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¿QUIÉN ENFRIARÁ EL PLANETA?

El sábado 27 septiembre, 2014 a las 10:43 am
Ana Milena López de Vélez

Ana Milena López de Vélez

En 1988 una bomba informativa resonó en aquella sesión del Congreso de los Estados Unidos; el climatólogo James E. Hansen hacía visible el Calentamiento Global para que todos nos enteráramos. Si usted no lo supo ese año, sería un ejercicio revelador pensar en qué año tuvo conciencia del problema de vida o muerte en que estamos todos y cada uno de los seres vivos de este planeta desde entonces ¿Sería en la década del 90? ¿En el 2000? ¿O en este 2014 cuando 120 presidentes asisten a la Asamblea de las Naciones Unidas en Washington y están tratando del tema? ¿O todavía no lo sabe?

Quién enfriará el planeta..

Es mejor enfrentar la verdad. Estamos en un caldero a fuego lento y somos la sustancia del caldo. En aquella caricatura clásica, los caníbales que vigilan el caldero se saborean esperando el delicioso puchero; hoy, los caníbales transnacionales no demorarán en tener calcinados sus desnudos pies pues ¡oh sorpresa! no se pueden bajar de la nave espacial redondeada y que viaja a gran velocidad por el espacio, nave a la que llamamos Tierra.

Se ha hecho usted la pregunta: ¿por qué siempre queremos más? Más poder, más sabiduría, más dinero, más votos, más amigos, un carro de mejor gama, una autopista de más carriles, viajar más y más rápido, vender más zapatos, vender más venenos. La lista es interminable….. Además de Buda,  pocos humanos se atreven a decirle al otro que pare de tener deseos pues  reconocemos que ese deseo es el que nos mueve en nuestro caminar, hasta ahora bastante extraviado. Filósofos orientales han escrito tratados para consignar sus reflexiones y lo que entiendo es que hay en nosotros una carencia, un déficit, un vacío que toma lo que cree necesitar de allí donde lo hay;  y parece que siempre lo hay en una fuente cósmica, universal, que permanece llena. Desde  allí,  halado por nuestro gradiente de vacío que siempre lo demanda, aquello que deseamos fluye hacia nosotros. Es un movimiento eterno que no depende de nosotros sino que tiene su propio y gran propósito.

Eso explicaría que más de  40 años después de la Primera Cumbre de la Tierra en Estocolmo 1972 los países que  suscribieron el Convenio sobre los Contaminantes Orgánicos Persistentes – y los que no- no hayan podido alcanzar las metas establecidas prórroga tras prórroga.  Mayores han sido los avances obtenidos desde 1987 con el Protocolo de Montreal recuperando la Capa de Ozono.  Explicaría el lento avance en reducir la cifra techo de las emisiones de gases invernadero, compromiso con el Protocolo de Kioto en 1997. Y que con la Agenda 21 de Río de Janeiro en 1992 el Desarrollo Sostenible aún sea algo  que no baja del papel y de algunos imaginarios. Ni que la Cumbre de Rio+ 20 en el 2012, con el acuerdo de mínimos “El Futuro que Queremos”, cuente con el aval de Estados Unidos.

Quienes mueven el mundo y el caldero no son los gobiernos, no son los Estados. Son las grandes empresas transnacionales. La del armamento para las guerras en cada rincón del planeta. Las petroleras. Las que se han llenado de patentes para modificar genéticamente los alimentos y controlar las semillas. La industria farmacéutica, los laboratorios químicos. Otra lista interminable… Tan pronto alcanzan una meta ya desean la otra. Es un hecho. Las reflexiones que se hayan hecho ellos, sus Juntas Directivas y sus accionistas inversionistas han tenido como resultado seguir calentando todo, porque el termómetro va de para arriba.

Por eso  hoy,  cuando el Presidente de Colombia manifiesta ante las Naciones Unidas que quienes han llevado a este abismo al planeta deben pagar  por ello, quisiera saber si se escapa alguien en lo particular, una empresa en lo transnacional o algún país en lo Estatal.  por haber comenzado a parar el daño. Mejor dicho, hablo por mí: al día de hoy no creo que me escape y confieso que me ha costado un trabajo enorme cambiar mis hábitos cotidianos o profesionales. Una cosa son los hechos y otras las palabas. Por eso es que el termómetro sube.

Me gusta cuando nos vamos acercando al reconocimiento colectivo de que todos tenemos que ver con el recalentamiento global. Pocos pueden sacarse en limpio, a no ser los niños de brazos y los mansos de corazón. Esa maravillosa familia trabajadora con sus tres carros, uno para cada miembro. El agua envasada en botella para evitar las infecciones intestinales. El transportador – rey del camino- que sonríe torvamente por el espejo retrovisor al ver la columna de humo negro que dice “aquí voy yo y quééé´”. Silicona Valley y su flota de  hardware. La lista es interminable… y políticamente, es inconveniente para el régimen.

¿Quién comenzará a enfriar el planeta? ¿Yo, tú, él?  ¿Nosotros, vosotros, ellos?

Que quede claro que detener el calentamiento global – como lo señalan investigadores de Worldwatch en su “Status of the World ”- es como querer detener un buque trasatlántico con una mano. La física planetaria no entiende nuestros deseos. Solo conoce de Leyes físicas a su vez. Y no se deja llenar de cuentos Chinos ni Indios pues ya pasamos el punto de quiebre de su maravilloso y cambiante equilibrio puesto al servicio de la vida. Para atender esos cuentos se necesitarían cuatro planetas igualitos al que tenemos.

Ir detrás de desacelerar el calentamiento global es como una guerra alrededor del caldero: por un lado los Estados y las Naciones y por el otro los caníbales extractores que depredan el planeta. No es necesario añadir nada a la paliza de varas que presencian los espectadores. Los dos bandos a veces luchan entre sí y a veces comparten panales de miel. Lo único es que el caldero y sus alrededores están en llamas. Nadie se va a escapar. ¿O sí?

Este 18 de septiembre tuvimos la Sesión No. 47 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático – IPCC – al cual pertenece Colombia con otros dos centenares de países. En cada sesión salen Recomendaciones y Resúmenes para aquellos que toman las decisiones políticas. Año tras año. Y quienes más gases invernadero arrojan a la atmósfera no se deciden a trascender ó a renegar de su naturaleza humana y reemplazar el sistema económico que montamos entre todos desde el tiempo en que le dimos nombre a las cosas. Lo más que se ha hecho es prometer emitir Bonos Barrocos de CO2 para pagar por contaminar.

Para terminar con unas pinceladas este cuadro surrealista, es justo hacer un reconocimiento a la incoherente Colombia en su esfuerzo serio desde hace casi dos décadas a través del IDEAM por promover alternativas que desaceleren el calentamiento global. Buscando adaptarnos, cada vez tenemos más masa crítica, estamos en la Red mundial,  más personal capacitado, Mesas de Trabajo estudiosas que generan recomendaciones técnicas y sociales y cada vez nuestra voz es más respetada en los espacios internacionales. ¡Contaminamos por debajo de las toneladas de gases autorizadas por la Comisión del IPCC en este mundo de indicadores!

Aún así, la solución al problema no se dará porque las instituciones sean fuertes y coherentes. Ellas solas no lo lograrán. Tendremos que hacerlo cada uno, transformándonos y trascendiendo desde lo más profundo de nuestro ser.

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