos todos sus derechos constitucionales.

No es con más violencia como se efectúa el límite con los violentos. Los seres humanos, dado que tenemos más imaginación necesitamos de límites imaginativos. Los derechos humanos son ese límite racional universal.

Hoy Colombia retoma el camino ruin de la violencia. Las cifras de asesinatos, persecución y desplazamiento de líderes sociales y comunidades de campesinos comienzan a sumar, paradójicamente en el marco de un acuerdo de paz.

Una manera para atajar el desangre es la desaprobación popular de sus métodos y el castigo a sus autores. El Velatón, celebrado en algunas ciudades del país el vienes 6 de julio, es un acto de soberanía popular en la lucha por el derecho a la vida. Al mismo tiempo, un ejercicio del poder moral de los ciudadanos en un estado de derecho.

Como una verdad de Perogrullo, los ciudadanos colombianos no tenemos más remedio que apelar a la inteligencia para re-afirmar la paz.

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