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Quilichao electoral… todo sigue igual

El lunes 4 noviembre, 2019 a las 7:40 pm

Quilichao electoral… todo sigue igual

Quilichao electoral... todo sigue igual

Por algunos días más, opinadores, periodistas, politólogos, economistas y demás estudiosos del comportamiento electoral colombiano, seguirán vertiendo en sus columnas, programas y redes sociales, diversas y sesudas tesis sobre los resultados de la contienda electoral del pasado 27 de octubre.

Que ni Petro, ni Uribe, pero que los partidos tradicionales tampoco, que algunos alternativos, a lo mejor, que el voto en blanco ganó, pero que el de opinión también y así en un largo etcétera.

Para el suscrito, la política electoral colombiana desde hace mucho rato nos entrampó en el fenómeno “Que todo cambie para que nada cambie”, tal como lo demuestran los guarismos arrojados por los escrutinios.

En las recién pasadas elecciones de autoridades administrativas y corporaciones departamentales y municipales quedó bien claro que, parafraseando groseramente a Gramsci, los partidos políticos en Colombia dejaron de ser el balance entre el ejercicio de la movilización social ideologizada y un organizado mecanismo electoral, para quedar vulgarizadas en meras empresas electorales, cuyo único fin es el acceso y el ejercicio del poder político-administrativo en una región determinada o en el país, vulnerables como cualquier empresa al poder de sus socios capitalistas, en lo político y en lo económico, lo que a su vez los deja, como se ha visto, a expensas de las mafias de la contratación o de grupos ilegales de toda índole. El lector dispensará la también grosera generalización.

Este paulatino declive de los partidos aún no ha podido constituir la simiente de una revolución de la política colombiana, puesto que según Boaventura de Sousa, lo que hace falta es democratizar la democracia, incluso dentro de los mismos partidos, hoy mucho más apocados por culpa de los caudillismos y las poderosas empresas electorales.

La mayoría de los políticos, oportunistas como son, en vez de buscar una verdadera reforma electoral que democratice verdaderamente el ejercicio partidista, han optado por juntar pedacitos de partidos en alianzas, adhesiones o coaliciones muy variopintas, sin ninguna identidad filosófica o política, a fin de lavar su imagen, apartándose de la etiqueta de corrupto que recae sobre la mayoría de estas organizaciones políticas.

El otro camino de estos avezados políticos es echar mano de las salidas constitucionales, brindadas a la sociedad civil para ejercer su participación por fuera de los partidos, y lanzarse a la aventura de la caza de firmas para presentarse como líderes de grupos significativos de ciudadanos, pero que igualmente reciben adhesiones, coaliciones o alianzas de los partidos de los que desdicen, pero que aceptan ya no de forma vergonzante.

El todo es ganar las elecciones, como sea y con quien sea.

Santander de Quilichao, como segundo municipio del departamento del Cauca, no fue ajeno a estos fenómenos, de hecho ahora es epítome de la refrendación del Frente Nacional, en versión municipal.

Es posible que el lector sienta la tentación de negar con todas sus fuerzas, lo del pequeño frente nacional y lo de todo sigue igual. De hecho, esgrimirá que ahora al mando administrativo está una mujer, que lo del autor es respirar por la herida, o que es una intrincada trama de la conspiración internacional e incluso, no faltará el o la lectora que afirme categóricamente que lo escrito hasta aquí, no es más que el producto de la mente delirante de un castrochavista.

Ya finalizando intentaré demostrar mi punto.

La ahora alcaldesa electa, Lucy Guzmán, además del aval del tradicional Partido Liberal, estuvo acompañada por el grupo del representante John Jairo Cárdenas, del Partido de la Unidad Nacional, o simplemente la U, con todo y concejales, a pesar de que este partido, como se verá, también tenía su propio candidato.

A la doctora Lucy Guzmán también la acompañaron la Alianza Verde, algunos miembros del también tradicional Partido Conservador, entre otros.

Por el otro lado, el candidato Andrés Sadovnik, estuvo avalado por Cambio Radical, Colombia Renaciente, antiguo movimiento afro, ahora cooptado por el santismo, el Partido de la U y otros más.

El candidato Alfonso Trujillo fue avalado por ADA, recientemente graduado como partido político, aún en disputa entre los miembros y directivas de un consejo comunitario, también lo acompañaron algunos miembros del Centro Democrático.

Finalmente los dos únicos candidatos, con alguna coherencia política partidista fueron Oscar Consuegra, avalado por MAIS y Colombia Humana y Andrés Aroka, por el Partido Conservador.

Más claro no se puede. Que todo cambie para que nada cambie y eso que se me olvidaba mencionar la adhesión vergonzante a la campaña de la hoy alcaldesa municipal electa, del movimiento del exalcalde Eduardo Grijalba, de origen conservador, eventualmente avalado por las comunidades afro y el partido de la U.

Definitivamente en el QUILICHAO ELECTORAL… TODO SIGUE IGUAL.

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