Lunes, 23 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

QUILICHAO: ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!

El jueves 2 julio, 2020 a las 7:03 pm
QUILICHAO: ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!

QUILICHAO: ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!

QUILICHAO: ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!

En Santander de Quilichao, como en buena parte del mundo, en donde la llamada democracia liberal de occidente determina, mediante el sufragio universal, cuál es el modelo socio político que dirigirá los destinos de un municipio, ciudad, departamento o país durante un tiempo determinado, se acostumbra a creer (debido a la mala formación política que tenemos) que quien representa la fórmula ganadora en elecciones, tiene el poder absoluto de determinar el destino administrativo, económico, político y social de absolutamente todos los ciudadanos de dicho territorio. Aunque, la misma aproximación conceptual a la noción de democracia, se presta para creer que esto es así. Sin embargo, una mirada más detallada demuestra lo contrario.

Para que exista una verdadera democracia, tal como se ha prescrito desde hace mucho rato, se requiere de la existencia de unos contrapesos institucionales y no institucionales, que garanticen que quien o quienes detentan el poder otorgado por el constituyente primario, no se desborden y no incurran en arbitrariedades o que al menos, exista la posibilidad de la controversia que ponga sobre la mesa; el gazapo, el error, el desafuero o la metida de pata de quienes administran momentáneamente tal o cual territorio.

Esta sabia construcción político-social francesa, durante mucho tiempo ha sido convenientemente mal entendida y peor aplicada por la clase política tradicional del bipartidismo nacional y local. Aquí en Quilichao, en el Cauca y en Colombia, en términos generales, los barones y baronesas electorales han dispuesto que quien gane se lo lleve todo: poder, control social y manejo de los recursos; y que quienes no, estén condenados al ostracismo, a una especie de exilio social y que además, no tengan ni siquiera el derecho a opinar, ni mucho menos a ejercer la oposición, so pena de quedar expuestos a la furia de esas mayorías que respaldaron a quien resultó electo o electa para mandatar en la entidad territorial.

Así ha sido desde siempre, afirmarán algunos, con mucho grado de realismo, así nos han deformado desde que Colombia es Colombia y así se ha planteado el esquema de gobierno, a pesar de los avances alcanzados en la Constitución del 91 y las reformas constitucionales recientes, en las que se define y se garantiza el ejercicio de la oposición.

Este escenario se replica aquí, allá y acullá y pareciera que el permanente conformismo impuesto por la contra reforma católica, se auto alimentará en cada proceso electoral, gracias al continuo crecimiento del número de personas sumidas en la pobreza, con inmensas carencias y pocas oportunidades. Hasta allí, todo dentro de esa normalidad a la que aspiran llevarnos en la, por ahora lejana, pos pandemia.

El problema de este esquema, como si ya no existieran tantos, es que se muestra excesivamente peligroso para toda la comunidad. Precisamente en escenarios extraordinarios como el de la actual crisis sanitaria, social y ambiental, ocasionada por el contagio por Covid19, ya que, cuando están en riesgo el bienestar, pero sobre todo la vida de toda la ciudadanía, este tipo de modelos de gobierno, dados a la prepotencia y al autismo, antes que brindar algún tipo de salida eficiente a situaciones extraordinarias, ponen en peligro el futuro cercano de esa ciudadanía bajo su responsabilidad, conformada por los que votaron por ese gobierno, los que votaron por otras opciones y los que no votaron.

Para el caso de Quilichao, los mencionados contrapesos, parecen no existir. El primero y quizás el más visible, al menos institucionalmente hablando, el Concejo Municipal, del que dada su actual conformación en la que se destaca la juventud de muchos de sus integrantes, se esperaba una actitud mucho más autónoma, crítica y sobre todo más activa frente a la comunidad, pero hasta ahora, ha dejado mucho que desear.

Por lo poco que se ha visto de su actuación, el actual Concejo Municipal de Santander de Quilichao da la impresión de asumir una increíble y hasta sospechosa homogeneidad frente a la actual administración, en la que, más que contrapeso al ejecutivo municipal, parece su vocero, con todo y que hay un Concejal declarado formalmente en oposición. Por lo visto y oído hasta la fecha, esta Corporación no han sabido interpretar la angustia y el clamor masivo de quienes reclaman de esta administración municipal, unos mínimos auxilios para sobre llevar esta peste, como por ejemplo, los subsidios a las tarifas de aseo y alcantarillado de la empresa municipal de servicios, de propiedad de los Quilichagüeños.

Por otro lado, algunos líderes y lideresas comunitarios afines al proyecto político de la Actual Alcaldesa y del Representante a la Cámara, Carlos Bonilla, se han dado a la equivocada tarea de encasillar como misógino o machista a cualquier atisbo de crítica que se le haga al accionar público de la alcaldesa, por parte de las pocas voces inconformes, que se atrevan a hacerlo, en un misérrimo intento de proteger a la funcionaria, que por el contrario, ha causado el efecto de alejarla, cada vez más, de la ciudadanía que no es afín ideológicamente a dicha colectividad. Estas tareas de mala mercadotecnia política, son poco útiles para afrontar las necesidades de una comunidad angustiada, confundida y desesperada por causa de la peste.

Al igual que Iván Duque en el gobierno nacional, esta administración, paulatinamente ha venido dejando de lado las estrategias de contención, que junto a las emprendidas por las comunidades étnicas, habían logrado retrasar la llegada del virus a Quilichao, para dar paso a una serie de inanes anuncios y el abandono del control social y territorial que está obligada a ejercer, por lo que, no se ve por parte de esta administración ni de este Concejo, la suficiente entereza para exigir del gobierno nacional, los recursos necesarios para afrontar el inexorable aumento de contagiados del Covid19, que las tibias medidas que aún existen han permitido.

La actual administración municipal de Quilichao, poco a poco, se empieza a mostrar como una imitación local del irresponsable estilo de gobierno Uribista, en el que, quien tiene la obligación de cuidar al pueblo, descarga en éste toda la responsabilidad, lo llena de mensajes contradictorios y lo conmina a asumir la ley de la selva: ¡Sálvese quien pueda!

……..

Otros artículos de este autor aquí.

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta