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QUILICHAO EN SOMBRAS

El jueves 28 agosto, 2014 a las 5:40 pm
Maurico Arboleda Vivas

Por: Maurico Arboleda Vivas

Hace pocos días tuve un encuentro con representantes de una agencia internacional con proyectos en el Cauca, quienes me comentaban su intención y sus varios intentos de convocar un sector de la población de Santander para uno de sus programas sociales. Intentos infructuosos, según les escuché. Lo más curioso fue cuando pregunté por qué no acudían a las autoridades municipales, pues el gesto arrugado que se dibujó en sus rostros y un suspiro desalentado me dieron respuesta inmediata.

Quienes aún guardamos algún afecto hacia Quilichao, no podemos evitar esa sensación de impotencia por el caos que reina hoy. Y digo “algún afecto”, porque tristemente debo reconocer que mis nobles sentimientos y consideración hacia esta tierra se han visto diezmados en los últimos años. Las razones son numerosas.

Al mar de necesidades, carencias y sinvergüenzadas tan típicos del municipio, se suman las risibles autoridades, de las que se supone deben emanar algunas soluciones, no todas quizá, pero al menos deberíamos divisar la intención de hacer lo correcto. No fue la primera vez que escuchaba cómo la negligencia, intransigencia, falta de gestión y pereza de la administración municipal bloqueaban acciones de desarrollo.

De una corporación cuyos miembros llegaron a reinar y no a administrar no se puede esperar mucho, lo dice tanto la voz de nosotros, los acérrimos contradictores, como aquella de cientos de arrepentidos que buscan reivindicarse en golpes de pecho, o que muy cómodos hoy lanzan arengas contra quien creyeron era su mesías político. Unos y otros nos sentimos burlados, la diferencia está en cuánto tiempo tardamos en darnos cuenta.

Pero ese desamor que me cuesta confesar no solamente tiene sus raíces en la llegada del circo administrativo, sino en el jolgórico público que consintió su instalación, donde se encuentran personajes como la vecina que comió tamal, el señor que arrancaba los carteles de la oposición, el jefe de campaña que no salía a recoger ideas para su plan de desarrollo sino a cazar chismes para engordarlos y soltarlos a morder. Una apuesta politiquera que nunca tuvo forma diferente a una masa resentida y sin rumbo, la propuesta nunca se vio, las buenas intenciones fueron lejanas, el objetivo era llegar, y llegaron. Una vez ahí, sin idea de dónde estaban, había que improvisar, e improvisaron.

Quilichao en Sombras

Fotografía: Tomada de Internet

Nada mejor que hablar de lo que no se hizo para disimular la ignorancia, nada más efectivo que el señalamiento para trasladar responsabilidades a quienes ya no operan, nada más indicado que el festejo y el bullicio para apantallar algunas endebles e inútiles obras que quisieron vender a la opinión pública como octavas maravillas. Ni más ni menos que en la historia de “El Embajador de la India”, donde el pillo quiso engañar y el pueblo quiso ser engañado.

Quienes hemos transitado por el periodismo sabemos que es necesario mantener alejada la mirada personal en ciertos asuntos públicos, pero como ciudadano siento el deber de expresar mi posición. A pesar de haber transitado también por pasadas administraciones, mi intención no es la de reivindicar los errores que entonces se cometieron, pero creo tener elementos para hacer comparaciones. Incluso puedo hablar de algunos aciertos del huidizo “Pajarito”, sobre quien residía la esperanza de muchos ciudadanos resignados para que en esta vigencia hubiese algo de cordura y consideración con el pueblito. Pero le estaban arrancando pluma por pluma, y el pajarito decidió volar antes de que sus posibilidades de libertad se redujeran a nada. Por cierto, parte de su legado fue repetir el slogan de campaña que en su tiempo sirviera para conquistar los corazones del votante, cosa que no sorprende viniendo de un grupo que con retazos quiso armar una idea de gobierno y nunca supieron dar la primera puntada.

Se me ocurren muchas razones por las cuales otras administraciones fueron menos peores que la actual, mas sería necio comenzar a enumerarlas ya que suscitan un debate interminable de argumentos, discursos y flechas envenenadas, en últimas todos queremos y creemos tener la razón.

Algunos dicen que el candidato prometió un cambio y el cambio ya viene subiendo en teleférico. Otros recuerdan que el desgobierno fue exclusiva decisión del electorado, y ahí tienen los resultados. Frases jocosas como aquella publicación que aseguraba que si el alcalde anterior “nos tenía comiendo m… el que hay ahora nos la quitó”. Lo cierto es que burlescas, serias, con fundamento o sin él, las manifestaciones de descontento hoy son más que ayer. Lo peor es que ni los mecanismos ciudadanos ni las instituciones públicas que deben hacer control parecen inmutarse ante la realidad, cosa que no sorprende si comparamos con el resto del país.

Parece que el camino para los pocos que aún tenemos voz es esperar a la sombra, pues el pueblo que debería acompañarnos sigue muy cómodo esperando la cabalgata, o está tan entusiasmado con los juegos pirotécnicos que no vira su atención hacia la crisis. Mientras tanto seguirán celebrando sobrecostos, inaugurando patios grandes, admirando las maquetas y creyendo que la tercera es la vencida. Se postularán para seguir planeando otros cuatro años y seguramente vendernos la idea (que muchos creerán) de que no hay quinto malo.

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