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¡QUÉ PEREZA!

El lunes 12 enero, 2009 a las 5:35 pm

Marco Antonio Valencia Calle


Qué pereza volver al trabajo después de tantas delicias, de tantas vacaciones.
Qué pereza tener que cubrirse el rostro de la felicidad para ponerse las caretas del combate frente a la grosería de los necios.
Qué pereza ser otra vez lo que dejé de ser hace unos días: un funcionario gris de uniforme gris de vida gris de pensamientos grises e hipocresías tontas.
Qué pereza volver a bordar cotidianidades en medio de la inseguridad de este pueblo de calles blancas por donde rondan niños con baleros y vicios humeantes.
Qué pereza volver a escuchar las promesas con rostros de mentira en éste paraíso de pulgas, en éste infierno chiquito, en ésta laguna de peces tontos.
Qué pereza volver a encontrarse en el mercado de los chismes a la intriga con faldas y a esos comentarios callejeros para hacer sopa con la honra de los necios.
Qué pereza tener que toparse con esos encantadores de sapos y serpientes que comercian con las necesidades de la gente y de los otros.
Qué pereza regresar para tener que armarle promesas, pasiones, intrigas y amores a los jefes, patrones, clientes y meretrices de ocasión.
Qué pereza volver a escuchar los lamentos de tanto pobrecito enredado en las ganzúas de sus propios problemas.
Qué pereza llegar al trabajo después de unas vacaciones largas, victoriosas, regocijantes, crujientes, dulces, alicoradas, desconectadas, vibrantes, musicales, poéticas, opíparas, libidinosas, amorosas, regodeantes, fáciles, felices, cómodas, hogareñas, tranquilas…
Qué pereza volver al collage de los afanes de la calle, al nudo gordiano de las deudas, al florecimiento milagroso de las pesadillas que nos provocan los maricas de turno.
Qué pereza tener que volver a pintarle pajaritos en el cuaderno a la profesora del colegio.
Qué pereza, si, tener que volver a madrugar para sacar los cariños hipócritas, los afectos políticos, las heridas familiares en los pasillos de la vida.
Qué pereza volver a leer en la prensa que hay otro muerto en la esquina de mi casa, y otro en la cuadra del barrio, y otro en la avenida de mi ciudad porque la autoridad anda besándole los pies a la reina popular en el circo acuífero de los bellacos.
Qué pereza ver otra vez con mis ojos de envidioso este sol alumbrando el hambre ardiente de esos que se besan en la calle sin miedos ni vergüenzas.
Qué pereza volver a la vida normal y tener que darle gracias a Dios por eso; pero así es la vida. Hay que volver, hay que volver, hay que volver. ¡Imposible, todavía no puedo despertar! No quiero despertar. Hay que despertar. Hay que despertar…

Mg. MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE
DIRECTOR FUNDACION DIARIO AMANECER

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