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QUILICHAO Y EL NUEVE DE ABRIL DE 1948

El sábado 12 abril, 2008 a las 7:27 am

Por Nestor Fabio Buitrago
No es necesario realizar una encuesta en la Tierra de Oro para saber que la mayoría de los jóvenes que hoy estudian la primaria o el bachillerato en cualquiera de los centros educativos de Santander, no tienen ni mediana idea de lo que ocurrió en Colombia el 9 de abril de 1948. Y aunque este hecho constituye de por sí un buen motivo para realizar una investigación periodística, no será en este espacio y momento.

Para un hombre que se atrevió a decir “Sin mí no hay paz”, es apenas justo que se conmemoren los 60 años de su muerte con honores y que aún muchas personas lo recuerden con lágrimas. Este hombre no puede ser otro que Jorge Eliécer Gaitán Ayala, el mejor orador de la política colombiana en el siglo XX, el tribuno del pueblo contemporáneo. Su muerte constituyó el hecho más trágico y uno de los más importantes de la política colombiana, tanto así que sus efectos se sintieron en todo el país, incluido Santander de Quilichao.

Tal vez son muchas las personas que vivieron esos hechos y que están vivas todavía, pero no todos recuerdan o gustan de narrar lo que vieron en esa fecha. PROCLAMA se dio a la tarea de buscar a algunos de ellos, como el profesor pensionado Valentín Figueroa, que contaba con 12 años en 1948 y estaba cursando tercero de primaria en la Escuela Francisco de Paula Santander. “En ese tiempo lo metían a uno tarde a la escuela porque los del pueblo le daban puños a los del campo”. Como ocurría hace muchos años la jornada escolar era más larga y al momento del magnicidio de Gaitán (1:05 p.m.) todavía estaban en clase. “Por eso nos licenciaron como a las tres de la tarde y nos mandaron para la casa, que no nos fuéramos a quedar en la calle”, explica el señor Figueroa, quien conoció a Santander cuando era un pueblo muy pequeño.

Es de recordar que 1948 fue un año importante para los medios de comunicación en Colombia, pues nacieron las cadenas radiales Caracol y RCN. Y fue precisamente la radio la encargada de difundir el hecho a todo el país y – según recuerdan algunos – también se encargó de “echarle más leña al fuego”. Sin embargo, fue a través de “La Voz del Valle” de Todelar, que los quilichagüeños se enteraron de lo sucedido y se mantuvieron al tanto de los acontecimientos. Como lo recuerda el profesor Figueroa, los pocos radios que había en el pueblo (de esos de una sola perilla) sonaban a todo volumen, como ocurre hoy en día el último día del año, anunciando que las principales ciudades del país estaban siendo saqueadas y una buena parte ardían en llamas.

Realmente en Santander no se dieron hechos tan graves como los de Bogotá el día 9 de abril durante el día, pero si algunas perturbaciones en la noche. Además no salían a la calle para no hacerse acreedores a la multa que había anunciado el alcalde Luis Mejía, y que sería impuesta por la policía municipal, cuyos miembros estaban armados de bolillos y machetes.

Otro de los testigos presenciales fue Ciro Marino Vernaza, hoy pensionado del municipio, quien en 1948 tenía 17 años de edad y cursaba segundo año de bachillerato. Él recuerda que en Santander “todo el mundo se cagaba del miedo de que los de Mondomo y Caloto, que eran conservadores, se tomaran a Santander”. Por esa razón se organizaron patrullas con gente “de la Guerra de los Mil Días”, para que cuidaran el pueblo. La idea era que estuvieran pendientes y si escuchaban un cohete o un taco, salieran a patrullar. Pero los únicos que salieron al escuchar la mencionada señal fueron unos cuantos “valientes”… a los demás se les olvidó el compromiso.

Precisamente el 9 de abril de 1948 Ciro Vernaza le estaba ayudando al profesor Isaac Rivas a cambiarse de residencia, pues éste era inquilino de Emiliano Aguilar, un prestamista conservador a quien le metieron un taco de pólvora en su casa en medio de los desórdenes del “Bogotazo” y le robaron algunas cosas de su negocio. También recuerda que algún comerciante repartió machetes a la gente, tal vez pensando que iban a ocurrir levantamientos populares como en Bogotá. Ya se han borrado algunos nombres de la memoria y sólo alcanza a mencionar a Sergio Banguero, Luis Guillermo Holguín, Valentín Figueroa, Guillermo González y Alfonso Bolaños, entre los que osaron salir a patrullar el municipio.

Para fortuna de Santander de Quilichao, el lunes siguiente había retornado la normalidad al pueblo, no sin antes haberse desplazado una comisión a Mondomo, encabezada por Rafael Ramírez, para calmar los ánimos y evitar una posible confrontación de paisanos de diferentes filiaciones políticas, temor que era apenas lógico dadas las sangrientas confrontaciones que habían dejado varios miles de muertos en Bogotá y otras ciudades.

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