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Qué hacer frente al verano

El martes 16 febrero, 2016 a las 8:44 am
Diogenes Diaz Carabalí

Diógenes Díaz Carabalí

Dicen los campesinos del Huila que las pepas de café para la cosecha parecen chaquiras de hacer collares. El verano se tiró la cosecha. Y agregan que no saben cómo van a vivir el resto del año, cómo van a mantener a sus familias, cómo van a nutrir a sus hijos, cómo van a fertilizar los cultivos, cómo van a limpiar los cafetales. Los árboles son chamiceros, sin hojas, apenas débiles cogollos los mantienen vivos.

Aparte de la sequía, que ha tostado el suelo y desaparecido las fuentes de agua, les preocupa qué hacer frente a esta nueva calamidad que padecen. Recuperar su sistema productivo, así llueva, se va a llevar un buen tiempo, por lo menos un año, y no tienen cómo responder ante los bancos, que sin duda embargarán sus escasos bienes. Que el gobierno va a venir en su ayuda, sería la respuesta. Así como con prontitud ha respondido ante las crisis del sistema financiero y de la industria.

Los campesinos esperan la solidaridad del país para superar su crisis. El Huila, primer productor del grano, necesita que las autoridades le tiendan la mano. Los productores necesitan que condonen sus deudas; que financien sus nuevos proyectos para reiniciar una nueva etapa de producción; necesitan la solidaridad del estado y de la sociedad ante la carencia de alimentos, vestido, y servicios de salubridad y educación. Necesitan la solidaridad de tantos compatriotas a quienes durante años han proveído la manutención diaria.

El estado debe movilizar recursos tendientes a recuperar el campo; los gobiernos municipales deben poner su empeño en acompañar a los productores rurales para que se sobrepongan de los perjuicios del verano. Es hora de menos discursos y de que se haga práctica la tarea de hacer de los campesinos agentes productores exitosos; que logren diversificar la producción, que puedan explotar nuevos recursos, con la siembra de nuevos productos para solucionar sus carencias más inmediatas.

Si tomamos en cuenta que el fenómeno que afecta al país entra en la curva más alta en el próximo mes de marzo, la etapa más dura del verano está por venir, la acción del estado no puede quedarse en alertas de sensibilización sobre recursos hídricos y naturales, sino que debe implementar respuestas que alivien el impacto ante la pérdida de las cosechas y la imposibilidad de realizar nuevas siembras. La real disparada de precios, que ya se ve, va a ocurrir en el segundo semestre del presente año cuando se presente la carestía de productos y tengamos que importar al precio del dólar bordeando los cuatro mil pesos, si el Banco de la República no toma medidas tendientes a controlar la acelerada devaluación, hecho que parece no ocurrirá.

Estaremos en la apocalíptica hambruna, sino no tomamos medidas serias. Estaremos en bancarrota, sino desplazamos recursos y esfuerzos hacia la producción rural. La desnutrición ya no será cuento del África, o de la Alta Guajira. La tendremos en nuestros pueblos y veredas; la tendremos en nuestros barrios marginales, con aumento considerable de la violencia callejera, el incremento del comercio ilegal de drogas, el robo, el raponazo: porque de algo tienen que vivir nuestros pobladores. Pero también habrá mucha gente con dinero, sin posibilidades de comprar. Tal vez, entonces, dejaremos de reírnos del os vecinos.

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