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¿Qué hacer con el fundamentalismo religioso?

El sábado 14 noviembre, 2015 a las 9:59 am
Jorge Muñoz Fernández - Mateo Malahora

Mateo Malahora

El reciente cuatro de octubre, Donald Trump, en su campaña hacia la Presidencia de los Estados Unidos dijo unas expresiones políticas que debieron hacer pensar a quienes analizan la seguridad mundial frente al terrorismo:

Donald Trump

“El precandidato republicano a la Presidencia de EE.UU., Donald Trump, consideró hoy que el mundo sería más seguro si no se hubiera acabado con las dictaduras de Muamar al Gadafi en Libia y Sadam Hussein en Irak, y que hacer algo similar con Bachar al Asad tendrá las mismas consecuencias en Siria”.

En una entrevista en el programa dominical «Meet the Press», Trump consideró que Irak y Libia se han convertido en un «desastre» desde que Sadam Hussein y Muamar al Gadafi perdieron el poder, y los ataques para derrocar al líder sirio tendrán los mismos efectos.

«No hubiera ocurrido lo que pasó en Bengasi, que solo se trata de una situación que fue terrible», dijo en referencia al ataque contra la misión diplomática de Estados Unidos en Libia en 2012, que causó la muerte de cuatro estadounidenses, entre ellos el embajador del país norteamericano, Christopher Stevens.

«Hemos gastado dos billones de dólares en Irak, probablemente un billón de dólares en Afganistán. Estamos destruyendo nuestro país», añadió el multimillonario, quien se opuso a la guerra de Irak impulsada por el expresidente George W. Bush (2001-2009).

Trump aseguró no tener nada en contra de que el presidente ruso, Vladimir Putin, intervenga en Siria para atacar al grupo yihadista Estado Islámico (EI), pero también para ayudar al mandatario sirio a mantenerse en el poder.

Asimismo, consideró que los ataques que han debilitado al régimen de Al Asad son los que han provocado el flujo masivo de refugiados sirios hacia Europa.

Siria - Refugiados

«Si nos fijamos en Libia, mira, lo que hicimos allí es un desastre. Si nos fijamos en Sadam Hussein en Irak, mira lo que hicimos allí, es un desastre. Esto va a ser lo mismo», sentenció.

Visto así el fenómeno geopolítico, aún con la mofa que podrían causar las posiciones de Trump, tenía razón.

El terrorismo como violencia ciega, armado por el fundamentalismo religioso, que siempre comienza de cero, en este caso, no parece controlable por las vías democráticas porque acusa una expresión irracional como forma de lucha en la disputa de los intereses que están en juego.

¿Qué hacer frente a un terrorismo que no tiene solución militar?

Y no resultaría extraño que quienes tienen como instrumento de lucha el terrorismo lo hagan pensando en la mundialización de la irracionalidad, dejando por el suelo el concepto de Estado, soberanía, patria y cultura universal, pues para el fundamentalismo religioso musulmán la tierra es apenas una escala planetaria, para promover, felizmente con la bestialidad, la salvación eterna.

Ningún país, incluidos los de América Latina, en estas perspectivas, estaría a salvo de la barbarie.

De cara a la mundialización del terrorismo las naciones deben políticamente reinterpretar los hechos, nunca antes vistos, y las amenazas con estrategias de seguridad y defensa que no pueden ser las que hasta ahora han permitido que la brutalidad extrema ocurra.

Paris y Francia merecen no sólo la solidaridad mundial sino el repudio global al terrorismo. Duele.

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